Mientras degusta su café americano sin azúcar en esa cafetería del centro más viejo del país, el escribano escucha la música de fondo: “Tuve momentos de profunda soledad, y ahora no lo creo, y junto a ti me encuentro. Desesperado, estuve a punto de caer, y apareciste un día, llegando hasta mi vida… y te soñé”… Ese, mi idolazo —refiere el amanuense— está delirando… O es un genio.
Aleks Syntek se comparó con Jesucristo, con mi Virgencita de Guadalupe y acusó de locura a Benito Juárez. "El Chavo del Ocho", el “Chicharito”, a México… ¡Todos están locos! "Sí, sí estoy desequilibrado mental"… A eso me refiero cuando exijo poner atención a los temas de salud mental —explica el periodista a Brenda, su siempre amable waitress—.
En la Alemania Nazi, la de Hitler, la censura ideológica —a la que el periodista denomina: la narrativa de la intolerancia— llevó al Tercer Reich a crear el Ministerio de Propaganda. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis mataron a 67 periodistas. En Nicaragua, Daniel Ortega ordenó el cierre de 61 medios tras anunciar que nunca tendrán más elecciones. Unos 293 periodistas y comunicadores fueron exiliados.
En Rusia también se registra una grave crisis ante la intimidación de Vladimir Putin. Desde la invasión a Ucrania en 2022, más de 150 reporteros fueron amenazados, 14 ejecutados y 50 fueron apresados con base en su Ley sobre la Restricción del Acceso a la Información, que implica, incluso, tortura ante la desobediencia informativa.
Y desde hace unos días, en Estados Unidos ocurre algo similar. Su soberbio presidente solo quiere halagos y no tolera la crítica. De forma vergonzosa “corrió” a reporteros de las coberturas informativas en la Casa Blanca. Con sus arranques demenciales censura a quienes cuestionan y evidencian sus actos prepotentes de guerras, genocidios y exterminios de naciones con “su ejército”. Y se creía merecedor del Premio Nobel de la Paz.
Pena de muerte
Trump recibió en las escalinatas del avión al mandatario Xi Jinping en la Base Andrews. No lo había hecho con nadie. Son líderes soberbios e intimidantes. China sostiene la pena capital por crímenes como el asesinato agravado y el tráfico de drogas y le “sugirieron” a Trump un “castigo severo o pena de muerte” para traficantes de fentanilo.
Desde atávicos tiempos, la pena de muerte ha sido usada por prácticamente todas las sociedades, incluso México. En los tiempos de sometimiento político, principalmente en la Independencia y la Revolución, los fusilamientos a los enemigos marcaron la rebelión por la libertad, que al final es la causa de las guerras.
De acuerdo con Amnistía Internacional, hoy 54 países aplican la pena de muerte; 9 la mantienen para crímenes cometidos en circunstancias excepcionales, como son los prisioneros de guerra por espionaje; 23 conservan leyes que la aplican para crímenes ordinarios; y también están quienes, aunque aseguran su abolición, la practican para ejecuciones extrajudiciales, como Venezuela, Cuba, Nicaragua, Rusia y Palestina.
En mayo, Washington acusó a Pekín de ser el principal proveedor de los precursores químicos que los cárteles mexicanos utilizan para producir fentanilo y de no hacer lo suficiente para impedirlo. Incluso Trump les pidió “matar” a los culpables. China, aunque negó que sea así, aplica ya la pena de muerte en casos de contrabando, venta, fabricación o posesión ilegal de fentanilo.
Esas son las discusiones en la cima. Abajo se defiende la soberanía que, tristemente, han pisoteado esos cárteles a los que quieren exterminar… Los locos encuentran en matar su afición de poder… De fondo se escucha: Y no voy a permitir que me traicione el corazoooón… Nos vemos en otro Sótano. Mi X @raulmandujano

