En México no hay soluciones, solo pelea
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En México no hay soluciones, solo pelea

Viernes, 29 Agosto 2025 00:15 Escrito por 
Ganando Espacios Ganando Espacios Noemí Muñoz

No sorprende que haya grescas en las cámaras legislativas; no es la primera vez y, por lo visto, tampoco será la última. En la toma de protesta de Felipe Calderón en 2006, legisladores del PAN y del PRD se enfrentaron a empujones y golpes. También hubo confrontaciones durante la aprobación de la Reforma Energética. En momentos clave, la sinrazón se impone. Los argumentos ceden ante la fuerza bruta. Por alguna razón, pelear a puño limpio se ha convertido en símbolo de poder… o de impotencia por perderlo.

Gerardo Fernández Noroña es un personaje polémico. No tiene filtro, y muchos de sus comentarios han sido desafortunados. En una sesión en Tlaxcala dijo: “pásenme elementos para ponerle una chinga la próxima vez que abra la boca”, lo que le valió una sanción del INE y una disculpa pública en 2025. En redes sociales escribió: “Si fueras mujer, no te disgustaría que TODO lo haga lento”, comentario señalado como misógino.

A pesar de su discurso de austeridad, ha sido criticado por viajar en clase ejecutiva a Francia, usar una camioneta Volvo “prestada” y adquirir una casa de 12 millones de pesos en Tepoztlán, acusaciones que él ha calificado de “clasistas”. También minimizó el hallazgo de zapatos presuntamente vinculados a personas desaparecidas, calificándolo como una campaña de la oposición. Llamó “mentirosos” a estudiantes del CIDE que lo cuestionaron sobre Teuchitlán y terminó abruptamente su conferencia. Su estilo es percibido como autoritario, con tendencia a silenciar a la oposición.

Este perfil confrontativo explica el choque con Alejandro “Alito” Moreno. En el contexto de una propuesta que sugería la intervención militar de Estados Unidos para combatir a los cárteles, Moreno defendió la soberanía nacional y rechazó cualquier intromisión extranjera. Sin embargo, respaldó a Lilly Téllez, argumentando que hay que proteger a quienes denuncian la violencia y la corrupción. Durante su intervención, Noroña lo interrumpió con gritos y reclamos. Le negó la palabra en el pleno, a pesar de estar programado para participar. La tensión escaló hasta convertirse en un espectáculo lamentable de insultos, empujones y golpes.

Alito llamó cobarde a Noroña, acusándolo de victimizarse. Pero tampoco es ajeno a la controversia. Ha sido señalado por escándalos que van desde corrupción financiera hasta manipulación política. Investigaciones, audios filtrados y denuncias han debilitado su liderazgo y la credibilidad de su partido.

Ambos son políticos de estilo agresivo, acostumbrados al protagonismo mediático. No hay acuerdos, solo un show para ganar lo que más les gusta: estar frente a las cámaras explicando su postura, mientras los temas que realmente deberían ocuparlos —como el sistema de salud, el abastecimiento de medicinas, la búsqueda de desaparecidos o el alto a los feminicidios— siguen sin resolverse.

El escenario institucional ha dejado de ser un espacio para el debate. Hoy es un ring. Noroña se queja de las ofensas al Senado, pero olvida que hace tiempo los políticos perdieron la confianza y credibilidad del pueblo. Su pleito no es una excepción: es reflejo de un país donde, desde el barrio más pobre hasta la Cámara del Senado, la violencia se ha vuelto rutina.

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