El principio del placer

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El principio del placer

Miércoles, 31 Julio 2019 00:06 Escrito por 
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Una de las cosas que más disfruto es comer, desde una gordita de haba, pasando por unos buenos tacos, unos tamales, una sopa de lentejas, unas tortitas de papa, unos chiles en nogada, un buen mole poblano, un cocido maragato, una paella, un ajiaco o un buen bife. ¡Y de los postres, ni hablar! para mí, la comida siempre ha sido un largo camino para llegar al postre. Aquí ello radica, para mí, el placer por prinicipio.

Como buena mexicana disfruto comer en casa, tanto como vivir la experiencia “banquetera”, esa que implica comer de pie y con las manos, que nos hace sentir una emoción gastronómica difícil de explicar, pero que está enraizada a nuestra vida misma, a nuestras sensaciones, a nuestros gustos, incluso a nuestros estados de ánimo.

Disfruto comer casi tanto como cocinar así que, cuando tengo oportunidad, lo hago. Quizá es porque, para mí, ambas actividades implican siempre buena compañía y una buena charla. En casa de mis padres, la cocina es el punto de reunión por antonomasia para encontrarnos en familia, entre hermanos, con nuestros padres; como en los buenos tiempos, como antes, como ahora.

¿Cuántas veces llegamos a un lugar en el que –inevitablemente– su aroma nos hace cerrar los ojos para transportarnos a un espacio y un momento determinado?

Tengo presente, como si hubiera sido ayer, la mañana en casa de Zenaida e Ismael, mis abuelos materos, el aroma de los chilaquiles verdes preparados con epazote, y un café de olla endulzado con piloncillo. Lo recuerdo nítidamente, aunque hayan transcurrido casi 35 años, aunque ya no exista aquella bugambilia morada en la entrada del corredor, aquel patio empedrado, aquel pozo de agua salada, aquella casa de adobe y teja.

Aunque mis abuelos ya no estén físicamente, su recuerdo sigue intacto y asociado a los aromas emanados de aquella cocina…

La comida, sus sabores, pero –particularmente– sus olores se almacenan muy detro de nosotros, así como la experiencia y el sentir. En mí se han almacenado el olor a tierra mojada, el mole negro, el pan de amasijo con nata, un buen café. Los domingos de recalentado…

Y para ti ¿cuál es el principio del placer?

 

 


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Ivett Tinoco García

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