Las madres buscadoras
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Las madres buscadoras

Miércoles, 24 Junio 2026 00:10 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

Los colectivos que se han formado a partir de la búsqueda de personas desaparecidas no son de ninguna manera grupos de personas que se encuentren ansiosas por aparecer en los medios de comunicación, o para molestar a la autoridad; menos aún, para hacer política.

A propósito del preocupante tema, parece que la sensibilidad que caracterizó a los mexicanos por mucho tiempo quedó únicamente como referente de la empatía que mostró en diversos momentos en los que se entregó de lleno con alma, corazón y vida en auxilio de los necesitados, ya fueran compatriotas o del extranjero.

Sí, el pueblo de esta nación se dio a conocer al mundo como uno de los más solidarios, comprendiendo —por haber sufrido en carne propia— lo que es enfrentar desastres sociales y naturales, ya que fue precisamente lo que forjó la cultura de solidaridad por excelencia de los mexicanos. México es ejemplo, ha auxiliado a los necesitados y acompañado a los desamparados.

No son pocas las ocasiones en las que incluso la población se adelanta al lento reflejo de las autoridades. Antes de que la respuesta oficial llegue, de forma espontánea ya hay quien se presta a socorrer a sus semejantes de cualquier forma; ofreciendo sus brazos para mover escombros, repartir víveres, vendas, ropa, lo que sea que pueda servir; y no, no lo hacen por protagonismo, es la naturaleza del mexicano común.

Terremotos, inundaciones, huracanes, etcétera, pasan a dejar inevitablemente destrucción, desolación, confusión, desesperación, tristeza y dolor; sin embargo, en poco tiempo aparecen como hormigas cientos de personas que se multiplican para mitigar el infortunio. Sin importar el color de piel, posición social o el equipo al que le vayan; menos aún, el partido político por el que hayan votado en las últimas elecciones, haciéndose presentes para suavizar el horror vivido.

Por esa razón no puede comprenderse por qué hoy, cuando se observa tanto sufrimiento, cuando hay personas que están padeciendo lo inimaginable por la desgracia de tener un familiar desaparecido, sea diferente. ¿Qué cambió? ¿Por la indiferencia? ¿Por qué creer en cifras oficiales cuando claramente se hace constar otra realidad?

¿Acaso los integrantes de los colectivos mienten? No puede caber en un sano juicio que se acepte que esto pueda ocurrir en esta tierra de gente que nunca ha necesitado de un llamado oficial para ofrecer su apoyo, como para no creer en ellos. ¿Por qué ahora se descubre esta ausencia de comprensión?

La resiliencia de “las madres buscadoras” debe respetarse y ponerse como ejemplo. Aunque representan a tan solo una parte de los varios grupos de búsqueda que existen en el país, constantemente han sido vilipendiadas e ignoradas hasta la ignominia. A pesar de ello, se presentan con dignidad, exigiendo respuestas a las autoridades que hoy gobiernan y que se dicen humanistas, pero que se muestran indolentes y soberbios.

Y deben serlo, como para reír por el hecho de que la manifestación del colectivo mencionado no reunía a más personas que las que iban supuestamente a encargarse de atenderlas. “Comisión de búsqueda”, les llama la presidenta Claudia Sheinbaum, quien esbozó la risita más insultante, fuera de lugar y cruel que pudiera haber, por el simple hecho de divertirle ese dato. Aunque fuera una sola madre, nunca tendría por qué darles una bofetada en la cara con esa risita irónica que expresó, en lugar de ordenar su atención integral.

Indigna esa ausencia de compasión. Es por eso que cabe preguntar: ¿a dónde están los compatriotas que deberían rechazar el trato que reciben esos colectivos, y que deberían estar formando un ejército aunque fuera virtual para apoyar su causa? Porque esos colectivos buscan a un ser querido, sin dejar de lado que lo que necesitan, la mayoría de las veces, es tan solo una prueba de que ya no se encuentran con vida para reducir un poco su dolor y cesar su angustiosa búsqueda.

Las personas desaparecidas representan, por desgracia, el desastre de la inexistente política pública que pueda servirles en estos casos, es el reflejo del rotundo fracaso del gobierno que se equivoca al verlas como enemigos, que se equivoca evitando su responsabilidad dándoles la espalda. La autoridad se pierde en discursos y falla en lo elemental. Las personas que buscan a un familiar continuamente tienen que enfrentar frío, miedo, angustia y amenazas. Mientras otras tantas ya fueron víctimas de la delincuencia.

Son más de 134 mil desaparecidos en el acumulado. Más de la mitad deben contarse en el tiempo de la 4T. A todo esto, ¿cuál es el remedio? ¿Dónde está el compromiso para evitar que siga sucediendo? Es ridículo observar que todavía salga la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, a decir que van a investigar de dónde sacaron los recursos las madres buscadoras que viajaron desde Jalisco a la capital del país. No se le puede nombrar de otra forma, es de lo más miserable que se ha escuchado. Por cierto, ¿dónde estaba esta flamante funcionaria cuando fue secretaria de Seguridad en el gobierno de López Obrador? ¿Con qué cara se planta la servidora pública a cuestionar cómo se mueven las madres buscadoras? Al respecto, ellas ya le respondieron: como se mueven normalmente cuando buscan a sus desaparecidos, inspeccionando fosas clandestinas que son descubiertas en diferentes puntos de la República. De la misma forma que viajan a los lugares más recónditos del territorio nacional con la esperanza de encontrar aunque sea un huesito que les permita terminar su peregrinar. Cómo pueden, señora secretaria, cómo pueden.

Al gobierno más humanista de la historia se le olvidó por completo qué significa esa palabra. De hecho, dejan constancia de que nunca lo supieron.

 
 
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Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio