En el capítulo 17 del libro de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, “Ni Venganza Ni Perdón”, que se titula: Las reformas, la Corte, Zaldívar. Scherer Ibarra, al referirse a los temas que le interesaban al entonces presidente Andrés López Obrador, estando él en la Consejería Jurídica, explica que, tanto en el Congreso como en la Corte, habían salido prácticamente todos los temas que le habían sido encomendados.
Consciente de que se iban a perder algunas batallas, aseguró que estaban decididos a ganar las que correspondían al presidente; para ese efecto, Scherer tenía que ver a los ministros, convencerlos del punto de vista del Ejecutivo federal sobre lo que se estaba planteando; de esa forma, superó la mayoría en el Poder Judicial.
Bajo esta condición, refirió que López Obrador le planteó una reforma para que a los expresidentes de la República no se les juzgara. “Yo no quiero que sean juzgados” —le dijo—. Scherer, en la publicación, hace una reflexión en razón a lo propuesto, señalando que: “No hay nada más ilegal que darle impunidad a una persona que ya no la tiene sin el fuero: ya no la tiene”.
Al continuar con su reflexión, se hizo la siguiente pregunta: “¿Qué habría pasado si a alguno de los expresidentes de la República se le sometía a juicio por alguna irregularidad fuera de su labor como Ejecutivo?”. Y él mismo se responde: “Había una reforma legal que asentaba que no debían ser juzgados porque así lo determinó el presidente”.
Con independencia de las preocupantes manifestaciones de Julio Scherer, que por lo grave del asunto y a pesar de pretender romantizar su enfoque cuando asegura que al tabasqueño “todo mundo lo molesta mucho con que es muy duro, pero nunca se quiso meter con los <ex> presidentes, nunca quiso lastimarlos. Hubiera podido hacer lo que quisiera con Calderón y con Peña”, pero que no lo había hecho. En el fondo, para López persisten los señalamientos principalmente en contra del primero, al que nunca “le perdonó” el supuesto fraude de 2006, pero que no probó de ninguna forma, a pesar de presentar pruebas inexistentes, perfectamente guardadas en cajas vacías.
Es necesario recordar el famoso y utilizado hasta la saciedad asunto de Genaro García Luna, que incluso, a la fecha, sigue siendo escudo que utiliza la presidenta Claudia Sheinbaum, ignorando intencionalmente que el famoso enemigo cómodo para la narrativa manejada por la 4T fue procesado, juzgado y sentenciado en Estados Unidos, no en México, en donde, al parecer, ni siquiera había investigación alguna en su contra. De haberse dado, seguramente el expresidente Felipe Calderón habría tenido que enfrentar a la justicia mexicana.
El exconsejero jurídico deja claro que lo mueve un sentimiento de afecto y admiración muy poderosos hacia su exjefe, pero también deja claro en la obra que muchas de las decisiones que el aludido tomó fueron con base exclusivamente en la política que manejaba y en su ideología, alejado de la directriz que pudo haber dado mejores resultados si tan solo hubiera escuchado a los expertos de las diferentes materias.
No parece haber sido el objetivo, pero tampoco que su intención haya sido la de evitar perseguir a los anteriores mandatarios —lo hubiera hecho con la mano en la cintura—, sino que dicha propuesta de reforma se antoja más bien que buscaba como un sello de garantía para cuando, al dejar la silla del águila, no corriera el riesgo de ser él el investigado, procesado y sentenciado por los delitos que habría cometido en el ejercicio de su función como presidente de la República.
Efectivamente, como lo asegura Scherer, no se puede garantizar impunidad para nadie, por más importante que sea el cargo que haya ostentado, o por más prócer que se sienta, en este caso, el tabasqueño. El terreno legal, desde luego, jamás fue su fuerte; no obstante, existen principios fundamentales en derecho; uno de ellos señala: “ignorantia iuris non excusat” (la ignorancia del derecho no excusa). El desconocimiento de la ley no exime a nadie de la sanción que corresponda por la violación de una norma.
Sin embargo, esa seguridad que al día de hoy sienten funcionarios y políticos ligados a la 4T, de que son protegidos con el manto divino de la impunidad a pesar de haber sido tocados por serias sospechas de la comisión de graves delitos en contra de los mexicanos, del gobierno y de las finanzas públicas, no quiere decir que será eterna.
“Ni perdón, ni olvido” se presenta más como una señal futurista y queda como anillo al dedo para empujar un verdadero Estado de Derecho. Al momento, no hay investigaciones importantes en contra de connotados políticos de la 4T, de acuerdo con lo que han revelado las autoridades, incluyendo a la titular del Ejecutivo federal. Y las que existen se encuentran durmiendo el sueño de los justos. Aparentemente ya no hay justicia y prevalece la impunidad que tanto se dijo en el nuevo régimen que se iba a combatir.
Y es que no hay nadie ligado al régimen actual que pueda sentirse en riesgo por alguna carpeta de investigación en suelo mexicano, pero eso no altera la posibilidad de que haya investigaciones en curso en el país al norte de nuestra frontera. Al respecto, se han manejado varias listas que involucrarían a funcionarios y políticos relacionados con el crimen organizado, pero hacen como que ven hacia otro lado. El paso del tiempo les hace creer que no les pasará nada; se sienten intocables. Eso pudo haber creído también Nicolás Maduro, ya que hasta se atrevió a retar al presidente norteamericano. “¡Venga por mí, no sea cobarde!”, gritoneaba el hoy recluido en Brooklyn.
Por el momento, no existe la posibilidad en el corto plazo que haga sospechar que algún importante personaje de la 4T esté en riesgo de enfrentar la justicia; a pesar de ello, y aludiendo a un atrevido y en exceso perseguido periodista que destaca como uno de los más coherentes y directos que aún quedan: Ricardo Alemán, “Al tiempo”.

