Muchas madres están hasta la madre
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Publicado en Opinión

Muchas madres están hasta la madre

Viernes, 15 Mayo 2026 00:10 Escrito por 
Ganando Espacios Ganando Espacios Noemí Muñoz

Sobrevivir. Al día, a la semana, al mes. No es una cosa de todos, es una aventura de nosotras. Todos los diez de mayo, los lugares están a reventar. No hay cupo en ningún lugar. Padres, esposos e hijos intentan encontrar un lugar para que la mamá hoy no cocine, no limpie, no atienda.

Es imposible, hasta ese día inmaculado se tienen que alistar cosas. Tener a los niños limpios, bien vestidos, cuidar que no se ensucien, prever mudas de ropa por si acaso.

Un día para “descansar”, para ser honrada con perfumes y flores. Al otro día, las cargas de ropa volverán una a una, porque lo único que nos espera siempre son los deberes del día a día.

Es cierto que tenemos fatiga crónica, que nuestra espalda colapsa cada tanto, mientras intentamos acabar el trabajo de la oficina.

Hace poco una influencer hacía burla de que ya no había tiempo de nada, que incluso tenía que agendarse el llanto.

Yo diría que incluso el llorar ha quedado fuera de nuestras posibilidades, porque la sociedad también nos pide que no caigamos, que mostremos fuerza. Nos aseguran que nuestras hijas e hijos reaccionarán ante la vida como nosotras enfrentemos la vida. Es ahí donde entra el pánico. A veces ni nosotras sabemos cómo lo logramos. Unas veces es por nuestra pericia para solucionar las vicisitudes de la vida, otras es por la ayuda de otras madres que ponen el hombro, el monedero y los oídos.

Tres siglos de lucha del feminismo y la igualdad no están en el menú del festejo del Día de la Madre.

Tenemos madres con fatiga crónica que no saben dónde radica su dolor. Van al doctor, cuando pueden, y regresan frustradas porque no saben decirles por qué les duele el cuerpo, por qué el dolor de cabeza no cesa, por qué sienten que los ojos se les cierran en cualquier momento.

Porque ese cansancio es una reacción del cuerpo al instinto de supervivencia. De acuerdo con la doctora Veronica Mead, nuestro cuerpo entra en un periodo de hibernación, esperando un peligro celular mayor; por eso, lo pone en reposo, lo que nosotros sentimos como agotamiento o no saber dónde duele, pero con la certeza de que algo no va bien en nuestro cuerpo.

Me gustaría preguntarles a todas esas madres que llegaron al restaurante: ¿realmente quieren estar aquí? ¿O prefieren un día libre, donde nadie requiera, pida, necesite que le sirvan?

Esto me recuerda al cómic de la francesa Emma Clit, donde ella establece que las tareas del hogar no son las mismas, mostrando a la mujer como la organizadora y la coordinadora de actividades, y a los otros, marido e hijos, como subordinados que pueden considerar ayudar o no.

Las redes se llenan de memes, estableciendo qué es lo que molesta a las mamás, pero identificarlo no significa hacer algo por resarcir el problema o tratar de ayudar a la mamá rebasada.

Las psicólogas Moïra Mikolajczak e Isabelle Roskam han estudiado el Motherhood Burnout, es decir, el estrés crónico parental conduce al distanciamiento emocional y al colapso físico.

No hay mejor manera de definirlo. Colapsamos y, como el ave fénix, nos volvemos a levantar, y no es para marcar lo heroico de resolver. Debería ser un estado de alerta porque se golpea constantemente al centro de sostenimiento del hogar: la madre.

Silvia Federici habla sobre el salario para el trabajo doméstico. Se ve como normal que comamos paradas, que corramos a todos lados, que incluso pensemos en los otros primero que en nosotras, porque es parte del sacrificio, del acto de amor sublime, pero en realidad sostenemos de manera gratuita la economía de nuestro hogar. Cómo, solo Dios sabe cómo.

Nos venden la idea del Ave Fénix como un milagro de resiliencia, pero olvidan que para renacer, primero hubo un incendio. Ese fuego es el cortisol, la espalda colapsada y la renuncia al yo. No somos heroínas por elección, somos sobrevivientes de un sistema que confunde la explotación con amor sublime.

 
 
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Noemí Muñoz

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