Operativo exitoso, Comunicación deficiente
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Operativo exitoso, Comunicación deficiente

Miércoles, 25 Febrero 2026 00:15 Escrito por 
La Tribu Entera La Tribu Entera Ricardo Joya

Durante un conflicto armado —de tipo militar entre fuerzas de seguridad y grupos delincuenciales—, uno de los “flancos” fundamentales de controlar es la narrativa. Conforme se generan los acontecimientos, una acción estratégica consiste en proporcionar información con tres objetivos fundamentales: 1. Explicar los sucesos, proporcionando las razones que justifiquen los operativos y el desarrollo de las actividades; 2. Informar datos de lugares, personajes clave y cifras que permitan dimensionar el avance de las acciones; y 3. Construir argumentos que acrediten el éxito de las operaciones.

Cuando se dejan vacíos de información, de manera natural esos huecos se ocupan con rumores o versiones no oficiales (fake news, le diríamos ahora) que pueden provocar una distorsión de los hechos y —lo que es peor— pánico entre la población, sobre todo cuando los canales digitales operan con mayor rapidez que los medios tradicionales.

El pasado domingo por la mañana, luego del operativo militar —articulado por las fuerzas armadas mexicanas— con uso de información que proporcionaron las autoridades estadounidenses para ubicar y capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho” (quien finalmente murió en el traslado hacia la capital del país), identificado por las autoridades como líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, empezaron a circular infinidad de mensajes (imágenes, videos y audios) relacionados con la reacción de los grupos delictivos, más que con las acciones militares y de seguridad.

Conforme avanzaban las horas, circularon en WhatsApp y otras redes sociodigitales contenidos diversos, varios de ellos reales y muchos más generados por inteligencia artificial o de acontecimientos pasados que no correspondían a lo que sucedió esa mañana en Tapalpa, Jalisco.

Prácticamente al mismo tiempo, los medios periodísticos informaron de “narcobloqueos” en Jalisco, Michoacán, Colima, Guanajuato, Nayarit, Aguascalientes y Puebla.

Asimismo, las autoridades de Estados Unidos y Canadá emitieron “alerta de viaje” para sus habitantes, advirtiendo del riesgo que implicaba estar en esas entidades.

A través de las redes y medios de comunicación se supo de una gira de trabajo de la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo, en San Pedro de las Colonias, Coahuila, donde al mediodía fue abordada por periodistas que cubrían sus actividades, quienes intentaban obtener una declaración para confirmar el operativo, y lo único que expresó fue: “El Gabinete de Seguridad informará al respecto”. Primer fallo en la comunicación.

Como Comandante Suprema de las Fuerzas Armadas, era importante que ella tomara el control de la narrativa, a fin de acreditar que la operación sí fue efectuada por las autoridades mexicanas y con ello generar certidumbre entre los diferentes sectores, porque para ese momento del domingo ya circulaban diferentes versiones —incluso contradictorias— y había datos sobre los disturbios en al menos 11 entidades del país.

Hubo quienes empezaron a afirmar que el operativo lo habían efectuado fuerzas militares estadounidenses. Había razones para pensarlo, porque el pasado 11 de febrero —con 105 votos a favor y una abstención— el Senado de la República autorizó el ingreso de elementos de la Marina de Estados Unidos a territorio nacional, y el 17 de febrero pasado, el mismo Senado —con 91 votos a favor— aprobó el ingreso a México de 12 militares estadounidenses adicionales, los cuales forman parte del Séptimo Grupo de Operaciones Especiales de ese país, con el objetivo de capacitar a nuestras fuerzas armadas.

Este segundo grupo participará —se informó— en adiestramiento en combate urbano y rural, medicina táctica, operaciones de francotiradores, contramedidas frente a artefactos explosivos improvisados y drones, así como infiltración marítima. Esa capacitación se realizará en el Estado de México y en Quintana Roo.

Naturalmente, con esa información como antecedente y el vacío que se provocó, se dio espacio para generar ese tipo de versiones.

En esa batalla por la narrativa, luego de la una de la tarde del domingo, en las redes sociodigitales y en los medios tradicionales fue notoria la operación gubernamental para generar expresiones de diferentes autoridades —legislativas y ejecutivas— reconociendo y enalteciendo el operativo en el que falleció “El Mencho”, de cuyo cuerpo nunca se dieron a conocer imágenes. Solo se informó que fue confirmada su identidad mediante pruebas científicas.

En otros casos, como el de Arturo Beltrán Leyva, líder del Cártel de Sinaloa, quien murió en Cuernavaca, Morelos, el 16 de diciembre de 2009, o el de Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén, “Tony Tormenta” (hermano de Osiel Cárdenas Guillén), líder del Cártel del Golfo, quien el 5 de noviembre de 2010 fue abatido en Matamoros, Tamaulipas, sí se dieron a conocer imágenes, al igual que en el caso de Heriberto Lazcano, alias “El Lazca”, quien era capo de Los Zetas y fue abatido en octubre de 2012.

La batalla por la narrativa no fue del todo afortunada para las autoridades, porque en las imágenes que se publicaron en las portadas de los diarios nacionales el lunes 23 de febrero por la mañana sí se destacó el operativo en el que murió Oseguera, pero prevalecían fotografías de los bloqueos y quema de vehículos, así como de incendios en sitios emblemáticos como Guadalajara y Puerto Vallarta. Incluso se generaron infografías para reportar dónde hubo reacciones de los grupos delictivos y, en el mapa de la República Mexicana, se pintaron de rojo 22 entidades federativas.

Naturalmente, se realizó un control de daños en la mañanera del mismo lunes y, para este martes 24 de febrero, las noticias principales enfatizaron las expresiones de la presidenta y de las autoridades militares, con titulares que dijeron: “El país está en calma”, “Prioridad, garantizar la paz”, “Se demostró la fuerza del Estado mexicano”, y en otros casos hubo información y detalles del operativo.

El operativo fue exitoso, pero falló la comunicación gubernamental, la cual debió planearse y ejecutarse desde el mismo domingo para mantener control y equilibrar la información de los sucesos dramáticos que vivieron muchas personas en diferentes entidades. Con ello se habría generado un mensaje de certidumbre, claridad, firmeza, transparencia, suficiencia y precisión en los datos del operativo, el cual —sin lugar a dudas— es pertinente para revertir el crecimiento de los grupos delictivos.

Para concluir: atrás quedaron “los abrazos…” del sexenio anterior y ya no puede haber vuelta atrás.

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Ricardo Joya

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