En la historia de mi vida nunca he negado que fui militante del PRD. En aquel entonces creía erróneamente que el sistema de partidos era una alternativa real para el cambio social y que, en efecto, era el PRI y el PAN los culpables de todos nuestros males y que el partido del que fui parte desde principios de 1999 era, por su supuesta ideología de izquierda, una opción real para la construcción de una sociedad más justa.
La vida y sus dioscidecias me tendrían muchas sorpresas; por azares del destino entré en el mundo sindical, que nada tiene que ver con el sistema de partidos, ello aunque los actuales dirigentes sindicales, sobre todo los de las grandes federaciones y sindicatos, estén empeñados en mantenerse domesticados, sobre todo bajo el partido en el poder, un fragmento también de la historia de mi vida que me llevó a conocer el mundo de la izquierda social y socialista, del que me convencí también durante mucho tiempo y que me llevó como consecuencia ideológica a renunciar a las filas del sol azteca, esto a mediados de 2009.
Durante mi paso por el PRD, todo el tiempo escuché las historias de cómo Higinio Martínez Miranda se había convertido en el principal delegado del PRI en el Estado de México y cómo sus acuerdos con este partido le habían permitido ocupar diversos cargos y acomodar a sus cercanos en otros tantos, algo que lo llevó incluso, al día de hoy, a mantener el control sobre el municipio de Texcoco, su principal bastión político, una historia que, con el cambio en el estilo de vida de gran parte de su familia, encontraba sustento de veracidad y que, en mi caso, alentó la visión del gran retador durante todo ese tiempo: había que derrocar al cacique.
El hoy vicecoordinador de los senadores de morena tuvo tres anuncios de muerte en aquel entonces; el primero descansó en un supuesto acuerdo mucho más atractivo para el PRI en el Estado de México con el entonces líder del Movimiento Vida Digna (Movidig), Héctor Miguel Bautista López, quien aspiraba a convertirse en el nuevo cacique mexiquense, un rumor que motivó a muchos, incluyéndome, a mantenernos a la expectativa. Finalmente, en ese momento para muchos la cosa era debilitar a Martínez Miranda; ya luego se vería qué hacer con los Bautista López, un acuerdo de preferencia que nunca llegó. Higinio no solo no murió (políticamente, desde luego), sino que siguió controlando el PRD mexiquense, con una evidente influencia a nivel nacional; estaríamos hablando tal vez de 2005 o 2006.
La segunda vez en la que muchos vieron cerca la muerte del hoy senador fue cuando el hoy coordinador de los diputados locales de morena, Francisco Vázquez Rodríguez, perdió la presidencia municipal de Texcoco en 2009 frente al PRI, en medio de una campaña desangelada, con un candidato que los propios militantes del PRD sentían lejano en todos los sentidos, pero que aceptaron por la imposición de nuestro personaje central. Aunque otra vez la tan anhelada muerte política que muchos esperaron no se dio, esto a pesar de que incluso al interior de su propio grupo varios se afilaban las uñas para encabezar al Grupo de Acción Política ante la ilusión de que Martínez Miranda no se lograría levantar de la pérdida de su bastión político. Lo cierto es que la derrota de Vázquez Rodríguez con el tiempo sonó más a una salida pactada, en la que el senador se dio el lujo de prestarle la presidencia municipal al PRI, aún dominante en el Estado de México.
2011 fue otro año de optimismo para los enemigos de Martínez Miranda; con algún desgaste y la unión de la chiquillada perredista en su contra, optó por renunciar a las filas del PRD y se fue a Movimiento Ciudadano, sin ninguna aparente oportunidad de reposicionamiento, empujando a una maestra políticamente desconocida (Delfina Gómez Álvarez) a la presidencia municipal de Texcoco, la que recuperó y usando su votación logró meterse como primera minoría estatal en una diputación local, convirtiéndose en el coordinador de la fracción de MC en el Congreso local, pasando incluso por encima de los liderazgos tradicionales de ese partido en el Estado de México.
La cuarta ocasión en que muchos aseguraron que por fin el político texcocano perecería políticamente fue hace un año, tal vez; en esta ocasión creo que ahora sí herido de muerte. Aunque fue electo senador para un segundo periodo, no logró ser el candidato al gobierno del estado. Su creación, aquella maestra desconocida políticamente, fue el alfil por el que optó López Obrador, que alentando su discurso de apertura a las mujeres decidió por ella para la candidatura por segunda vez, aunque realmente la motivación era otra: le resultó más fácil controlar a la hoy gobernadora que controlar a Martínez Miranda.
Una historia de agonía que se potenció en los círculos políticos estatales y nacionales ante el evidente distanciamiento que tuvo con Delfina Gómez y su otra creación, Horacio Duarte, a lo que hay que sumar el arrebato de la coordinación de los diputados de morena en el estado que hoy ocupa Francisco Vázquez, una realidad que lo llevó a pedir licencia por varios meses a su cargo de senador, el que estaba viviendo en ese momento sin pena ni gloria y con evidentes fugas de capital político por todos lados, algo que llevó a muchos a asegurar que por fin su final político había llegado; al cabo todo lo que empieza tiene que terminar, tarde o temprano.
Esta es la cuarta vez en que muchos anuncian la muerte política del hoy senador y vicecoordinador de su bancada; muchos pensaron que no regresaría a su escaño y que era cuestión de tiempo para que sus antiguos aliados le arrebataran Texcoco, pero los astros se le volvieron a alinear. De hecho, su nombramiento como vicecoordinador de los senadores es prueba del distanciamiento que se niega a toda costa desde morena: un distanciamiento entre los que se dicen obradoristas y los sheinbaumistas.
Su nombramiento es también un contrapeso desde la presidencia a la incondicionalidad de Gómez Álvarez a los López Beltrán en el Estado de México y es el empoderamiento de un personaje que será un operador fundamental en la consolidación del segundo piso de la 4T, un proceso que será encabezado por la hoy presidenta de la república sin invitar a los obradoristas, principalmente aquellos que huelen en demasía a los Alcalde Luján y sobre todo a Andy López Beltrán; así, el relevo en morena nacional y parte del gobierno federal es cosa de semanas y tal vez dos o tres meses y, aunque muchos no dejarán de ocupar cargos, serán relegados como Adán Augusto López, que desde hace meses vive amenazado de sentir los efectos de la justicia lisa y llana si no guarda el más celoso silencio gubernamental.
Por cuarta ocasión Higinio no murió, claro, políticamente; habrá que ver qué ocurre durante los próximos meses y hasta años. Seguramente seguirá en la escena, aunque en torno a él hay dos grandes realidades: no será jamás gobernador y todo lo que empieza tiene que terminar, tarde o temprano.
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Abogado postulante y miembro de la Escuela para la Formación Política y Sindical A.C.
ADDENDA
- MORENA VA POR TODO
Dice la presidenta que es falso que su partido vaya por el regreso del partido único. El chiste se cuenta solo. La reforma electoral que presentó el Ejecutivo federal viola diversos derechos fundamentales contenidos en el Corpus Iuris Convencional del que México es parte, pero eso no importa; parece que violar las obligaciones contractuales internacionales de México es el sello o estilo de gobierno del partido en el poder. - ¿CON LA MUERTE DEL MENCHO SE ACABARON NUESTROS PROBLEMAS?
Definitivamente no, lo peor está por venir; la pelea por el control entre las células del que fue el grupo delictivo de Nemesio Oseguera Cervantes es un tema que aún no comienza y del que el gobierno nada quiere hablar.
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