Nos están matando
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Publicado en Opinión

Nos están matando

Martes, 16 Junio 2026 00:10 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

Miriam Peralta Valverde tenía apenas 22 años. Estudiaba Derecho en la Universidad Autónoma del Estado de México, Unidad Académica Profesional Chimalhuacán. Como miles de jóvenes, construía un futuro entre libros, exámenes y sueños.

Hoy, su nombre se suma a la dolorosa lista de mujeres que fueron asesinadas presuntamente por quien decía amarlas.

La noticia no solo sacudió a la comunidad universitaria. También volvió a poner sobre la mesa una realidad que, como sociedad, seguimos sin querer mirar de frente: las mujeres no están muriendo por casualidad. Las están matando y, lo más alarmante, es que, en muchos casos, el agresor no es un desconocido; es el novio, es la expareja, es el esposo o es quien conoce sus rutinas, sus miedos y sus esperanzas.

Cada vez que ocurre un feminicidio, aparecen las mismas preguntas: ¿qué pasó?, ¿por qué lo hizo?, ¿cómo nadie lo pudo prevenir?

La respuesta suele encontrarse mucho antes del crimen. El feminicidio rara vez comienza con un golpe o un arma; comienza con el control, con la revisión del celular, con los celos disfrazados de amor, con las exigencias sobre cómo vestir, con quién hablar o a dónde ir. Comienza cuando un hombre cree que una mujer le pertenece.

Durante generaciones se nos vendió la idea de que los celos eran una muestra de cariño, que insistir era conquistar, que controlar era proteger, pero no.

Los celos no son amor, el control no es amor, la posesión no es amor; son señales de violencia.

Cuando una mujer decide poner límites o terminar una relación, algunos hombres sienten que están perdiendo algo que les pertenece y ahí aparece la expresión más peligrosa del machismo: la creencia de que, si no pueden tenerla, tampoco permitirán que nadie más la tenga.

Por eso, los especialistas advierten que uno de los momentos de mayor riesgo para una mujer es, precisamente, cuando decide abandonar una relación violenta.

Miriam tenía una vida por delante. Como cientos de mujeres asesinadas cada año, tenía proyectos, metas, familias y sueños que quedaron truncados por la violencia de género.

Y aunque cada caso tiene circunstancias particulares, todos comparten algo en común: hubo señales que fueron ignoradas, minimizadas o justificadas.

Como sociedad, seguimos preguntándonos por qué ellas no se fueron. Quizá deberíamos empezar a preguntarnos por qué algunos hombres creen que tienen derecho a decidir sobre la vida de una mujer.

Porque, mientras sigamos llamando amor a la posesión, mientras sigamos justificando conductas violentas y mientras sigamos normalizando el control en las relaciones, continuaremos escribiendo columnas sobre jóvenes que nunca debieron morir.

Miriam no es una estadística.

Era una estudiante.

Era una hija.

Era una amiga.

Era una mujer con futuro.

Su nombre merece justicia. Pero también merece algo más: que su historia no se repita, porque cada feminicidio es una tragedia individual, pero también es el reflejo de una deuda colectiva que México sigue sin saldar. Y, hasta que eso ocurra, la frase seguirá resonando con dolorosa fuerza: nos están matando.

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Lupita Escobar

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