Cuando la esperanza se niega a rendirse
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Cuando la esperanza se niega a rendirse

Martes, 29 Septiembre 2026 09:33 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

Fernando tiene 23 años, una edad en la que la mayoría de los jóvenes piensa en trabajar, hacer planes, disfrutar a los amigos, enamorarse y comenzar a construir su futuro.

A los 21 años, Fer disfrutaba montar a caballo, tocar la batería y vivir la vida con esa energía propia de quien tiene muchos sueños por delante. Era un joven trabajador, alegre y con proyectos, de esos que todavía tienen mucho por descubrir y muchas historias por escribir.

Pero el 8 de mayo de 2025, en cuestión de segundos, su vida y la de toda su familia cambiaron para siempre.

Aquella mañana, Fernando salió a trabajar como cualquier otro día. Al terminar su jornada, en un lugar donde elaboran artículos de aluminio, emprendió el camino de regreso a casa. Era un trayecto cotidiano, de esos que hacemos sin pensar que podrían convertirse en un parteaguas de nuestra vida. Mientras circulaba por Paseo Tollocan, en Toluca, perdió el control de su vehículo y se impactó contra un árbol. El golpe fue tan fuerte que quedó prensado entre los fierros del automóvil y fue necesario el trabajo de los bomberos para poder rescatarlo y entregarlo a los servicios de emergencia.

Fernando llegó al Hospital Adolfo López Mateos de Toluca consciente. Podía hablar, podía sentir su cuerpo y, a pesar de la gravedad de las lesiones, seguía aferrado a la vida. Incluso en medio de aquella tragedia hubo algo que refleja quién es Fer: su pensamiento seguía puesto en su familia y en aquello que amaba. Le dijo al médico que no quería autorizar la operación porque se acercaba el 10 de mayo, tenía una presentación y quería estar con su mamá Lorena para festejarla. Su familia tuvo que explicarle la gravedad de sus lesiones y hacerle entender que la operación era necesaria, que no había otro camino.

Después comenzaron los días de incertidumbre, de miedo y de espera. Lorena permanecía junto a su hijo esperando escuchar alguna noticia alentadora, aferrándose a cada palabra de los médicos y esperando que su hijo pudiera regresar a casa: sin embargo, cuando finalmente llegó ese momento, la realidad era muy distinta a la que todos habían imaginado. Fernando tenía una lesión medular a nivel T3 y, del pecho hacia abajo, había perdido la sensibilidad y la movilidad. Los médicos hablaban con reserva sobre su recuperación y la familia tuvo que comenzar a entender una nueva realidad, una realidad para la que nadie está preparado.

Para cualquier madre, ver sufrir a un hijo es una de las pruebas más dolorosas que puede enfrentar en la vida, pero para Lorena la situación se volvió todavía más difícil. Su esposo también requiere cuidados especiales. La diabetes le ha arrebatado una pierna y gran parte de la visión. De un momento a otro, esta familia tuvo que aprender a vivir con dos seres queridos que necesitan cuidados permanentes, con dos sillas de ruedas, tratamientos, medicamentos, consultas, traslados y una serie de necesidades que no solamente representan un desgaste emocional, sino también un enorme esfuerzo económico.

Pero en medio de todo eso apareció algo que muchas veces solamente conocemos cuando la vida nos pone a prueba: la fortaleza de una familia.

Las hermanas de Fernando se sumaron de inmediato al cuidado de su padre y de su hermano. Adaptaron una habitación en la planta baja, reorganizaron su vida y comenzaron a hacer todo lo necesario para que ambos pudieran estar en casa y recibir los cuidados que requieren. La familia tuvo que cambiar rutinas, planes y prioridades, pero decidió mantenerse unida y convertir el amor en la principal medicina para seguir adelante.

Los días comenzaron a transcurrir entre terapias, consultas médicas, medicamentos y traslados.

Los gastos fueron creciendo y las necesidades también, pero en medio de esa lucha comenzaron a aparecer pequeños milagros que para ellos significaron muchísimo. Poco a poco, Fer volvió a hablar, recuperó su voz y comenzó nuevamente a comunicarse con quienes estaban a su alrededor.

Cada pequeño avance se convirtió en una razón para seguir creyendo, porque cuando una familia vive una situación así, un cambio que para otros podría parecer pequeño puede significar un mundo entero.

Hoy, Fernando continúa sin sensibilidad ni movilidad del pecho hacia abajo, pero hay algo que no ha perdido: las ganas de vivir y de luchar. No se ha rendido. Y ahora existe una posibilidad que podría cambiar su vida: una cirugía de columna que podría ayudarle a recuperar movilidad y mejorar significativamente su calidad de vida.

Existe una esperanza médica, pero también existe un enorme obstáculo: el costo de la intervención ronda los 300 mil pesos, una cantidad que rebasa las posibilidades económicas de su familia, pero que no ha logrado apagar las ganas de Fernando de seguir adelante.

Por eso, amigos, familiares y personas que conocen su historia decidieron unirse para realizar un evento con causa y recaudar fondos para su cirugía. Porque detrás de cada aportación no hay solamente dinero; hay solidaridad, empatía, fe y una oportunidad. Una oportunidad para que un joven de 23 años pueda continuar escribiendo su historia, para que pueda seguir luchando por recuperar parte de la movilidad que perdió aquel 8 de mayo y, sobre todo, para que él y su familia sepan que no están solos.

Este viernes 2 de octubre, a partir de las 8:00 de la noche, se llevará a cabo “Norteño con Causa” en Koko Beer Garden, en Zinacantepec, donde se reunirán Conjunto Estampa de Oro, La Única, Grupo Considerado, Preeminencia, Grupo Masivo y Los Rodek. El cover tendrá un costo de 100 pesos y lo recaudado será destinado a apoyar la cirugía de Fernando.

También existe la posibilidad de realizar una aportación directamente a la cuenta de Fernando: BBVA, cuenta CLABE 012 420 015106097787, a nombre de Fernando Roberto Jiménez Marín.

Tal vez para algunos cien pesos parezcan poco. Tal vez una aportación pequeña pueda parecer insignificante frente a una meta de 300 mil pesos, pero  cuando muchas personas se unen, esos pequeños esfuerzos pueden convertirse en algo enorme. Porque ayudar no siempre significa resolverlo todo; a veces significa simplemente decirle a una familia: “No están solos, aquí estamos”.

La vida de Fernando cambió aquel 8 de mayo de 2025, pero su historia todavía no termina. Aquel accidente le arrebató muchas cosas, pero no ha conseguido quitarle sus sueños ni las ganas de seguir viviendo. Su familia tampoco se ha rendido. Han aprendido a caminar un día a la vez, a celebrar cada pequeño avance y a encontrar esperanza incluso en los momentos más difíciles.

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Lupita Escobar

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