Ser o no ser. La imposibilidad en “lo público”
DigitalMex - Periodismo Confiable
Publicado en Opinión

Ser o no ser. La imposibilidad en “lo público”

Miércoles, 20 Mayo 2026 00:15 Escrito por 
La Tribu Entera La Tribu Entera Ricardo Joya

En 35 años de actividad profesional en el ámbito de la comunicación institucional y política, he escuchado a muchas personas que tienen responsabilidades públicas expresar: “Yo no quiero ser”, “Yo no quiero el poder”, “No me interesa aparecer”, “No deseo ser vista” o “Prefiero el bajo perfil” (como si eso fuera posible). Cuando escucho esas palabras, lo primero que pienso es: ¿Entonces, para qué aceptaste la responsabilidad?

La realidad me ha demostrado que muchas de esas personas se sienten incómodas con la visibilidad que otorga el cargo público (a diferencia de una tarea o responsabilidad que podría tenerse en el ámbito privado, donde sí es posible mantenerse casi invisible). En el caso de quienes son electos, sus responsabilidades consisten en atender los problemas que nos afectan a todas y todos. Deben atender lo “público”.

Lo “público” es todo aquello que pertenece a la colectividad y es de interés común. Abarca tanto los espacios y bienes compartidos (parques, calles, edificios) como la gestión del Estado (instituciones, servicios de salud, educativos, seguridad), respondiendo a la transparencia, la accesibilidad para todos los ciudadanos y la búsqueda del bienestar general.

Es por ello que pretender desprenderse de la visibilidad que significa un cargo de responsabilidad pública, sobre todo cuando surge de un proceso de elección, es tarea compleja, casi imposible.

Por el otro lado, tenemos a quienes aprovechan el cargo público para mostrarse “hasta en la sopa”. Aprovechan la menor oportunidad para visibilizar lo que hacen y dejan de hacer. Creen que su tarea es —sobre todo ahora, en los tiempos de la comunicación digital— hacer notorias sus ideas, actividades (incluso las privadas), eventos, decisiones y emociones. Encontramos personas que, a la menor provocación, muestran todo… a veces hasta de más.

Como en muchas circunstancias de la vida, todo extremo es malo, porque puede implicar mostrar en exceso o bien desaparecer del entorno público. Se trata de encontrar los equilibrios y decidir —con serenidad y, sobre todo, con estrategia— qué comunicar.

Sin embargo, no debemos perder de vista que “trabajo que no se ve, no existe”, y es ahí donde es fundamental clarificar el para qué de una responsabilidad. Quizá esa es la razón por la que rehúyen y no quieren figurar. Naturalmente, cuando se ostenta un cargo, uno se somete al escrutinio público, la crítica, la observación permanente y los aciertos o fallos que se cometan (más los segundos) quedarán registrados para la posteridad.

Esa tendría que ser una de las primeras reflexiones cuando se decide participar para ocupar un cargo: ¿estoy dispuesto a sacrificar mi anonimato por esta tarea? Y de ahí se desprenden otras cuestiones: ¿Para qué quiero esa responsabilidad? ¿Qué beneficios pretendo obtener? (personales o en pro de una comunidad) ¿Qué deseo cambiar?

Lo que sí es un hecho es que pretender “desaparecer” del entorno de lo público es un contrasentido, porque —se quiera o no— la responsabilidad por sí misma conlleva la visibilidad de nuestros actos e incluso las actividades privadas pueden ser objeto de observación, particularmente cuando hay recursos públicos involucrados.

De ahí que, en una época en la que la alta exposición —provocada en buena medida por los dispositivos digitales— es inherente a la tarea pública, lo ideal sería prepararse para asumir esa condición y entender, comprender que, al iniciar una posición política o administrativa, gubernamental, de representación popular o de designación directa, nos comprometemos a conducirnos con los más altos valores éticos y a poner todo nuestro empeño para entregar buenos resultados en beneficio de la sociedad.

Al decir “Sí protesto” frente a una autoridad legalmente constituida, iniciamos una etapa en la que el “bajo perfil” no será posible. Eso es diferente de una conducción sobria, sin estridencia y alejada de la espectacularidad que a muchos atrae. Ejercer un cargo público obliga a reconocer que nuestras decisiones y acciones tendrán un amplio impacto en un sector de la sociedad.

Así que habrá que desconfiar de quienes afirman no querer el poder o no querer ser vistos, porque podría ser una señal de que algo raro están haciendo y quieren evitar el escrutinio público. En la medida en que sea más transparente y visible el actuar de las responsabilidades, quizá —solo quizá— tendremos gente mejor preparada, porque también están quienes, simulando inocencia, cometen atropellos y violan la ley y las normas.

 
 
Visto 64 veces
Valora este artículo
(0 votos)
Ricardo Joya

La tribu entera