A la luz de tu ángel

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A la luz de tu ángel

Miércoles, 24 Julio 2019 09:15 Escrito por 
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Querida Kathryn:

Éste ha sido un día difícil. Estaba cerrando mi texto semanal cuando recibí la noticia de tu partida. Intenté continuar, pero los recuerdos se concentrraron de golpe entre el pecho y la garganta.

Lo primero que pensé fue en ese momento cuando –tú misma cuentas– te encontraste con “El Diario de Burdeos”, el último cuaderno de viaje que llevaba consigo Antonieta Rivas-Mercado antes de su suicidio, en la Catedral de Notre Dame en 1931. Yo sabía que “El Diario” era algo muy importate para ti, tenías ya varios años intentando “rescatarlo”, pero sin éxito.

Corría el año de 2013, durante el mes de Octubre el clima frío de la ciudad de Toluca empieza a ser más condundente, las mañanas son frías y humedas, aunque las tardes suelen ser casi sofocantes. Así, en medio de ese hóstil clima llegaste tú, apoyada en tu “Ferrari” –como solías llamarle a tu silla de ruedas– serena, elegante, cautelosa, acompañada a tus costados por Vivian y Ana Curi.

Estaban ahí para visitar el “Museo de Historia Universitaria”. Recorrieron sin prisa cada una de las salas, mostraste interés por diversos objetos exhibidos, incluso, preguntaste por algunos detalles. Como era también una de tus características, terminaste dándonos clases, confirmando tu pasión por la historia de México.

Y así fue como llegaste a tan importante cita, tú lo sabías y esperaste serena: la última sala estaba reservada para ti y para Antonieta, para ese encuentro tan anhelado y tan postergado involuntariamente.

Tu mirada, enmarcada esos enormes anteojos rojos, se fijaron en cada una de las páginas de “El Diario”. Lo tomaste entre tus manos, lo hurgaste intentando descifrar algunos de los signos manuscritos, casi ilegibles. Nunca te pregunté qué fue lo que pasó por tu mente en ese momento, lo que sí recuerdo fue ese largo y profundo suspiro, como si tu alma hubiese encontrado un poco de consuelo ante la presencia de la ausencia: la de Antonieta y la de Donald, madre e hijo.

Ese encuentro no era sólo importante para ti, lo era también para una institución que –mediante este, aparentemente, sencillo gesto– reivindicaba las inexplicables negativas que impedieron a Donald, único hijo de Antonieta, conocer esa libreta viaje antes de su muerte. Donald –como hoy en día muchos saben– contaba con apenas 11 años cuando se trasladó junto con Antonieta a Burdeos. Nadie podía imaginar que ella iba a su encuentro con la muerte y él, él sería marcado de por vida por tan inexplicable decisión.

Problablemente algunas de las razones de Antonieta podrían estar en ese “Diario” que, por azares del destino, terminó como parte del acervo cultural de una institución de educación. Algunos pensaban que, sin importar el valor sentimental y personal hacia un objeto, si éste forma parte de un legado institucional es intocable. En cambio, otros pensaban que el hecho de permitir a los familiares, e interesados en el tema, acercarse a dicho objeto no restaba un ápice de su valor intrínseco.

Tu presencia en esa fría ciudad y en ese pequeño museo fue una forma de contribuir a la tarea de reconciliación y reivindicación que tú misma habías iniciado años atrás, no sólo con tu familia, sino con un pueblo entero que ansiaba conocer la verdad.

“A la sombra del Ángel” te consagró como una gran escritora, al tiempo que trazó con claridad las huellas que dejó Antonieta Rivas-Mercado en la cultura de este país. Tú hiciste visible el sentir y callado reconocimiento de quienes le conocieron. Tú, al igual que Antonieta, sabías que tenías la cabeza en ebullición, con la capacidad de detonar proyectos y ese don de iluminar.

Katty: Gracias por enseñarme a cultivar la mente y ampliar mis horizontes. Gracias por ese mole negro compartido la última vez que tuve oportunidad de disfrutar de la vida con tu generosa compañía. Gracias por pasar por mi vida y gracias por cambiarla, transformarla y redimensionarla. Me quedo admirando siempre tu inteligencia, tu alegría, tu elegancia, tu sencillez, tu grandeza, siempre A LA LUZ DE TU ÁNGEL…

Kathryn S. Blair: gracias por todo, y por tanto.


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Ivett Tinoco García

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