Javier Ortiz de Montellano

DigitalMex - Periodismo Confiable

Javier Ortiz de Montellano

DIGITALMEX PERIODISMO CONFIABLE

Javier Ortiz de Montellano

Articulista invitado

¨Nos hemos convertido en verdaderos espías porque, al mismo tiempo, hemos deja­do que nos vigilen en todo momento¨. Peter Szendy, filósofo teórico de la multiplicación de las imágenes en la sociedad contemporánea

Hoy en día nadie pone en duda la redoblada importancia que los medios de comunicación tienen para la confinada sociedad actual del infocapitalismo domiciliado, base del comercio electrónico online que amortigua la parálisis provocada por el Coronavirus.

Estos meses de confinamiento serán recordados por muchas personas por sus diversos sufrimientos, pero también positivamente debido al uso intensivo del formato de la pantalla partida y compartida. En efecto, una mayor parte de nuestras interacciones, forzosamente a distancia por la pandemia, han tenido lugar en forma más fácil y frecuente gracias a los avances previos en las tecnologías de la información y de la comunicación para ofrecer dinámicas imágenes en tiempo real entre conversadores distantes, acercados virtualmente, pero simbólicamente separados por un recuadro en la pantalla.

A medida que las plataformas virtuales de videollamadas incrementaban usuarios exponencialmente, la pantalla partida y compartida se ha convertido en la forma segura de comunicarse colectivamente para trabajar y el modo familiar de dar a conocer, ¿inspeccionar?, recíprocamente las vidas interiores y sucesos cotidianos de los alejados integrantes de las familias.

Pero también se ha convertido en la manera de transmitir (tele)educación y comunicarse para informarse e intercambiar opiniones y datos simultáneamente, mediante la multiplicación de pantallas virtuales dentro de otras pantallas reales, individuales. Logra así superponer en un mismo plano múltiples puntos de vista.

Esto representa fielmente el locuaz reflejo del hipertrófico modelo visual hípervigilante y cacofónico del viral mundo del Hípercapitalismo actual, acelerado aún más en lo digital por el aguijón de las pandemias y otros males provocados por el cambio climático que, por otra parte, obstaculizan el óptimo funcionamiento del agónico sistema económico mundial.

Además, cada vez más las pantallas se utilizan para el consumo de cultura y la organización de todo tipo de encuentros digitales que pueden grabarse, reproducirse y compartirse por la red de internet, mediante you tube y otras plataformas alternativas para videos. Se pueden ver desde películas, series, conciertos, ópera, etc, en pantallas gigantes, hasta conversaciones individuales o colectivas ¨secretas¨ o al menos supuestamente confidenciales, ¨en vivo¨ por internet, porque aunque éstas estén encriptadas, no hay defensa completa contra el espionaje o hackeo de los expertos en acceder sin autorización a los archivos electrónicos.

Aunque en esta época de exhibicionismo narcisista voluntariamente ofrecemos a los dueños de las platafor­mas que usamos un rastro de información personal mediante el cual ellos pueden saber nuestros gustos y obsesiones, los lugares que ha­bitamos y frecuentamos, con quién nos relacionamos, etcétera. Somos nuestros propios espías.

Paradójicamente, las pantallas pueden servir para bien o para mal, según el uso que se les dé. Pueden subrayar sentimientos tan actuales como la incomunicación real en una era tan hiperconectada como la nuestra, o usarse como cámara vigilante neutral en una especie de panóptico carcelario generalizado como elemento de control. O puede convertirse en un factor de liberación al captar objetivamente los datos de sucesos controvertibles que posiblemente ayuden a capturar criminales o sirvan para exonerar a inocentes, etcétera.

Por otra parte, resulta interesante que la pandemia ha fomentado en algunos países la implementación de tecnologías en pantallas de teléfonos celulares para ayudar a contener o reducir el contagio mediante aplicaciones de rastreo de contactos. Estas plataformas buscan identificar y notificar a aquellos que estuvieron en contacto con una persona diagnosticada con CoVid-19 para luego hacerles pruebas y ponerlos en cuarentena, si fuera el caso.

En fin, la pantalla partida es la representación del tiempo y el espacio de la pandemia. La pantalla compartida es la metáfora visual perfecta de la espectacular era del encierro en la que los amenazantes virus nos obligan a vivir, para sobrevivir. Debido a ellos estamos juntos pero separados, conectados pero aislados, mantenidos a una prudente distancia.

Es como si una pantalla única ya no fuera suficiente para reflejar y comunicar toda la complejidad del presente.

Junio 2020

 

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