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Publicado en Opinión

El ganso se hace pato

Miércoles, 08 Mayo 2019 00:06 Escrito por 
El ganso se hace pato Lo bueno, lo malo y lo serio

El nuevo gobierno federal liderado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, llenó la cartera de los ciudadanos de grandes esperanzas en su camino a la presidencia, especialmente en el ámbito económico y de seguridad. La repetición hasta el cansancio de ser diferente a todos los demás generó una gran expectativa, las promesas de un valiente guerrero que enfrentaba a una aristocracia que por mucho tiempo se había hecho del poder, lo hizo surgir como el mesías que enviado de los alcances divinos traería la recomposición social y el rescate de los millones de pobres que desde épocas inmemorables existen en el país, acentuada en los últimos años.

El enfrentamiento con la clase gobernante y al mismo tiempo, para el líder morenista, la más privilegiada, junto con los dueños del dinero, formaron lo que bautizó como la mafia del poder. En el mismo sentido se encontraban los políticos del PRI, PAN, posteriormente PRD y todos los demás, con excepción claro, de quienes decidieron hacer coalición con su partido, para desmarcarse de ese lado obscuro de los mexicanos que se beneficiaron de los más pobres.

Con frases pegajosas el lopezobradorismo se adueñó sistemáticamente de cuanto ciudadano conquistaba con sus promesas, o con el control del rencor y el odio con el que obligó a ver a los que para él se habían apoderado del poder para su beneficio, sin la menor intención de soltarlo, a base de trampas electorales, fraudes, propaganda negra y todo lo que se utiliza en las campañas electorales.

Como defensor de los más necesitados y habiendo elegido al enemigo, López Obrador se disfrazó de pobre, de humilde, dando la impresión de ser quien podría rescatar los principios morales del pueblo, al que le agregó el calificativo de ser bueno y sabio. Con ello sabía que sumaría más seguidores a su movimiento, el cuál cada vez se veía mas fuerte.

Sus adversarios, como comúnmente identifica el tabasqueño a quien no concuerda con sus ideas, eran el enemigo ideal, pues sin mayor esfuerzo, con el tiempo sepultó la creencia de que alguno de ellos pudiera hacer frente a tan portentoso candidato a la presidencia de México. No había, ni por asomo, quien se acercara a las preferencias electorales de las que gozaba.

Las “benditas redes” tuvieron gran impacto durante su campaña, lo sabe perfectamente el que hoy ocupa la silla del águila, como también de la existencia y el uso de los bots y trolls, y que ahora señala con el dedo flamígero, es parte de lo que a la fecha se ha venido haciendo costumbre, acusar a otros de lo que alguna vez se utilizó en su favor.

Pues bien, al tiempo de señalar a sus opositores como conservadores, el presidente dice traer ideas nuevas, frescas, de una vitalidad y energía tal que harían despertar la economía, con seguridad y bienestar para todos los mexicanos, con el rescate de los más pobres. Para lograrlo era lógico creer que ya todo lo tenía bien planeado, porque después de 18 años en campaña, algo traía en su proyecto que obviamente haría olvidar pronto a la mafia del poder.

Sin embargo, las grandes promesas, muchas veces con los primeros tropiezos se hacen ver monumentales, apresurado en la ambición por querer imponer un nuevo régimen, de una altura que sería reconocido, como es su deseo, en el ámbito internacional, centró sus ideas en un plan más antiguo que los que se relatan en los libros de historia, porque además no se inmuta en señalar que su inspiración la apoya en los héroes que en su época lograron forjar una concepción del México que para entonces era necesaria.

Sólo que a López Obrador se le olvidó darle vuelta a las páginas de esos libros, lo que en aquella época funcionó, en la actualidad realmente resulta contradictorio, en un mundo cada vez más globalizado, es un desperdicio emprender políticas rancias, rescatar una constitución, leyes, actitudes y costumbres del pasado, simplemente no aplica en la actualidad.

Con sus decisiones el nuevo presidente ha dejado más preocupación que certeza. La lógica dice que pasando los meses la aceptación de los ciudadanos respecto del titular del ejecutivo decrecería, y es como viene sucediendo, en una encuesta que llevó a cabo México Elige, reporta que su nivel de aceptación fue de 55% en el mes de mayo, cuando en abril se reportó 62%, siendo febrero el nivel más alto con 73%, no se necesita ser mago para adivinarlo, en especial, cuando la vara se pone demasiado alta, la necedad choca mil veces con una realidad aplastante.

Las determinaciones impuestas en su gobierno no tienen marcha atrás, muchos consideran que va a recular en las que se consideran más preocupantes, por ser a todas luces graves, pero hay algo que ha dejado en claro el presidente, no dará un paso atrás, así sea con necedad pelear hasta lo último por unos resultados que se empeñan en decirle una verdad que no quiere escuchar.

Es AMLO el primer presidente de la época moderna que tiene una victoria en las urnas tan aplastante que le alcanzó para hacerse de todo el poder que pudo haber deseado, con el congreso en sus manos y más recientemente con el poder judicial que poco a poco ha ido cediendo ante el poderoso, sin contar desde luego con las fuerzas armadas que de pronto y sin mayor explicación, porque al parecer considera que no hay porque darla, se volvieron constructores, ingenieros, empresarios, y con mucho más poder incluso para ordenar investigaciones. Se servirán con la cuchara grande por medio de la guardia nacional, que no es militar, pero tampoco civil pero con adiestramiento militar, bueno, es algo que a la fecha no han dado los genios del nuevo gobierno la explicación debida.

No obstante, la terca realidad le juega chueco al originario de Macuspana, los números en seguridad le hacen ver mal en su estrategia, la economía le pinta un panorama preocupante, el abandono de proyectos que redituaban al país han sido desechados por ser parte de lo que se empeña en desaparecer, sus promesas de campaña, unas a medias, otras, como el ofrecimiento de bajar la gasolina que subió por culpa de Peña Nieto según él, subió aún más, y en este sentido se entendería que los precios se fijan no por voluntad propia del presidente, pero es aquí en donde el ganso se hace pato, porque el impuesto se sigue cobrando por igual y ha distraído a la opinión pública señalando a los empresarios de las gasolineras, por sus precios en un mercado de competencias, pero de que ha bajado, nomás no.

 

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Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio