Las consecuencias que se pretenden ignorar
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Las consecuencias que se pretenden ignorar

Miércoles, 15 Julio 2026 00:10 Escrito por 
Lo bueno, lo malo y lo serio Lo bueno, lo malo y lo serio Alfredo Albíter González

Se terminó el mundial para México, y aparece con toda su crudeza de nuevo y para desgracia de los mexicanos, la verdad que se ha instalado en el país. Por unas semanas, los ciudadanos acostumbrados a las malas noticias y a un entorno político-social descompuesto pusieron su ilusión en la selección mexicana de futbol. Y, como en las anteriores ocasiones en las que ha participado en la justa deportiva, tuvimos, todos, que cargar con la tristeza de la eliminación. Aunque existe una sensación distinta en esta edición, un hilo de esperanza que motiva a creer por enésima vez que las cosas serán diferentes en un futuro próximo. Esa corazonada se alimenta de la presencia de nuevos talentos encabezados por el joven Gilberto Mora de los Xolos, pero, especialmente, porque el futbol desplegado fue distinto, con más cohesión. No se veía algo parecido desde el breve paso de César Luis Menotti en el banquillo de la selección.

Pero dejemos el análisis y todo lo demás del futbol a los expertos y los no tanto que abundan en los medios y redes sociales. El hecho de la eliminación obliga a enfrentar a los mexicanos con una condición distinta, alejada de la unión que se vivió en el torneo y que mostró la capacidad del pueblo azteca por recibir a los extranjeros en esta tierra; muchos de los cuales se fueron con un sabor de boca agradable por la forma de ser relajada de esta sociedad, ávida de buena vibra.

El encono promovido desde lo más alto del poder volverá —si así se le permite— a tomar el control de la convivencia social diaria. Aunque por un momento esas falsas diferencias se dejaron de lado por el amor a una playera que representa la pasión futbolera, la terca realidad toca a la puerta de nuevo.

Y no es para menos, el despertar es desgarrador. El gobierno mexicano, además, continúa abriendo aún más la herida que se agranda cada día y que desgasta la relación con su principal socio comercial, Estados Unidos. A partir del descubrimiento de los detalles que se hicieron del dominio público por unas fotografías y reportaje del periodista Luis Chaparro, y que muestran lo que ya se intuía desde hace tiempo. Ismael, el “Mayo” Zambada, fue capturado y llevado a suelo del tío Sam sin la intervención o sin avisarle al gobierno de Andrés López Obrador.

Las evidencias exhiben por qué fue la molestia que mostró en su momento el expresidente. No se le avisó al gobierno de México, descubriendo con ello que la relación no era tan buena como la presumió el mandatario entonces, o que el gobierno de Trump no confiaba ya en él, tal vez porque, de haber avisado, se corría el riesgo de que el capo no fuera capturado, menos aún por parte de las autoridades mexicanas. Pero también se debe tomar en consideración que posiblemente las autoridades estadounidenses no intervinieron directamente y únicamente recibieron al capo.

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ante los desencuentros que ha habido con los gringos a partir de la solicitud de captura y extradición del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros exfuncionarios de esa entidad, ha elegido proteger a los políticos ligados a la 4T. Aunque en apariencia se muestra molesta por el operativo en el que fue capturado el “Mayo” Zambada, la evidencia muestra que la liga se estira peligrosamente para su movimiento. La mandataria no ha sido mencionada aún con relaciones turbias, pero sus decisiones la han colocado al centro de la discusión. Particularmente, por su reticencia al requerimiento de EE. UU. Ello provoca una confrontación peligrosa de antecedentes no registrados desde la guerra entre ambas naciones.

Es bien sabido que los norteamericanos no olvidan (habría que invocar el asesinato del agente de la DEA Enrique “Kiki” Camarena) y, por supuesto, esta reacción no la dejarán pasar. Solo que parece que la presidenta no lo entiende, o no puede decidir por sí misma. No debería dejar de lado la declaración que como grupos terroristas de diversas organizaciones criminales del país calificó Trump, lo que abre un abanico peligroso de posibilidades en contra.

Lo peor del tema Zambada es intentar poner en la silla de los acusados a Ken Salazar, exembajador gringo, a quien se le culpa de mentir al gobierno mexicano. ¿Qué hará la presidenta al respecto?, porque ya señaló que goza de impunidad diplomática. ¿Acaso piensa iniciar un procedimiento legal en su contra? Eso habría que verlo.

Lo cierto es que la presión aumenta y los resultados son magros, a pesar de presumir que sí se persigue a los criminales y que se han descubierto y desmantelado laboratorios de estupefacientes y se han capturado a peligrosos delincuentes. La verdad es que no existe uno, uno solo, de los políticos que han venido siendo señalados recurrentemente por los vecinos y socios, y prensa libre, que esté respondiendo a los señalamientos porque cada vez es más evidente la protección política.

¿Dónde está Rocha Moya? Existe temor en la administración cuatroteísta, y al parecer bien fundado por lo que viene; la presidenta ha declarado que si se entrega al exgobernador después vendrán por más. Pero es necesario precisar algo: ¿es inocente? Los políticos mencionados recurrentemente, ¿están limpios? Por otro lado, ¿no están acaso ocupando los estadounidenses los mismos mecanismos legales que utilizaron en contra de Genaro García Luna? ¿Por qué para el enemigo declarado sí cuentan y para los suyos no? ¿Cómo aceptar inocencias de este lado cuando la información se esconde por 5 años con la cantaleta de ser por seguridad nacional?

Ahora bien, ¿de verdad no sabía el gobierno mexicano sobre la extracción de Zambada? Existen muchas dudas sin respuesta. El asesinato de Héctor Melesio Cuén, que supuestamente ocurrió en una gasolinera y que la FGR desmintió el día que señaló que el capo se encontraría con este y Rubén Rocha Moya, no se ha esclarecido. Miente posiblemente el gobierno estadounidense, sí, pero también el mexicano. Vaya, parece que el único que dijo la verdad fue Zambada en su misiva.

El tiempo corre su marcha. Tic tac, marca el reloj. Se acerca el momento de un quiebre que es inevitable. El arrepentimiento vendrá después. Siempre es así cuando las cosas ya no se pueden corregir, pero las decisiones se toman en su tiempo, y las consecuencias habrá que enfrentarlas.

 
 
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Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio