El negocio del miedo
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Publicado en Opinión

El negocio del miedo

Viernes, 29 Agosto 2025 00:05 Escrito por 
Ana Liza en línea Ana Liza en línea Mariel Álvarez Sánchez

El colmo de la desfachatez es que los integrantes de un grupo criminal con orígenes en Michoacán le hablen a la mismísima policía estatal para entregar a los taxistas secuestrados en Jilotepec, pero no sin antes advertirles que el acto fue una advertencia para que no se sigan metiendo en la plaza que dominan.

Los pobres taxistas, que se asegura fueron levantados porque no le quisieron entrar a la extorsión exigida por estos parásitos que, en vez de ponerse a trabajar, se han convertido en el peor cáncer de la ciudadanía buena, la que sí trabaja para vivir.

Han hecho del miedo su modus vivendi: seres sanguinarios y sin escrúpulos, sacados de las peores pesadillas, a los que no les importa torturar y asesinar para poder seguir viviendo a expensas de los seres productivos. Verdaderamente creo que deberían dejar de existir.

Se informó que los dos taxistas —por lo que se generó el bloqueo de la México-Querétaro, que, no está de más resaltar, cumplió su cometido— aparecieron sanos y salvos, con algunos golpes, reportó la autoridad, pero sanos, lo cual no sucede muchas veces.

El dato preciso sobre el porcentaje de personas secuestradas que aparecen con vida en México no está claramente desglosado en las estadísticas oficiales, pero algunas organizaciones, como Alto al Secuestro, han documentado tendencias que permiten hacer estimaciones aproximadas.

Según sus reportes, en la mayoría de los casos denunciados y atendidos por las autoridades, entre el 60 y el 70 por ciento de las víctimas de secuestro son liberadas con vida, ya sea mediante operativos, negociaciones o pagos de rescate. El resto, lamentablemente, puede terminar en desenlaces fatales o permanecer en calidad de desaparecidos.

Sin embargo, hay que considerar que el secuestro es uno de los delitos con mayor cifra negra en México. Más del 95 por ciento de los casos no se denuncian y, de ellos, muchos terminan fatalmente, lo que significa que las estadísticas oficiales representan solo una fracción del fenómeno real. Esto complica el cálculo exacto de cuántas víctimas sobreviven, ya que muchos casos nunca llegan a ser investigados formalmente.

Es verdaderamente vergonzoso que los bloqueos carreteros, que provocan pérdida de tiempo, vidas y recursos, se hayan convertido en una eficaz forma de lograr el rescate de personas secuestradas —en estos casos, afortunadamente, con vida—; pero no debería ser la forma. Igual que se movilizan para devolver la normalidad a miles de personas afectadas, deberían buscar a las víctimas sin necesidad de que haya bloqueos.

Lo peor de esto es que ya se vio el caminito. Al grupo de transportistas ACME ya le funcionó dos veces —la anterior fue cuando secuestraron también a su líder en Jilotepec—, lo cual ha despertado sospechas de que, o sean autosecuestros para demostrar su poder, o estén involucrados con la delincuencia organizada de la zona.

Pero eso le toca investigarlo a las autoridades y dar resultados, y darlos a conocer antes de que este hecho se repita, provocando graves pérdidas de horas-hombre y recursos económicos de los usuarios de las diversas carreteras de México.

Nos leemos la próxima semana.

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Mariel Álvarez Sánchez

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