Matices… Grutas

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Matices… Grutas

Miércoles, 03 Enero 2018 00:12 Escrito por 

Hace quince años conocí Las Grutas de la Estrella, se llaman así porque se encuentran en el subsuelo de un cerro cuya cima tiene una piedra en forma de estrella. Como es ya costumbre, iba en compañía de Dante y de Ximena. Recuerdo bien que empezamos a descender contando cada uno de los escalones; sin embargo, perdimos la cuenta cuando nos sorprendió la belleza del interior de la cueva. Más tarde el Guía nos informó que son exactamente 440.

Nunca había visto una belleza natural de ese tipo. Yo, no sé ustedes, pero yo confieso que no sabía lo que era una estalagmita, ni jamás había reparado en la diferencia entre éstas y las estalactitas. Ese día aprendí que las primeras son las que se forman en el piso y la segundas en el techo; me impresionó saber que es preciso que transcurran 50 años para que se forme un centímetro de cada una de ellas. Descubrimos formaciones que dan rienda suelta a la imaginación.

También nos enteramos que dichas formaciones subterráneas están relacionadas –aunque no conectadas– con las Grutas de Cacahuamilpa. Todo ello lo he tenido siempre presente, aunque no fue sino hasta hace unos cuantos días que, por azares del destino, visité justamente las Grutas de Cacahuamilpa.

La travesía al interior de las grutas es de dos kilómetros, sus dimensiones son enormes, alcanza los ochenta metros de ancho y 70 de alto en algunas partes. Es inevitable percibir el calor y la humedad del interior de la tierra. Por momentos se siente como si faltara el aire o, más propiamente dicho, como si los pulmones no lograran aspirar el aire suficiente para respirar; yo, que siempre he sido una creyente en la fuerza de las cosas simples, estoy segura que esa sensación no se vincula con las condiciones geográficas, sino por el sobrecogimiento que genera el belleza del interior de la tierra.

Estar dentro de la tierra es detenerse en un círculo mágico, es saberse huésped de un recinto sagrado. Eso que en quechua llaman Pachamama, en mapuche Ñuke Mapu y en
náhuatl Tonantzin. Sea cual sea el nombre que se le otorgue, la Madre Tierra es LA madre y es LA Tierra, así con mayúsculas.

Un poco de realismo mágico, un poco de ensoñación, un mucho de esperanza.

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Ivett Tinoco García

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