Las condiciones variantes del Monzón Mexicano, los pronósticos de sequía y el factor de modulación de las lluvias y ciclones tropicales provocado por las oscilaciones climáticas fueron los temas relevantes en el Cuadragésimo Foro Perspectivas Climáticas en la República Mexicana Mayo-Octubre de 2026, celebrado el 6 y 7 de mayo del presente año, en el Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, en la Ciudad de México.
El evento, convocado por la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) a través del Servicio Meteorológico Nacional y la Máxima Casa de Estudios, tuvo como propósito construir estrategias y consensos entre instituciones públicas especializadas y el sector académico para la construcción de conocimiento y fortalecer la toma de decisiones frente al periodo mayo-octubre de 2026 en materia climática, tomando como punto de partida los niveles de precipitación y las temperaturas máximas pronosticadas para el periodo.
Mediante la integración de diversas fuentes de información y modelos climáticos se busca fortalecer la cooperación interinstitucional y las metodologías de predicción de largo plazo en México. Los expertos concluyeron, en un consenso general, que tendremos un verano de 2026 más cálido de lo normal en julio, agosto y septiembre, que las precipitaciones serán las habituales, con un ligero incremento en septiembre y estabilización al cierre de octubre.
Será una temporada de lluvias y ciclones tropicales con rasgos de normalidad; sin embargo, el incremento de las temperaturas durante el verano pudiera generar un fenómeno súbito como el ocurrido en octubre de 2023 con el huracán Otis. Recordar que este ciclón emergió de un disturbio atmosférico localizado en el Golfo de Tehuantepec y los pronósticos estimaron que tocaría tierra como tormenta tropical; sin embargo, las altas temperaturas registradas en el mar provocaron una convección atmosférica —transporte vertical de calor y humedad en la atmósfera que produce flotabilidad— que potenció fuertes vientos y la generación de cúmulos, condición que antecede a fenómenos climáticos severos, lo cual, de manera súbita (en menos de seis horas), transformó a Otis en huracán categoría cinco y devastó Acapulco.
Estas oscilaciones climáticas, ahora tan recurrentes, son fenómenos extremos que amenazan con contradecir todos los pronósticos y, de un día a otro, cambiar las condiciones de un fenómeno natural y encender todas las alarmas, con un margen de respuesta muy reducido. La amenaza es latente y dichas condiciones de variabilidad climática obligan a estar alerta y pendientes en todo momento durante la temporada de ciclones tropicales, cuyo periodo más crítico son los meses de septiembre y octubre.
¿Cómo llegamos hasta aquí? Hace 34 años, en 1992, México firmó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Dicho documento estableció las bases de la gestión mundial para revertir los daños que provocan los gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, los cuales se encontraban plenamente documentados y reconocidos por la comunidad científica, así como sus consecuencias para el planeta y para la vida de todas las especies que lo habitamos.
La Convención propuso una definición del concepto “cambio climático” y, a partir de ahí, se sentaron las bases de su estudio y gestión, reconociendo que es “un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables”.
Se reconoció que nuestro sistema climático incluye la totalidad de la atmósfera, la hidrosfera, la biosfera, la geosfera y todas sus interacciones; y que todos los componentes gaseosos de la atmósfera, tanto naturales como antropógenos, que absorben y remiten radiación infrarroja, son GEI, y que el objetivo de la Convención es, hasta el día de hoy: “lograr, de conformidad con las disposiciones pertinentes de la Convención, la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático”.
Con financiamiento de los U.S. Support for Country Studies to Address Climate Change, desde 1992, en México se llevaron a cabo las primeras investigaciones al respecto. El Estudio País: México estableció cuatro objetivos para reducir el cambio climático: 1) Diseñar estrategias y políticas públicas; 2) Actualizar medidas de adaptación y mitigación; 3) Restaurar el ambiente y evitar su degradación en el futuro; y 4) Brindar apoyo técnico. De todo esto se ha hecho muy poco y casi nada, pero de ello hablaremos en la próxima entrega y conoceremos cuánto hemos avanzado… ¿o retrocedido? Esto es protección civil. ¡Que su semana sea de éxito!
Hugo Antonio Espinosa
Funcionario, académico y asesor en Gestión de Riesgos de Desastre
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