Mostrar nuestra expresión desde un lugar distinto

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Mostrar nuestra expresión desde un lugar distinto

Jueves, 29 Abril 2021 04:27 Escrito por 
Marcela Hernández Montiel Marcela Hernández Montiel Visión Holística

Quizá nos hayamos olvidado, pero todos hemos sido niños. Niños que jugaban, exploraban y hacían volar su imaginación...

Hasta que fuimos creciendo y para muchos, nuestras ilusiones chocaron contra el muro que los adultos llaman “realidad”.

 

 

Un muro que comenzamos a construir al iniciar nuestros estudios académicos y profesionales. ¿Cuántas veces nos dijeron que no podíamos ganarnos la vida haciendo lo que nos gusta? De tanto oírlo, la mayoría nos lo terminamos creyendo, dejando nuestros sueños de lado.

Cada uno de nosotros hemos nacido con un potencial, con un talento y con una misión determinados, entonces ¿por qué en general nos dedicamos a profesiones que poco o nada tienen que ver con nuestra verdadera expresión? La respuesta se encuentra en nuestro cerebro. Este órgano está dividido en dos: el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho. Ambos están separados entre sí, tan sólo unidos por un cuerpo calloso (un conglomerado de fibras nerviosas) a través del que se transfiere información de un lado al otro. Cada uno está relacionado con áreas y funciones diferentes.

El hemisferio izquierdo, por ejemplo, es el responsable del lenguaje verbal, de la capacidad de análisis, de la resolución de problemas matemáticos y el pensamiento lógico y racional. Es el más intelectual y convencional de los dos; se le da muy bien absorber y almacenar información teórica y numérica, como nombres, definiciones o fechas. Por el contrario, tiende a controlar e inhibir sus sentimientos. Es el encargado de la organización, el orden, la estructura y la planificación. Y utiliza el miedo para protegernos y mantenernos a salvo de potenciales amenazas y peligros.

Este hemisferio busca certezas y solamente se fija en la dimensión física, cuantitativa, tangible y material de las cosas. Le encanta etiquetar con palabras todo lo que percibe. El hemisferio izquierdo también es especialista en descomponer y fragmentar la realidad en piezas, analizando estas una por una para extraer conclusiones objetivas y deducciones empíricas. Solo considera válida aquella información que pueda demostrarse a través de hechos irrefutables, resultados medibles y datos estadísticos.

El hemisferio derecho, por otra parte, está más vinculado con la experiencia cenestésica y sensorial de todo aquello que sabemos que no puede expresarse con palabras, y que no por ello es menos real. Este hemisferio nos conecta con la dimensión emocional y espiritual de nuestra condición humana; nos permite sentir la parte cualitativa, intangible e inmaterial de las cosas. No tiene sentido del tiempo y está totalmente centrado y arraigado en el momento presente. Destaca por su empatía, su compasión y su destreza para detectar los aspectos no verbales de la comunicación. Tiene una visión holística de la realidad, concibiéndola como una unidad donde todo está integrado e interconectado.

Entre otros dones, el hemisferio derecho nos permite desarrollar la intuición, la imaginación, la innovación y el pensamiento creativo; tiene facilidad para visualizar ideas e inventar cosas que no existían y que aparentemente no eran posibles. Y gracias a esta facultad, nos permite evolucionar y progresar como individuos y como sociedad. De forma subjetiva, nos proporciona revelaciones, aumentando nuestra comprensión y sabiduría acerca de quiénes somos y cuál es nuestro propósito en la vida. En definitiva, nos nutre de confianza para atrevernos a seguir nuestra propia voz interior y, en consecuencia, recorrer nuestro propio camino.

 

 

Los neurólogos han descubierto que ambos hemisferios actúan a la vez. Ninguno de los dos es más importante que el otro; más bien son complementarios. Por ejemplo, el hemisferio izquierdo coordina el movimiento de la parte derecha y el derecho, de la parte izquierda. El reto es encontrar el equilibrio entre uno y otro, sacando así el máximo provecho de nuestro cerebro y, en consecuencia, de nuestro potencial como seres humanos.

Al día de hoy, la mayoría de nosotros estamos gobernados por el hemisferio izquierdo, no es casualidad que nueve de cada 10 personas seamos diestros, o que el pensamiento lógico y racional gobierne nuestra toma de decisiones profesionales.

LA IMPORTANCIA DEL HEMISFERIO DERECHO

El hemisferio izquierdo del cerebro sigue siendo el único protagonista en las aulas. La inteligencia y el valor de las nuevas generaciones se sigue midiendo con la puntuación o las calificaciones que los estudiantes sacan en los exámenes. Esta forma de encasillar a la inteligencia está avalada por todos los centros académicos oficiales contemporáneos, ya sean colegios, institutos o universidades. Y es que seguimos creyendo que el pensamiento lógico y el conocimiento racional son superiores a la intuición, la imaginación y la creatividad.

Los actuales tests miden cierto tipo de inteligencia, pero dejan de lado muchos aspectos y cualidades de la misma. Hay tantas maneras de expresar la inteligencia como seres humanos hay en este mundo. Y al igual que la capacidad de razonar nos viene de serie, el pensamiento creativo es inherente a nuestra condición humana.

Si bien las habilidades del hemisferio izquierdo nos han dado buenos resultados a lo largo de la Era Industrial, para la Era del Conocimiento que está emergiendo ya no van a ser suficientes. Ha llegado la hora de potenciar nuestro hemisferio derecho y promover un sano equilibrio entre ambos. Para lograrlo, el reto es descubrir un medio profesional para canalizar todo el potencial innato que reside en nuestro interior.

De pronto encontramos la manera de conjugar una serie de elementos que antaño parecían contradictorios e incompatibles, como por ejemplo la pasión con la profesión o la vocación con el dinero. Y son este tipo de revelaciones las que nos aportan a nuestro hemisferio derecho. Ha llegado el momento de escuchar lo que a cada uno de nosotros tiene que decirnos. Eso sí, en vez de hablarle a nuestra mente con palabras, se comunica a través de lo que sentimos en nuestro corazón. El quid de la cuestión es si somos lo suficientemente valientes como para escucharlo, seguir sus dictados y comenzar a expresarnos más desde nuestro hemisferio derecho.

 

Marcela Hernández Montiel. Terapeuta Holística, Terapeuta Floral, Asesora en Nutrición y en Transformaciones Vitales.
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