Imparable la guerra fratricida entre morenistas; no hay quien los frene
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Publicado en Opinión

Imparable la guerra fratricida entre morenistas; no hay quien los frene

Lunes, 16 Febrero 2026 00:10 Escrito por 
El Socavón El Socavón Carlos García

Conforme avanzan los días, los más de 130 millones de mexicanos somos testigos de hechos bochornosos, de excesos de poder, así como de los actos de corrupción cometidos por los morenistas en los tres niveles de gobierno de los estados de la república que nos dejan atónitos, porque en ellos demuestran que siguen embriagados de poder (ya son siete años y aún no se les baja), porque no conocen de protocolos ni de códigos, descomponiéndole el escenario a Claudia Sheinbaum, que ya no sabe cómo defenderlos de lo indefendible.

Los morenistas están enfermos de poder, se descarrían fácilmente, no saben para qué fueron elegidos por el “pueblo sabio y bueno”, su ignorancia y ambición es desmedida, quieren devorarse al mundo de un bocado, su comportamiento es deleznable, abrazan la indecencia, la deshonestidad, la inmoralidad con un cinismo exacerbado, no tienen un ápice de rubor, debido a que les importa un carajo si son sorprendidos “in fraganti”.

Bien decíamos en nuestras épocas preparatorianas, “ya no hay moral”, seguramente aplican el dicho sobre la moral del controvertido político Gonzalo de los Santos (1897-1978), exgobernador de San Luis Potosí y senador de la República, uno de los fundadores del Partido Nacional Revolucionario (PNR), abuelo del PRI, conocido por todo México como “El Alazán Tostado”, quien cambió su nombre a Gonzalo N. Santos.

El potosino fue símbolo de la corrupción en su época, que se ganó a pulso. Tuvo muchas frases que han pasado a la posteridad, además escribió sus memorias (como varios lo han hecho: José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari y ahora el “escritor” (¿?) de “Best Sellers”, el escondidito Andrés Manuel López Obrador.

Gonzalo N. Santos fue un político férreo, temerario y temido por sus enemigos debido a los alcances que tenía. Su frase sobre la moral dice: “la moral es un árbol que da moras y que sirve pa’ una chingada”, frase que acuñó tras ser considerado un cacique desalmado tras la culminación de la Revolución Mexicana, en la que tomó parte desde su inicio y con la que pretendía legitimar sus violentos actos.

El político potosino gobernó su tierra natal sembrando terror. Otra frase que hizo fue cuando algún campesino no quería “venderle” alguna de sus tierras: ¡Que su viuda lo decida!

La frase de la moral sigue vigente y latente en muchos políticos de todas las corrientes ideológicas que se han dedicado a lucrar con los presupuestos federales, propiedad de la Hacienda Pública, que deberían utilizarse para el beneficio colectivo de los ciudadanos, desde su ranchería, pueblo y municipio hasta la entidad federativa y el país mismo, que se quedan, utilizan y gastan a su arbitrio y como les dé su real y “rechin… personal” gana.

En siete años de los dos regímenes de la izquierda multimillonaria mexicana (desde 2018), que tomó el poder el tabasqueño Andrés Manuel López Obrador, a través de su Movimiento de Regeneración —digo— “maldito corrector”, de Regeneración Nacional (Morena), nuestro país ha transitado a los más graves y delicados fraudes cometidos por estos sujetos.

No olvidemos que el tabasqueño, entre sus múltiples promesas de campaña —que en eso quedaron— (el prometer ni enriquece ni empobrece, aunque alberga ilusiones y expectativas entre los ciudadanos), que iba a “barrer las escaleras de arriba hacia abajo”, porque “voy a acabar con la corrupción”, decía en sus spots televisivos y en sus gastados discursos ante sus miles de seguidores que inocentemente creyeron en el macuspano, y lo peor es que muchos (aunque ya bajó considerablemente la euforia) en el “mesías tropical”, que vino a destruir a un México que crecía a ritmo lento, pero crecía económicamente y en el que había seguridad social sólida, hospitales de todas las especialidades de primer nivel y que atendían exitosamente a los miles de pacientes enfermos.

Todo fue mentiras, chantajes, amagues, falsedades y caos; corrupción, sí, desbordada corrupción en la que estamos sumidos todos los mexicanos, porque además AMLO propició que el crimen organizado, en todas sus modalidades (entre una larga lista de yerros), sentara sus reales en toda la república mexicana. Con su “estrategia de abrazos no balazos” se apoderaron de ella violentamente y, como consecuencia, nos robaron la paz social.

Hoy en día la inseguridad está en las 32 entidades federativas, sin que el gobierno federal intervenga para minar a las centenas de grupos armados del crimen organizado en todas sus modalidades y retornemos a la tranquilidad y serenidad.

Los escándalos, los multimillonarios fraudes, los abusos de confianza han escalado y rebasado los “límites” de Morena y la autollamada cuarta transformación, que vemos que no existen, pues a pesar de ser filmados, grabados o descubiertos, no se amedrentan ni se retractan porque saben que nadie los enjuicia ni expulsa, porque en este movimiento, que nunca ha operado como partido político, se protegen como mafias de las que nadie es responsable a pesar de presentarles pruebas o ser exhibidos.

