La aprobación ciudadana de la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez, ofrece una lectura interesante sobre la política y la comunicación pública. Reúne componentes clave que permiten una aproximación al entendimiento del resultado. Estilo discreto congruente con su imagen de sencillez, cercanía y moderación; además: identidad política, programas sociales, obras visibles, marca partidista y comparación con gobiernos anteriores.
Bajo perfil no significa invisibilidad
Delfina Gómez no construye su liderazgo mediante una presencia mediática estridente, confrontaciones constantes o una narrativa personalista. Su comunicación privilegia: sobriedad, sencillez, contacto con obras y servicios públicos, repetición de mensajes institucionales, y -en el actual ejercicio de gobierno- asociación con valores de honestidad, cercanía y servicio.
En un contexto donde la ciudadanía suele desconfiar de la publicidad política excesivamente elaborada, una gobernadora que habla poco, evita la grandilocuencia y aparece con una imagen relativamente austera puede ser percibida como menos artificial y produce la percepción de autenticidad.
Su comunicación no intenta presentarla como una líder carismática o dominante, sino como una gobernante trabajadora y prudente. La imagen personal funciona como un mensaje: no soy parte de la política ostentosa que tradicionalmente gobernó el Estado de México.
La aprobación más territorial que mediática
La ciudadanía no evalúa a una gobernadora únicamente por sus intervenciones en medios. Una gobernante de bajo perfil puede tener una alta aprobación si su nombre está vinculado a beneficios concretos o a una expectativa política de transformación. La comunicación puede ser indirecta: la ciudadanía no sigue diariamente a la gobernadora, pero reconoce una beca, un apoyo, una obra o una política pública asociada con su administración.
La marca partidista funciona como amplificador
La aprobación de la gobernadora tampoco debe analizarse exclusivamente como una evaluación individual. En el Estado de México existe un componente partidista importante. De esa forma, la aprobación gubernamental puede estar vinculada con: valoración del proyecto de la Cuarta Transformación, popularidad del gobierno federal o de sus programas, identificación con morena, rechazo o desgaste de los gobiernos priistas anteriores y percepción de que la mandataria representa un cambio histórico en la entidad.
De esa forma se combinan: evaluación personal, evaluación del gobierno y respaldo al proyecto político que encabeza.
La comparación con el pasado es central
La ciudadanía puede aprobar a una administración no porque todos sus problemas estén resueltos, sino porque la percibe como una ruptura con el pasado. En ese marco, la baja estridencia de Delfina refuerza la idea de contraste: una gobernadora menos asociada con el lujo, la arrogancia o las prácticas tradicionales del poder mexiquense.
Ahora, con motivo del Tercer Informe de Gobierno, la comunicación reciente del gobierno mexiquense transita del lema “El Poder de Servir” a “El Poder de Cumplir”. El cambio desplaza el énfasis desde la identidad moral hacia los resultados. La estrategia de posicionamiento -durante el periodo de promoción que permite la ley- muestra a la gobernadora en obras e instalaciones públicas, en lugar de colocarla únicamente detrás de un escritorio o en actos protocolarios.
La obra funciona como escenografía, pero también como argumento: la gobernadora no necesita hablar demasiado si aparece asociada visualmente con aquello que el gobierno presenta como resultado. En este modelo, la comunicación opera mediante una fórmula sencilla:
Obra visible + imagen austera + mensaje breve = percepción de gobierno activo.
La aprobación, entonces, no depende de que la titular del Poder Ejecutivo sea una comunicadora de alta exposición, sino de que su imagen aparezca conectada con acciones que la ciudadanía reconoce o que el gobierno logra instalar en la agenda pública.
Aprobación no equivale a satisfacción plena
Es pertinente evitar una lectura triunfalista. Las encuestas muestran una aprobación relevante, pero no necesariamente una aceptación incondicional. En septiembre de 2026, una medición de MetricsMX reportó 69.1% de aprobación; sin embargo, la categoría más frecuente fue “aprueba algo”, con 38.3%, frente a 30.8% que dijo aprobar “mucho”. La seguridad aparecía como la principal demanda ciudadana.
Esto sugiere que la aprobación puede ser positiva, pero moderada. Basada en expectativas más que en resultados concluyentes. La ciudadanía puede decir “apruebo a la gobernadora Delfina” y al mismo tiempo exigirle mejores resultados en seguridad, movilidad, agua o servicios médicos.
Los ajustes
Después de tres años de gobierno, ya no basta con la legitimidad de origen ni con la ventaja simbólica de representar un cambio político. El gobierno debe demostrar capacidad para resolver problemas complejos. Un gabinete que fue útil para iniciar la administración no necesariamente es el mismo que se necesita para consolidarla.
Ante los ajustes que la misma gobernadora anticipó, éstos no deberían responder únicamente a cuotas partidistas, lealtades personales o movimientos internos. Tendrían que basarse en resultados: qué secretarías cumplen, cuáles no comunican adecuadamente, dónde existen rezagos y qué funcionarios tienen capacidad para enfrentar la segunda mitad del mandato.
La gobernadora puede mantener su estilo sobrio y discreto. No necesita convertirse en una política estridente. Pero sí necesita un gabinete más exigente, más visible en la rendición de cuentas y más eficaz frente a los problemas que la gente enfrenta todos los días.
Porque el bajo perfil puede ser una virtud personal. Pero un gobierno de alta complejidad necesita resultados de alto impacto.

