El trabajo voluntario

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Publicado en Opinión

El trabajo voluntario

Jueves, 19 Octubre 2023 04:33 Escrito por 
Juan Carlos Núñez Armas Juan Carlos Núñez Armas Palabras al viento

Hace algunos meses mientras practicaba mi ejercicio cotidiano en el parque Alameda 2000 me encontré a una mujer, que por su aspecto parecía deportista, y que repetidamente se inclinaba para recoger cosas del piso. Desde luego llamó mi atención y mi sorpresa fue ver que recolectaba basura que seguramente otros visitantes del parque habían “tenido a bien” dejar descuidadamente en el lugar. Lo mejor de este suceso es que no era una sola persona, era un grupo, no mayor a 10, pero todos hacían la misma labor. La actividad que hacían estas personas es trabajo voluntario y sobre eso quiero reflexionar en esta ocasión.

La anécdota viene a cuento porque estoy leyendo el libro de Andrés Oppenheimer ¡Cómo salir del pozo! Las nuevas estrategias de los países, las empresas y las personas en busca de la felicidad y quiero compartir algunos aspectos introductorios interesantes, a reserva de que en otro momento profundizaré sobre el tema.  Una de las primeras cosas que refiere el autor es la enorme diferencia entre las aspiraciones de los jóvenes que llegan a Silicon Valley, quienes sueñan en ser los próximos Steve Jobs o Elon Musk, mientras que en los países latinoamericanos la aspiración suele ser convertirse en el próximo Lionel Messi o Shakira. No es que esté mal, a final de cuentas, sólo son aspiraciones, ésas que, por cierto, el actual gobierno federal quisiera que no existieran.  En el caso de América Latina faltan políticas a largo plazo, así como acuerdos nacionales que den estabilidad y confianza a quienes aquí vivimos y queremos que nuestros sueños se hagan realidad.

El autor sostiene que también es necesario, en consecuencia, crear una obsesión nacional y familiar por la educación. Una cultura que glorifique a los innovadores y tenga una mayor tolerancia social hacia el fracaso individual. El autor agrega, y lo considero una práctica saludable, que todos los días, deberíamos hacer una lista de las cosas positivas que nos pasaron: mejorar la calidad de nuestras relaciones (de pareja o de amigos), incluso practicar una media sonrisa; reírnos, aunque no tengamos ganas, podemos engañar a nuestro cerebro que no sabe diferenciar entre la broma y la verdad, así estaremos más felices.

Además del libro de Oppenheimer, en el periódico Wall Street Journal, encontré un artículo sobre la felicidad que sostiene que ésta no es producto del azar ni de los genes ni de las circunstancias, sino de una conjunción de familia, amigos, un trabajo con sentido y un credo o filosofía de vida. Esa filosofía de vida puede ser, sin duda, el trabajo voluntario. Ricky Lawton, investigador británico, en su publicación Journal of Happiness establece que el trabajo voluntario 1) otorga una satisfacción inmediata, independientemente de si tiene impacto o no; 2) aumenta la conexión social, en cualquiera de sus versiones: el voluntario sociosanitario, de protección civil, de ocio y tiempo libre, de comercio justo, de discapacidad, de infancia, juventud y familia, de inmigración y refugio, de reclusos y exreclusos, de personas sin hogar, de tercera edad, etc., y 3) permite a los jóvenes adquirir nuevas habilidades que usarán en sus carreras o para mejorar su currículum.

El compromiso social anima el trabajo voluntario a diferencia del trabajo individual del que se espera recibir un incentivo particular. Lamentablemente, en América Latina, específicamente en México, el trabajo voluntario no es un asunto al que demos importancia.  Muchos de nosotros ni siquiera hemos escuchado hablar de él. No tenemos idea de sus ventajas ni sus contribuciones. No sabemos qué aportan sus acciones y cómo añade valor para una comunidad o grupo social. Es importante que sepamos que el trabajo voluntario es una práctica que se hace para otros y no se entiende sin ellos. Otro aspecto sobresaliente es la duración, porque en el trabajo voluntario somos nosotros quienes decidimos dónde y cuánto tiempo queremos participar. Aquí es donde ponemos nuestros valores en práctica.

En el ámbito mundial el trabajo voluntario es tan importante, para quienes lo hacen y para quienes reciben su beneficio que la ONU tiene una página dedicada a ellos.  En Voluntarios ONU (https://www.unv.org/es) podemos encontrar infinidad de ideas para animarnos (y animar a otros) a convertirnos en voluntarios.  El sitio menciona entre las bondades de ser un trabajador voluntario: a) incrementar nuestro sentido humanitario al apoyar a los más necesitados; b) fortalecer nuestra solidaridad al compartir algo de lo que tenemos con quienes nos rodean; c) practicar el altruismo y la empatía, no esperar nada a cambio, sólo por la obligación moral de hacer lo correcto y ponernos en el lugar del otro; d) tener la generosidad de compartir con los más necesitados y aportar en la medida de nuestras posibilidades; e) incrementar nuestra sensibilidad, la fuente principal del trabajo voluntario, sentir qué sienten los otros y actuar en consecuencia y f) constancia porque sin continuidad en el tiempo no se obtiene el resultado esperado así que la perseverancia debe ser una norma máxima.

Al leer redes sociales, columnas de opinión en los periódicos, escuchar entrevistas o charlar con las personas, me doy cuenta que muchos esperan que, en 2024, a partir de la elección, se haga la magia y el país cambie.  Cada seis años, varias veces, he escuchado ese mismo deseo, esa aspiración, válida, pero no siempre con sustento. Es triste decirlo, pero sostengo que no suele tener sustento porque los mexicanos estamos esperando que la solución nos caiga del cielo y no siempre estamos dispuestos a trabajar, con constancia, en actividades que generen beneficio social. Así que, los invito a reflexionar. Si queremos un mejor país empecemos por nosotros mismos con nuestro ejemplo, con nuestro trabajo voluntario lo mismo en ayudar a los demás que en hacer conciencia social. Cambiemos nuestra actitud hacia la vida en sociedad. México nos necesita y nosotros necesitamos una actividad que nos llene de satisfacción para ser más felices.

*El autor es Maestro en Administración Pública y Política Pública por ITESM y Máster en Comunicación y Marketing Político por la UNIR.

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Juan Carlos Núñez

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