Es la primera vez que vemos en la historia política de nuestro vapuleado país que el cinismo opera a sus anchas sin que ninguna autoridad los investigue, los toque y mucho menos los aprehenda, iniciando por López Obrador, protector de la banda de los huachicoleros durante su administración, siendo el más vil y despiadado fraude que asciende (por supuesto, lo contabilizado) a ¡600 mil millones de pesos!, y lo más asombroso: no hay responsables ni detenidos.

¿Qué tal si este fraude histórico del huachicol lo hubiesen realizado uno de los regímenes neoliberales? No se la hubieran “acabado”. Por supuesto que AMLO hubiese hecho un megaescándalo a nivel mundial, pero como fue en el suyo, lo cubrió, lo ocultó y lo calló —sorprendente—, al igual que todos los morenistas y cuatroteístas, porque López Obrador sigue siendo su jefe, su ídolo de barro, pero lo es. Hasta hoy no existen responsables. ¡Insólito, poco creíble, pero así es!

Y de los otros fraudes, de igual manera, nadie es responsable: de los llamados “peces gordos”, los 15 mil millones de pesos de Segalmex; o los gobernadores morenistas que —se dice— tienen nexos con el narcotráfico y el huachicol: el de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; de Tamaulipas, Américo Villarreal Anaya; de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla.

Y ¡¿qué tal?! El depuesto líder del Senado y hermano de AMLO, Adán Augusto López Hernández, del que penden 37 acusaciones que no se han investigado. Y que también instaló en la Secretaría de (In)Seguridad Ciudadana a Hernán Bermúdez Requena, líder del Cártel de “La Barredora”, único detenido, brazo armado del CJNG.

Y el boquiflojo, barbaján y misógino intento de senador Gerardo Fernández Noroña, quien después de varios meses de escándalo no ha comprobado de dónde pagó los 12 millones de pesos por la casa que adquirió en Tepoztlán, Morelos.

Otro excedido es el “secretario” de Educación Pública, Mario Delgado, que no está alejado de los escándalos, pues en su declaración patrimonial “por error” no incluyó un piso de 15 millones de pesos en la Ciudad de México.

Y qué tal el vocero de los diputados federales morenistas, al que bautizaron como el “cero votos”, que compró una propiedad de contado en los “unaites esteits” (EUA), 80 millones de pesos. Y las 45 propiedades del coordinador de los legisladores guindas, el zacatecano Ricardo Monreal Ávila; se dice que él y sus hermanos son los dueños de Zacatecas.

Y una larga lista de responsables morenistas, como los hijos de AMLO, quienes invitaron a sus amigos y los hicieron empresarios en fast track, y les otorgaron a diestra y siniestra contratos multimillonarios en Pemex, el Tren Maya, así como el Tren Interoceánico, que ya causó 14 muertos y un centenar de heridos en un descarrilamiento el pasado 28 de diciembre de 2025, y en el que ya la “fiscal carnal” Ernestina Godoy culpó injustamente al maquinista Felipe de Jesús Díaz Gómez, detenido el 26 de enero del año en curso, cuando sabemos que los tramos reconstruidos no cubrieron los parámetros exigidos, debido a que las vías y los balastos nuevos no fueron instalados en el tramo Nizanda, Oaxaca. Existen videos de los mismos pasajeros que, por supuesto, Godoy Ramos no tomó en cuenta, sino que simplemente siguió las instrucciones dadas, y así la 4T se “limpió” con el indefenso maquinista. Y el recién detenido presidente municipal de Tequila, Jalisco, que traía “fritos” y en acoso, intimidación y extorsión permanente a empresarios, comerciantes y ciudadanos por sus vínculos con el CJNG. Y como decía el afamado conductor de televisión de antaño, Raúl Velasco: “Aún hay más, amigos”.

Así pues, se confirma que la mafia de Morena y la moral están peleadas. Los hechos bochornosos y el collar de 200 mil pesos (que “le regalaron” a la alcaldesa de Acapulco, Abelina López Rodríguez), que los moches y sobornos desde la administración de AMLO son el pan de cada día y por todo el país continúan, además de la guerra fratricida entre los morenistas y cuatroteístas, continuará en ascenso y hasta hoy no hay nadie que los detenga, ponga en orden o discipline.

Recordemos que las patadas, los codazos, los “balconeos”, las acusaciones, las zancadillas y el incesante golpeteo continuarán a la alza, porque el proceso electoral de 2027 inicia en septiembre próximo.

De esta manera, los golpeteos y enfrentamientos verbales entre los morenistas cada vez son más continuos, como la intocable y nefasta gobernadora de Campeche, Layda Sansores, versus el coordinador de los diputados federales guindas, Ricardo Monreal Ávila. Su dicho sobre la moral decía que es un árbol que da moras y su lema, que repetía constantemente, exhibe quiénes están al frente de los distintos poderes que desbarató autoritaria y perversamente el hoy otra vez escondidito macuspano, Andrés Manuel López Obrador, y que vilmente lo hizo para manipularlos despiadadamente.

Así son los morenistas cuatroteístas, como dirían nuestras abuelas, “unas auténticas calamidades”.

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Carlos García

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