La culpa de Dios
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Publicado en Opinión

La culpa de Dios

Miércoles, 18 Marzo 2026 00:05 Escrito por 
Desde el Sótano Desde el Sótano Raúl Mandujano Serrano

Brenda, mi siempre amable waitress de esa histórica cafetería del centro, se sienta a mi lado y pregunta: “Atacar a las iglesias no me parece inteligente, ¿qué piensas?”. Le platiqué que cierto día, mientras impartía clase en la universidad sobre la manipulación de los mensajes, relaté que la influencia de la Iglesia, a lo largo de la historia, ha sido implacable. Desde sus orígenes, las instituciones religiosas han desempeñado un papel crucial en las normas morales, sociales y políticas del mundo. Mis clases pretendo que sean reflexivas, para generar un pensamiento crítico. Y soy católico. Un alumno me retó a que, si yo le demostraba que Dios existía, él se haría cristiano. Mi respuesta fue que las creencias le pertenecían a quien las comprendía. Son temas de la moral y la ética. Ahí se inserta la fe. La mía, mi fe, no entra a debate ni demostraciones.

Durante la marcha del 8M, muchos colectivos “atacaron” iglesias, destruyeron estatuas y la acusaron de ser culpable del “machismo” y el “patriarcado”. “¡La culpa es de Dios!”, arengaban mientras pintaban en los muros: “¡Por una educación alejada de la religión!”. Pero en varios templos, otras mujeres “defendieron” sus capillas. Se hincaron frente a las puertas y oraron pidiendo que se alejaran. En otros casos, formaron cadenas humanas. A diferencia de los edificios públicos, custodiados por miles de policías, acá fueron feligreses quienes resistieron pacíficamente.

La Conferencia del Episcopado Mexicano se pronunció: respaldará el clamor de justicia y su voluntad por acompañar a aquellas mujeres que experimentan dolor, violencia e injusticias.

Es cierto que, a lo largo de la historia, han ocurrido casos lamentables que involucran a sacerdotes en ataques sexuales, como el de Marcial Maciel, fundador de “Los Legionarios de Cristo”, o la secta de “La Luz del Mundo”. Y existen muchos más. Pero el actuar de uno no debería ser la sentencia de todos. La Biblia, el mayor manual de manipulación —dicen—, expresa en el Salmo 120:2: “Señor, líbrame de los labios mentirosos y de la lengua engañosa”. Pienso, insiste el escribano, que escuchar y creer es responsabilidad de cada quien.

Igual que en aquella clase universitaria, el periodista refiere que este editorial dista mucho de ser una clase evangelizadora, pero entiende que la violencia tiene su origen en la eliminación de los valores. Murray Rothbard, en su libro La ética de la libertad, decía que “el Estado es una vasta maquinaria de la delincuencia y de agresión institucionalizada; esto es, que nos hallamos ante una organización criminal y, por consiguiente, nadie tiene la obligación moral de obedecerle”. Sobre todo cuando sus vínculos con criminales son evidentes.

El lado feminista del escribano

En cualquier foro, en todo espacio, para el narrador de historias, la mujer siempre será el origen y defenderla será siempre su misión de caballero. Dios no es el culpable de la maldad hacia la mujer; es el hombre. El periodista Albert Camus decía que “el mal que está en el mundo casi siempre viene de la ignorancia”. Yo agregaría —explica el amanuense— que también de la manipulación del ignorante. “Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”, refería el novelista Víctor Hugo.

Existe un poema de Mario Benedetti que particularmente me agrada. Uno de sus versos dice: “Si Dios fuera mujer, la abrazaríamos para arrancarla de su lontananza, y no habría que jurar ¡hasta que la muerte nos separe!, ya que sería inmortal por antonomasia, y en vez de transmitirnos SIDA o pánico, nos contagiaría su inmortalidad”… Nos vemos en otro Sótano. Mi X: @raulmandujano.

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