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Publicado en Opinión

¡Uno de tantos!

Miércoles, 22 Mayo 2019 08:48 Escrito por 
¡Uno de tantos! Matices

- ¿Hace cuánto que no disfrutas plenamente un amanecer?

- ¿Con qué frecuencia abrazas a tus seres queridos?

- ¿Eres de los que buscan la compañía de la luna en las noches de insomnio?

- ¿Recuerdas la última vez que disfrutaste de la lluvia?

- ¿Te gusta el teatro, la música o la danza y logras hacer espacio en tu agenda para disfrutar de ello, al menos una vez al mes?

- ¿Alguna vez has hecho una fila de más de una hora para entrar a una exposición de arte?

- ¿Cuántas veces has leído tu libro favorito?

- ¿Qué te impide cumplir con tus sueños?

Quizá has contestado afirmativamente a más de una de esas preguntas aunque, el punto importante no es si lo has hecho o no, sino qué tanto nos detenemos a pensar en cuestiones que, de tan cotidianas, nos parecen insignificantes.

Bueno, pues justamente ese NO es el caso de Estrella, Gustavo, Nancy, Mario, Guadalupe, Jesús, Enedina, África, Adán, Sandra, Ernesto y muchos hombres y mujeres, con esos nombres u otros, con seudónimos y apodos que viven en reclusión. Cada uno de ellos, unos de tantos, anhelan estar en libertad para poder disfrutar de esas pequeñas nimiedades que hoy les resultan imposibles.

Escribo y, mientras escribo, me arrullan las gotas de lluvia que escucho a través de la ventana. Me asomo de reojo, entreabro un poco para dejarlas entrar, para saludarlas y respirarlas al tiempo en que tarareo una canción y sorbo un poco de té de jazmín que marida perfecto con esta noche estrellada. Volteo a mi alrededor, cierro los ojos para pensar, para recordar, para soñar…

La cita fue en el Reclusorio Oriente Varonil, un espacio en el que prevalece la ausencia del color. Nos reciben rostros de los que emanan un puñado de tímidas sonrisas, personas que se esfuerzan por hacernos sentir bien, que –de alguna manera y casi sin conocernos– se alegran de recibir nuestra visita, como cada lunes, como cada vez que hay función de teatro y que se abren las puertas para que nosotros, “los de afuera”, podamos entrar al reclusorio a compartir un poco de tiempo y un mucho de esperanza.

La función no ha empezado aún y se escucha reiteradamente un murmullo acompasado: ¡uh! ¡uh! ¡uh!, como si fuera el grito de una manada a la que desplazan en conjunto, a la que le dan oportunidad de emocionarse, de soñar, de vivir, de imaginar un momento de libertad.

Sí, la palabra libertad se escribe fácil y se dice fácil para quien no está privado de ella, pero para quien experimenta reclusión estos pocos minutos son LA LIBERTAD, así con mayúscula, pero interior, sólo libertad interior ¿acaso hay de otra? Eso es lo que nos trata de compartir Sergio cuando afirma –Gracias al teatro pude recuperar mi libertad, mucho antes de que las autoridades me la otorgaran.

¡Yo soy y existo! es parte del proyecto de intervención cultural denominado “Un grito de libertad” que –durante 15 años– se ha implementado en centros de reinserción social de México. En dicho proyecto han participado más de 4 mil personas privadas de la libertad, logrando, en muchos casos, transformar la adversidad en oportunidad.
Somos poco más de 300 personas las que nos hemos reunido para compartir esta experiencia, aquí estamos, en un mismo espacio, distribuidos en las butacas del auditorio tanto internos, como amigos, familiares, autoridades, integrantes de asociaciones civiles, medios de comunicación, entre otros.

El calor nos ha hecho improvisar los programas en abanicos. Sí, uno tiene que optimizar los únicos recursos de los que dispone en el momento. En el escenario irrumpe el canto del corazón de más de 50 personas, clamando una oportunidad, trenzándolo con testimonios, algunas improvisaciones y un poco de humor. Lo que sobra esta tarde es entrega, es pasión, son gritos de libertad.

Gracias a cada uno por recordarme que “Yo soy y existo”.
Por hacerme ver lo valiosa que es la libertad, en el sentido más amplio de la palabra. Por recordarme que soñar nos permite existir en cualquier circunstancia. Por ser uno de tantos que, con su motivación, pintan de colores, de todos los colores posibles el espacio y el espíritu.

Gracias Arturo Morell por la nobleza del proyecto. Eres fuente de inspiración para pensar que otros mundos pueden son posibles.

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Ivett Tinoco García

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