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Pinceladas de sentimentalismo

Miércoles, 15 Mayo 2019 08:58 Escrito por 
Pinceladas de sentimentalismo Matices

Desde que nacieron mis hijos me propuse llevar a cabo un registro sobre su desarrollo; la experiencia resultó más fructífera de lo que supuse en un primer momento. Me permitió evitar las innecesarias –pero frecuentes– comparaciones en que solemos incurrir los padres y, sobre todo, entender que son distintos no sólo por el hecho de tener una distinta configuración cromosomática, si no porque cada uno tiene su propia personalidad, gustos, disgustos y aptitudes.

Dicho registro escritural no es algo que yo realice todos los días, y tampoco lo hago en fechas específicas; más bien ocurre cuando acontece algo que considero que más adelante ellos mismos deben saber, porque les pertenece, porque forma parte de su vida, de su formación, de su pasado. He tratado de incluir tanto las fechas en que empezaron a caminar, como sus primeras palabras, o aquel día en que él contemplaba sus manos con total asombro –blancas y tremendamente gordas– o cuando ella aprendió a chasquear con los dedos y a sonreír con el corazón.

Sin embargo, me había olvidado de lo importante que resulta saber de dónde somos o de dónde venimos; quiénes son nuestros antepasados y a qué se dedicaban.

Identificar rasgos y raíces familiares, bosquejar la vida de quienes nos antecedieron, de esa cantidad de recuerdos que es irremediablemente forman parte de su vida.

En ello radica mi interés por recuperar la historia familiar y escribirla para ellos. Me seduce la idea de que conozcan sus raíces, que se sientan orgullosos –como yo– de que mi abuelo materno hubiera querido ir a la Revolución, porque además de amar la vida hasta sus noventa y seis años, nunca logró entender por qué tenía que matar a personas que él no conocía; pero que, sobre todo, nunca le habían ofendido.

Compartirles algunos de los muchos recuerdos de la infancia de mi padre que él me ha contado muchas veces, ese que se asocia con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Él cuenta que mi abuelo les leía diariamente el periódico, para poder enterarse de la situación que imperaba en la mayor parte de Europa y Asia debido a esta conflagración mundial.

Él recuerda que entre las conversaciones escuchaba hablar de la disciplina de los alemanes hacia Hitler y de lo atentos que estaban los gringos para entrar a la guerra en cualquier momento. Tiempo después él supo que cuando se tiraba en el pasto para ver pasar los escuadrones de aviones por los cielos, era porque México había declarado la Guerra al Eje Berlín–Roma–Tokio, después de que los alemanes hundieran el buque petrolero “El Llano”.

Estas líneas son recién el comienzo de esos rasgos y raíces familiares, son tan solo un bosquejo de la vida de quienes nos antecedieron, de esa cantidad de recuerdos que quiero que pasen a formar parte de la memoria compartida.

Voy a seguir reconstruyendo esas vivencias, evocando ese pasado, rescatando toda esa historia en común que nos vincula a través del tiempo, desarrollando relaciones parentales y fraternales.

 

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Ivett Tinoco García

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