A la memoria de Germán García Moreno

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A la memoria de Germán García Moreno

Lunes, 27 Junio 2022 00:27 Escrito por 
Gilda Montaño Gilda Montaño Con singular alegría

Hubo en este estado, un político singular, lleno de personas que lo seguían, porque lo querían. Inteligente, generador de hermandad y con un gran amor a la cultura, pero más a sus semejantes y a sus hermanos. Merece mil aplausos por su liderazgo hasta el final de su vida. Sus hijos, su esposa y sus amigos, fueron esa vida. Era, además de profesor, un gran maestro. Germán García Moreno se llama. La vida entera del estado se la sabía de memoria. Si lo quiere encontrar, está en la estrella más luminosa del firmamento. Allá hablando con el Gran Arquitecto del Universo.

Germán era un hombre muy alto, blanco y, según me cuenta mi amiga Gloria Libién, inmensamente guapo. Por eso le pusieron el sobrenombre de Germango. Lo hicieron con mucho respeto. Era más joven que las normalistas de esa época, y ellas lo decían con gran cariño. Existe una anécdota preciosa, en donde él estaba en la parte de abajo de las escaleras del edificio de la Normal de Maestros, y de sopetón se lo encontraron todas las muchachas.

Bajaron de dos en dos, las escaleras, y le hicieron bolita y lo abrazaron todas. Él estaba rojo, rojo. Era el joven acurrucado entre los que lo querían. Y así trascendió.

Hace menos de tres meses tuve oportunidad de hablar con él. Era un desayuno, en una esquina muy cerca de su casa, en mero Toluca, cerca de Colón y Villada. Llegó un poco tarde, porque se había ido a correr al parque Alameda 2000. Yo lo esperaba con muchas ganas, porque sabía que, por él, me habían incluido en el libro de las memorias de nuestro queridísimo Ignacio Pichardo Pagaza.

Recuerdo perfecto ese día, porque por más de diez veces, me corrigió el sentido de la historia que yo había tenido de varios hechos que no eran correctos. Lo que sí sé, es que fue un extraordinario secretario particular del gobernador de aquella época, que no fue nada fácil. Para gobernar, no se necesita solo inteligencia y astucia, sino una gran percepción de las cosas, y la intuición y lealtad a flor de piel que tenía Germán.

Aún recuerdo cuando en una ocasión se salió de la reunión de gabinete, un delegado mega importante de aquella época, y con gran aplomo e inteligencia, Germán se paró ipso-facto, a componer la situación. Y el delegado regresó.

Y este relato que hago, no es solo de un ser humano que fue leal y honesto con su jefe y compañeros. Eso lo tenía que hacer y ser. Era su obligación. Lo escribo porque por su oficina pasaron los problemas más difíciles que se tenían que componer en ese momento, estuviera o no el gobernador. Porque a como diera lugar, lo buscaba hasta por debajo de las plantas y hojas, y componían al estado. Al poderoso Estado de México. Nunca se salió de su oficina. Él y Julián Salazar estaban 7 por 24 horas, todos los días.

Hay de secretarios particulares, a secretarios. Germán había sido el líder del sindicato de maestros de nuestro estado, y él sabía cómo manejar a quienes se le pusieran enfrente. Chaparros, altos; empresarios, personas con valores o sin ellos; periodistas y miembros del gabinete legal y ampliado; universitarios, maestros; obreros, campesinos; ejidatarios, terratenientes; líderes y quien estuviera enfrente. Lo que él sugería con respeto y con una voz pausada e inteligente se tenía que hacer, porque lo mandaba decir el señor gobernador. A mí me tocó estar cerca de él 4 años. Y lo supe de memoria. Y bien que le hacíamos caso.

Un día en el Centro Cultural Mexiquense, enfrente del volcán, me preguntó que cómo se llamaba este. Por supuesto, le dije que “El Nevado de Toluca”. Me dijo: te lo tienes que aprender ya: se llama Xinantecátl. ¿Y la plaza de enfrente del palacio de gobierno? Pues la Alameda, le contesté. No niña, me dijo: se llama La Plaza de los Mártires. Apréndetelo de memoria.

Seguimos desayunando aquel día cercano que les platico. Era allá por enero o febrero. Aprendí de él cosas interesantes de este estado, que yo no me sabía. Política y más política. Dos horas. Hablé luego con él algunas veces más.

Ya no pude encontrarlo. Me comunicaba muy seguido, con Germán, su hijo. Otro hermoso ser humano.

El día de su partida, le llamé por la mañana a Germán hijo. Lo había hecho antes, y no me había contestado. Ese día sí lo hizo. Me dijo que su padre estaba ahora realmente malito. Qué tristeza fue para mí, dos horas después, ver su foto con una gran sonrisa. Así de elegante y lleno de vida como era. Detrás de él, un cuadro del entrañable Leopoldo Flores. Al final decía: Hoy y por siempre disfruta plenamente de esa bella locura, que es la cultura. Pero no solo de eso, yo añadiría de haber hecho unas muy buenas políticas públicas para el Estado más importante de la República mexicana, y haber acompañado a un grupo de hombres y mujeres, que queremos entrañablemente este doble México, que además de ser nuestro, por privilegio, porque hemos trabajado en él mil horas, sabemos que lo tenemos que proteger, amar, arropar, querer y defender de quien sea.

Desde donde está Germán, recibe y da toda la fuerza de la que es capaz. Porque conoció esta tierra como muy pocos. Y la defendió con el alma. Así fue este gran maestro: Germán García Moreno. Y por supuesto, descansa en paz.


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Gilda Montaño

Con singular alegría