La maldad crece

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Publicado en Opinión

La maldad crece

Viernes, 24 Noviembre 2023 02:08 Escrito por 
Noemí Muñoz Noemí Muñoz Ganando espacios

Hace poco leímos sobre el castigo que recibió por la muerte de Norma Elizabeth, su compañera y agresora, quien paga una condena a su corta edad, porque consideró que era divertido lastimarla, alentada por sus amigas y otros compañeros de clase.

Se ha acusado a la escuela, a las autoridades, por no detectar a tiempo el problema, pero ¿se puede parar la maldad? Azahara ¿pudo reflexionar sobre lo que hizo?

Mientras me ponía a reflexionar sobre esto, sucedió otro hecho vergonzoso, Cristian Carranza fue quemado por sus compañeros en una escuela de mecánica en Texcoco.

El estudiante al parecer sufría bullying por parte de sus compañeros, porque no contaba con una moto.

El calvario que ha vivido el padre es inimaginable, primero porque en la escuela donde sufrió el ataque su hijo no tenían un protocolo de actuación, ni le brindaron los primeros auxilios de manera correcta. Gracias a la póliza en caso de accidente lo atendieron en una clínica particular, pero esta solo cubría cincuenta mil pesos y después los cargos correrían a cargo de los padres. Por ello, tuvieron que peregrinar por distintos nosocomios, sin que pudieran atenderlos, uno porque no había lugar, el otro porque no era derechohabiente.

Finalmente lo aceptaron en el hospital Rubén Leñero, donde le practican diversas operaciones a causa de las lesiones sufridas por las quemaduras.

¿Qué no estamos haciendo bien? No me refiero a los protocolos que al parecer solo son palabras para acceder a permisos.

Estos casos hablan de una enfermedad social. Por eso mi pregunta ¿Qué hacer ante la maldad? Me queda claro que ni Norma, ni Cristian iban a la escuela a provocar que los maltrataran. El bullying es un fenómeno que demuestra que las personas tienen la necesidad de demostrar su poder ante otros, quizá porque sus sueños han sido frustrados, quizá porque alguien más los reprime, siempre hay motivos de abuso detrás de un abusador.

El problema es que no hemos sabido cómo parar estos brotes de ira, de frustración, de enojo, de miedo.

Es decir, somos una sociedad que no ha enseñado lo suficiente a convivir de manera pacífica y respetuosa. Nunca como antes he escuchado de instituciones que se encargan de la resolución de conflictos, pero son demasiados.

Y eso me hace pensar que si son tantos los problemas, necesitamos más ayuda para conciliar, para denunciar, más ojos para marcar lo incorrecto.

¿Cómo es que los que están alrededor de los abusados y abusadores nunca dicen nada, o dicen que no se habían dado cuenta?

Los golpes, aventones, las ofensas suceden mientras alumnos, profesores, están ahí. Si no estamos haciendo nada es porque la violencia se está normalizando y ver que alguien le está pegando o molestando a otro es algo “que no nos incumbe” y preferimos no meternos en problemas.

Lo lamentable es que las situaciones se van tornando más peligrosas hasta que los sentimientos descontrolados y la falta de límites tendrán a Óscar y Azahara encerrados, acumulando más sentimientos negativos, que al salir de donde están descargarán sobre alguien más.

Es ahí cuando nos volvemos una masa de furia que no tiene fin. Yo les pregunto a cada uno de ustedes, los adolescentes que tienen en casa les han contado si los molestan, si alguien los empuja o les dice cosas que los hacen sentir incómodos. Si es así, no se pregunten qué está haciendo el maestro, mejor piensen en qué están haciendo ustedes.

Si por el contrario, tu adolescente está enojado y no habla más que con sus amigos, pregúntate con quién se está desquitando. Todos estamos involucrados, pero al parecer solo observamos todo, sin hacer nada.


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Noemí Muñoz

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