Morena se devora sola
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Publicado en Opinión

Morena se devora sola

Jueves, 19 Febrero 2026 00:00 Escrito por 
Palabras al viento Palabras al viento Juan Carlos Núñez

La historia política de México se encuentra en un punto de inflexión porque la promesa de una transformación profunda ha sido devorada por la realidad de una lucha intestina sin precedentes. El movimiento que inicialmente se vendió como la regeneración nacional ha degenerado en una confederación de tribus y feudos personales que, ante la ausencia de un arbitraje institucional sólido y el ocaso del carisma unipersonal, se encamina hacia una ruptura inevitable.

El conflicto entre Julio Scherer Ibarra y Jesús Ramírez Cuevas no es una simple desavenencia administrativa. Es el síntoma de una metástasis ética en el corazón de un proyecto político. Sin embargo, las revelaciones contenidas en el testimonio de Scherer, en su libro Ni venganza ni perdón, exponen un sistema donde el recurso público es tratado como botín de guerra para la supervivencia facciosa.

El enfrentamiento revela un aislamiento del poder. Scherer narra cómo Ramírez Cuevas se convirtió en el “picaporte” exclusivo del presidente. Bloqueaba el acceso a voces moderadas o técnicas y fomentaba la radicalización que alejó al gobierno de la realidad económica y social del país. La decisión de la actual administración de no investigar estas denuncias, calificándolas de ataques mediáticos, confirma la sospecha de un pacto de impunidad en el que la lealtad personal pesa más que la integridad legal. Es una prueba fehaciente de que el gobierno ha perdido su brújula, sumergiéndose en una mafiocracia donde los recursos del pueblo financian la perpetuación del régimen.

Por otro lado, en la Secretaría de Educación Pública (SEP), la pugna entre Marx Arriaga y Mario Delgado ilustra el cisma entre radicalismo ideológico y burocracia pragmática. No olvidemos que, bajo Arriaga, los materiales educativos se convirtieron en campo de batalla para la imposición de una narrativa ideológica única. La incapacidad de Mario Delgado para ejercer autoridad sobre el empleado radical demuestra que en Morena el poder no fluye a través del organigrama, sino de la cercanía con el más extremista del movimiento. La falta de orden interno debilita la operatividad del Estado y proyecta una imagen de caos donde los burócratas se sienten dueños de sus plazas por encima de la ley y el mandato presidencial.

Otro ejemplo, quizá el más grotesco, de la descomposición política dentro de Morena es el enfrentamiento entre la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, y el coordinador parlamentario Ricardo Monreal. En este conflicto se ha utilizado el aparato estatal para el espionaje y el linchamiento público a través de la difusión de conversaciones privadas. Sansores, radical, ha utilizado su programa oficial, transmitido por redes sociales, para difundir audios en los que, presuntamente, Monreal pactaba con el líder del PRI, Alejandro Moreno, para favorecer a su familia en Zacatecas.

Estos ejemplos demuestran que Morena es un fracaso porque es incapaz de procesar sus diferencias civilizadamente. Al no haber quién ponga orden, debido a que la dirigencia nacional es parcial o impotente, la organización se convierte en una jauría donde la supervivencia depende de la capacidad de destruir al adversario interno.

El núcleo del problema radica en que Morena nunca aspiró a ser algo más que un movimiento centrado en una persona: depende exclusivamente del liderazgo de López. Claudia se ve constantemente desafiada por gobernadores y élites partidistas que sienten que su lealtad es hacia el fundador, no hacia la estructura del movimiento. Ante la evidente fragmentación interna, el gobierno de Morena ha optado por la radicalización legislativa. La propuesta de reforma electoral, que buscaría eliminar la autonomía del INE y centrar el padrón electoral (y la emisión de credenciales) en SEGOB, sería un intento de control autoritario.

Para construir una alternativa basada en el humanismo político no basta ser el receptáculo del voto de castigo. Se requiere construir una opción realista que ponga a la persona en el centro, respete el estado de derecho, fomente la cultura de la legalidad, elija candidatos con procesos democráticos y promueva la reconciliación nacional frente a la polarización orquestada. En especial para la oposición que basa sus acciones en el humanismo político, que concibe la política como el arte del diálogo y el respeto a la privacidad, el ejercicio del poder debe estar supeditado a la dignidad humana y a la transparencia.

El humanismo político debe ofrecer el orden que proporciona la institucionalidad frente al caos del liderazgo personalizado y las lealtades al mesías: transparencia y rendición de cuentas frente a la corrupción; fiscalización real de recursos, evitando casos como el desfalco en el sindicato de electricistas o el contrabando de combustible (huachicol fiscal); educación basada en las ciencias y la técnica, plural y abierta al mundo, frente al dogmatismo; respeto a la privacidad y a la ley; el fin del espionaje político y el uso de medios estatales para el linchamiento de adversarios.

La cuarta transformación muere a manos de sus protagonistas. Presenciamos su lucha por los restos del poder y, en su desesperación, intentarán subvertir las reglas democráticas para evitar el juicio de las urnas en 2027. Para los ciudadanos de bien el camino es claro: la reconstrucción de México debe pasar por la superación de este episodio de odio y desorden, apostando por una política que vuelva a ser, ante todo, humana.

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Juan Carlos Núñez

Palabras al viento