La Asunción; el humo de la cortina
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La Asunción; el humo de la cortina

Viernes, 12 Junio 2026 00:10 Escrito por 
Ana Liza en línea Ana Liza en línea Mariel Álvarez Sánchez

Fernando Flores ¿Culpable o inocente?

La política en tiempos de la autollamada "transformación" ha mudado de estrategia: ante la incapacidad de dar resultados, el gobierno y sus brazos ejecutores se han vuelto expertos en el arte de la pirotecnia mediática y las cortinas de humo. El caso más reciente y burdo de este fenómeno lo vivimos en Metepec, con el linchamiento coordinado hacia el alcalde Fernando Flores Fernández por los hechos ocurridos en el Club Deportivo La Asunción.

Para entender la magnitud del teatro, hay que revisar la historia y poner las cosas en su justa dimensión. Quienes conocen la trayectoria de Fernando Flores saben que su llegada a la alcaldía no fue obra de la casualidad, sino de una gestión empresarial que mudó al servicio público con un éxito que hoy por hoy incomoda al oficialismo. El Deportivo La Asunción ha sido, históricamente, un punto de encuentro vecinal y familiar en el municipio; un espacio privado (de la familia Flores) cuyos socios, a veces, tienen problemas.

Lo que realmente sucedió ahí dentro —y que las redes sociales se encargaron de inflar con bots y cuentas recién creadas— fue netamente un conflicto de índole familiar. Una disputa interna que en cualquier otra circunstancia no habría pasado de las oficinas de un juez cívico o una mesa de mediación. Sin embargo, en el tablero político actual, las coincidencias no existen: los detractores del alcalde solo estaban agazapados, esperando el más mínimo y pequeño error para abalanzarse sobre él y desviar la atención pública.

Por supuesto, las formas son las formas y en la política los símbolos importan. Nadie dice que haya estado bien la manera en que actuó Flores Fernández al ingresar por la fuerza al lugar, ni mucho menos que sus escoltas exhibieran armas de fuego. Aunque haya sido un asunto netamente del ámbito privado y familiar, un gobernante debe cuidar las formas en todo momento para no darles armas a sus enemigos. Si lo hubiera hecho un particular, los resultados serían muy diferentes.

Pero de ahí a que el caso amerite el linchamiento, es otra cosa. El fuego fue azuzado de inmediato por opositores locales de Flores. Personajes que ven en el avance y la popularidad del alcalde una barrera infranqueable para sus ambiciones personales. El verdadero salto de calidad en el lodo digital ocurrió cuando el aparato de la 4T metió la mano para escalar este pleito doméstico a los reflectores del país. ¿Por qué tanto interés en un altercado de club privado? La respuesta es tan obvia como alarmante: urgía una "cortina de humo".

Morena necesitaba desesperadamente desviar la atención de los problemas que verdaderamente están desangrando al país y que mantienen al partido de la presidenta contra las cuerdas del juicio internacional. Mientras los jilgueros de la 4T se rasgaban las vestiduras por Metepec, en el fondo del escenario nacional se busca ocultar lo verdaderamente importante y siniestro: las crecientes e inocultables investigaciones que ligan las estructuras del partido oficialista con el narcotráfico y el financiamiento ilícito de campañas.

Para el régimen actual, es mejor que el pueblo discuta sobre un conflicto vecinal a que se cuestione por qué vastas regiones del país están bajo el control absoluto del crimen organizado con la complacencia de la política federal. El caso de La Asunción no fue más que un distractor, un balón de oxígeno para una narrativa que se cae a pedazos entre fentanilo, violencia e impunidad.

Fernando Flores terminó pagando el costo de ser un perfil incómodo que da resultados y de haber descuidado las formas en un momento crítico; la 4T, por su parte, volvió a demostrar que prefiere incendiar una casa con tal de que nadie vea el cadáver que tienen escondido en el clóset. Al tiempo.

Fernando Flores ¿Culpable o inocente?

Para entender el intríngulis de este escándalo, es indispensable analizar la versión que el propio presidente municipal de Metepec ha sostenido con firmeza. Desde la óptica del alcalde, los acontecimientos del jueves 4 de junio en el Club Deportivo La Asunción se fundamentan en dos pilares: la raíz del conflicto y la justificación de su polémica irrupción.

De acuerdo con las declaraciones del edil, el origen de todo es estrictamente un asunto entre particulares; específicamente, una vieja disputa familiar de índole mercantil y condominal con su propio hermano José Luis Flores.

La narrativa oficial de Flores Fernández sostiene que el conflicto deriva de diferencias internas por el control administrativo y la tesorería del club entre los propios accionistas y miembros de su familia (pugnas que, según registros, llevan más de una década arrastrándose por el reglamento de cuotas de mantenimiento).

Para el alcalde, el altercado del jueves no fue un acto de política pública ni un abuso patrimonial, sino el clímax de una tensión privada y doméstica que debió resolverse en tribunales civiles, no en la arena del escándalo nacional, motivada por dos de sus sobrinos, quienes, por cierto, ya limaron asperezas y están como si nada, según palabras del propio alcalde.

¿Cómo justifica Fernando Flores el haber ingresado al club? Su narrativa oficial argumenta que su presencia física en el lugar obedeció a un “llamado de auxilio de su sobrina”. Según su postura, dentro de las instalaciones se estaba gestando un altercado violento que ponía en riesgo inminente la integridad física de los involucrados, que además eran sus sobrinos. El munícipe ha asegurado públicamente que su intención primordial al cruzar la puerta fue fungir como un elemento de contención para apaciguar los ánimos y evitar una tragedia mayor dentro del deportivo.

Sabiendo el impacto de los videos viralizados donde se observa el forcejeo en la entrada de cristal y a sus custodios portando armamento, la narrativa de Flores dio un viraje hacia el control de daños a las pocas horas.

A través de un mensaje público, el alcalde ofreció una sentida disculpa: "para quienes creen que vieron un actuar excesivo de mi parte", reconociendo implícitamente que la presencia de escoltas armados fue un error de cálculo que ensombreció su verdadera intención. Sin embargo, su línea de defensa se mantiene firme en que actuó bajo un impulso de urgencia protectora y familiar, mostrándose además en total disposición de responder ante las instancias legales y la propia Fiscalía del Estado de México.

Y qué bueno, pues por la noche de ayer (miércoles), la Fiscalía informó que citaría a tres personas por este asunto para deslindar responsabilidades, y aunque no dio nombres, se presume que se trata del propio alcalde y de sus dos escoltas. Los investigan por abuso de autoridad y lesiones; aunque, al parecer, no hubo lesionados.

En fin, este capítulo aún dará mucho de qué hablar, pues los que le quieren arrebatar “el hueso” no cesarán en el intento de sacarlo de la presidencia y, lamentablemente, todos los detractores sirven al partido en el poder.

¿Será que un pleito familiar acabe con su carrera política? Ya lo veremos.

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