“Representar o hacer parecer algo que no es o no sucede en realidad, fingir o aparentar algo que no es o no se tiene”. Así se define la palabra “simular” en el Diccionario del Español de México, y parece que de eso se trata mucho la política. Algunos refieren la expresión de que la política es “tragar sapos sin hacer gestos” o hasta simular que “te encantó” comer los sapos.
El mismo diccionario ofrece cuatro definiciones de “política”:
- Manera en que se dirigen, organizan y administran las actividades de una sociedad o de un país con respecto a sus diferentes componentes y a su relación con otros países: la política interna de México, la política internacional de Cuba, el arte de la política.
- Conjunto de las actividades que llevan a cabo los ciudadanos, organizados en partidos, asociaciones, grupos, etc., para obtener el apoyo de los demás, derrotar a sus contrarios y ganar el poder en un Estado: hacer política, dedicarse a la política.
- Conjunto de las medidas, orientaciones y procedimientos que se establecen para dirigir y organizar cierto aspecto de la actividad de una sociedad o de un país: una política económica, la política de población, establecer una política de investigación científica.
- Hacerle política (popular). Hablar mal un grupo de personas de otra, ponerle trampas, causarle molestias, etc., para deshacerse de ella.
Lamentablemente, cuando se habla de política, la mayoría de las personas tiene una concepción negativa del término, aunque se reconoce que permea en todas las actividades de una sociedad, porque está vinculada a los asuntos públicos y ahí es donde nos impacta la política a todas y todos.
Sin embargo, a lo largo de la historia —y en la actualidad— hay casos de personas “que hacen buena política” para mejorar las condiciones de vida de la gente. (Cada quien haga su recuento para no polemizar en el primer comentario del año. Si luego me comparten su lista, se los agradeceré).
Son personas que sí trabajan para crear más empleos, combatir la delincuencia, fortalecer la educación, ofrecer mejores servicios de salud, combatir la corrupción, entre otros aspectos, pero se enfrentan a un sistema que está diseñado para simular y no necesariamente para resolver o mejorar, a lo que debemos sumar las actitudes de quienes participan en la operación de esas instituciones.
Jon Elster lo advierte: “…una institución debe confiar en individuos con intereses propios. Las decisiones institucionales son fácilmente desviadas y distorsionadas por la conducta interesada de los agentes que deben ponerlas en práctica. La forma más visible y cruel de oportunismo es la corrupción”. Y esas desviaciones y distorsiones permean en casi todas las instituciones y organizaciones.
De ahí la importancia de los mecanismos que permiten observar el desempeño en las organizaciones, particularmente las públicas, donde se toman decisiones con respecto a los recursos que son de todas y todos los contribuyentes, y que se emplean para ofrecer servicios públicos y realizar inversiones en obras de carácter social o en el desarrollo de programas de salud, educativos, entre otros.
En ese sentido, cobra relevancia la Encuesta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre los Determinantes de la Confianza en las Instituciones Públicas en América Latina y el Caribe. Se trata de un proyecto de Encuesta Global sobre Confianza, en el que se recolectaron datos en 10 países, de los cuales en nueve se realizaron en línea y en México fueron entrevistas en persona que levantó el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI).
De acuerdo con la información —que presumió la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, hace unos días—, nuestro país lidera en América Latina, con un 53.61 % de confianza en las instituciones públicas, superando el promedio regional, que es de 35.18 %, y superior al promedio de países miembros de la OCDE, que se ubica en 39.3 %. Entre las instituciones que más confianza tienen de la sociedad mexicana se ubican el gobierno y las fuerzas de seguridad, como la Guardia Nacional, la Marina y la Defensa.
El documento también aporta datos de que la sociedad de nuestro país identifica desafíos en materia de inseguridad, corrupción y problemas sociales como desempleo, inflación y pobreza.
De ahí la relevancia de que los gobiernos —de cualquier color— y quienes hacen política dejen la simulación para transitar a una toma de decisiones que, en los hechos, signifique mejores condiciones de vida para toda la población, de manera que gradualmente alcancemos mayores niveles de crecimiento y desarrollo.
Aunque habrá que ver si nuestros vecinos del norte no nos mantienen distraídos con sus demandas particulares y amenazados con posibles incursiones militares o de seguridad a nuestro territorio.
#TodoComunica
Desde que inició el gobierno de la maestra Delfina Gómez Álvarez, ha habido un golpeteo continuo a diferentes integrantes de su gabinete. Quien articula esas campañas de “fuego amigo” no le ayuda a fortalecer su liderazgo, porque si se señalan los fallos y no ocurren cambios, parecería que todo es simulación.
Si es indicación de la propia gobernadora hacer los señalamientos mediáticos (hecho poco probable), tampoco se fortalece su liderazgo político e institucional que requiere su posición como titular del Poder Ejecutivo, porque solamente le bastaría decidir y remover a las personas que no cumplen su expectativa como gobernadora.
Ese tipo de prácticas se convierten en búmeran y terminan desgastando a quien lidera.

