No vale arrepentirse

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Publicado en Opinión

No vale arrepentirse

Domingo, 24 Noviembre 2019 00:08 Escrito por 
No vale arrepentirse Lo bueno, lo malo y lo serio

A unos días de que se cumpla el primer y fatídico año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, se espera que el originario de Macuspana tenga ya preparado otro festejo y un nuevo discurso para informar al pueblo bueno y sabio cómo va su gobierno.

No hay que esperar mucho de lo que pueda decir el mandatario, pues es fácil adivinar sin ser adivino, que entregará cuentas alegres, y destacará su particular visión de que el pueblo se encuentra feliz, feliz feliz, sin tomar en consideración nada más que su percepción.

La realidad entonces seguirá contando con otros datos, crecimiento, seguridad, distribución de la riqueza, por mencionar algunos. En tanto que con sus acciones seguirá mermando la independencia de organismos que tanto trabajo costaron a los ciudadanos para que fueran reconocidos por el gobierno, por la cantaleta de que se había encontrado serios problemas de corrupción, aunque a decir verdad, no se han presentado el número de denuncias que se supone habría por tal descubrimiento.

A un año de gobierno de la auto llamada cuarta transformación, la incipiente democracia en México parece vivir sus últimos días en manos de quien ha dado muestras de ser un dictador en potencia, adueñándose de todo contrapeso posible, y que ahora se dibuja tenue frente a él, no vale ahora las promesas vertidas en campaña, instalado en el poder, tuerce la ley, la constitución y sus propios compromisos.

Arrincona el mandatario a cualquiera que pretenda ponérsele enfrente, y le hace sentir que no existe nadie con los tamaños para siquiera pedirle sea coherente con lo que durante tanto tiempo ofreció, cuando era oposición, porque en caso de hacerlo, aún habiendo pertenecido a su equipo, es tachado de conservador de inmediato.

Así, las voces que se agolpan en torno suyo para pedirle rectifique en una distribución equitativa de los recursos, para que reactive la economía del país, que corrija la persecución hacendaria que somete a empresarios al grado de poder ser considerados delincuentes, además, con el peligro de quedarse sin su patrimonio, a lo que inmóvil hace oídos sordos.

Las cifras, las propias del gobierno federal, le dan en la cara, al mismo tiempo que López las descalifica, no tiene empacho en criticar y lanzar el peso del estado en contra de quien ose contradecirlo. A estas alturas podría pensarse que incluso sus seguidores ya se habrían dado cuenta de lo que pretende, pero desafortunadamente no es así.

Encuestas recientes de empresas serias advierten que la caída de la popularidad de AMLO es de 10 puntos porcentuales, aunque como en todo, hay las encuestas hechas a modo que dicen que eso no es verdad y que la popularidad del presidente no ha sufrido con el pétalo de un punto porcentual, tachando a las demás de mentirosas.

Sin embargo, hay cosas que no se pueden ocultar, por más que tenga el control de una buena parte de la prensa, resulta difícil negar una realidad tan aplastante como el numero de muertos que se reportan en este sexenio, que aún sin cumplir el primer año, ya le ganó a los anteriores, si eso es para festejar, pues entonces va bien.

Es importante poner atención en el trato que le da a los problemas del país, en especial, a los que han desatado su política y su pequeña visión, pues le generan al pueblo un estado de abandono, y en poco tiempo, de desesperación. La inoperatividad del gobierno y el desabasto pronto cobrarán facturas.

Con el paso del tiempo, han salido a cuenta, artistas, políticos, entre otras personalidades y sociedad en general, a decir que se encuentran arrepentidos por haber votado en favor de la opción que representaba López Obrador, ya que se han dado cuenta que dio un giro de 180 grados en su forma pensar y de hacer política.

Ese discurso en contra del neoliberalismo, de los corruptos, de los que sin escrúpulos saquearon al país indiscriminadamente, abonaron en su favor, pero para lograr un impacto más impresionante, tuvo que esconder con sus palabras lo que se había logrado hasta ese momento, y esos logros no tanto por los gobiernos que le antecedieron, sino por exigencia de la sociedad, ¿para qué? Para llenarse de recursos necesarios y sostener su movimiento transformador.

Con ello mintió a la gente para ganarse su confianza, y bien que lo logró, al grado de hacerlos repetir sus frases pegajosas y hacerlas suyas, aunque aún había los que se oponían a la idea de aceptar que un solo hombre pudiera lograr un cambio tan grande como el que prometía, pero sin recato alguno, dividió a la sociedad. Una sociedad mexicana que en otros momentos ha demostrado unirse en la tragedia, y ahora se encuentra tan polarizada como la boliviana.

Es preciso echar un vistazo al comportamiento de los seguidores de Evo Morales en Bolivia, porque lo mismo puede repetirse en México, López no necesita al ejército mexicano para acallar a sus adversarios, tendrá a su otro ejército para que lo hagan.

Aún con todo esto, los arrepentidos se lamentan por haber creído inocentemente en que la magia de una sola persona sería suficiente para sacar a México del lugar tan deplorable en el que, según se los inculcó, se encontraba, aunque muchas cosas hayan sido inventadas.

Así como ellos, están los que antes fueron burócratas del gobierno federal y que alegres dieron su voto irrestricto al tabasqueño y a toda la gama de morenistas que le acompañan, sin siquiera dudar por un momento respecto de su capacidad para gobernar, el resultado es que el congreso está plagado de legisladores serviles al presidente, mientras que muchos burócratas están despedidos de sus puestos de trabajo y con problemas de indemnización.

No, no vale arrepentirse, porque tampoco es viable decirles la cantaleta de “te lo dije y no escuchaste”, votaron por una oferta, ahora lo menos que deben hacer es exigir que se cumplan todas las promesas de campaña, asuman la responsabilidad que les corresponde con la historia y con un gobierno que antes de un año ha hecho más daño que sus adversarios conservadores en conjunto.

 

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Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio