De traslados y días naranjas

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De traslados y días naranjas

Miércoles, 26 Mayo 2021 06:21 Escrito por 
Paloma Cuevas R. Paloma Cuevas R. La Abadía de Eloísa

Últimamente mi capacidad de asombro ha salido de sus límites ante hechos que ocurren de manera cotidiana. Desde hace más o menos 2 décadas las noticias de violencia intrafamiliar, de violencia de género, de esta tremenda intolerancia que va, pero que no regresa, se han convertido en el referente de una sociedad intoxicada por el dolor y el desgarramiento.

 

 

Del tejido social mejor ni hablamos. Boletines van y vienen día tras día anunciando la “desaparición” de una mujer, su posterior “aparición” – como si fuera un truco de magia, - el macabro “hallazgo” de sus restos, la “detención” -o no- del perpetrador de “la infamia” y en contadas ocasiones la “búsqueda” de aquel que resulte responsable – palabra que por demás me parece una burla, ¿quién que sea un violentador, un abusador, o un asesino puede llamarse “responsable”.

¿A quién se le piden cuentas por estas situaciones? ¿Quién debe ser quien responda por esta realidad? ¿Con quién se queja alguien que ha sido condenado a vivir en una familia de rompecabezas? Porque han de saber – aunque más bien, debería ser: Han de recordar, porque ya lo sabemos todos – todos aquellos que deciden cerrar los ojos ante la realidad, esa que sucede mientras nos embrutecemos viendo Netflix, o aceptando solicitudes de amistad en Facebook que todos los días en nuestro país entre 10 y 11 mujeres son asesinadas, no 1, ni 2, ni 3. ¡Diez u once! Eso habla de una verdad tremenda, un aproximado de 70 por semana, 300 por mes, 3,650 al año.

Estamos hablando de 3,650 familias por año que son desmembradas, que siempre tendrán un espacio roto, una silla vacía, un plato que sobre, una historia a medias. 3,650 familias que terminarán astilladas o calladas por la vergüenza, esa que revictimiza y hace cuestionar los pasos de aquella que no está más.

 

 

Porque la agresión no es suficiente, hay que cargar con los estigmas, con la revictimización de la que son objeto aquellas, las que ya no tendrán voz, ni voto, las que no podrán contar qué sucedió. Aquellas a las que se cuestionará qué hacían en tal lugar, por qué a esa hora, por qué estaban solas, porqué estaban acompañadas, por qué habían bebido – si es que lo habían hecho, - por qué no habían bebido, por qué vestían del modo en que lo hacían, - si conservadoramente, provocaron por mochas, si seductoramente, provocaron por PUTAS – el chiste es que nunca será “responsabilidad” – aquí nuevamente esta palabrita que me causa escozor y alergia por decir lo menos – del que lastime, ellos tan frágiles, tan vulnerables, tan de a tiro incompetentes para detenerse, para ser proactivos, para decidir no hacer daño.

Aquí recuerdo un dicho de mi madre, que más bien parecía mandato y que fue el primero al que decidí rebelarme cuando era niña: “En alguien debe caber la prudencia,” decía ella y yo me llenaba de una rabia que me calaba hasta el último de mis huesitos de niña emperrada por ser YO la que siempre tuviera que ser la PRUDENTE. ¿Y si un día no me daba la gana serlo más? ¿Y si un día decidía responder agresión con agresión? ¿Y si simplemente un día me cansaba de jugar a la frágil?

Entendí las razones de mi madre cuando tuve mis primeros acercamientos a los #MeToo, los #YoSíTeCreo, los #VivasNosQueremos, los #SiMeMatan y los #NiUnaMenos, su terror no era que yo respondiera en las discusiones típicas que nos forman el carácter en casa, sino que respondiera en el lugar o momento equivocado, con la persona equivocada y que me convirtiera en estadística. Entonces me di cuenta de que lo que hacía era tratar de proteger mis alas para que nada ni nadie me las arrancara, sin embargo, creo que no podemos vivir eternamente con miedo. No podemos aceptar la injusticia de la inequidad por sencillas razones, la misma carta de los derechos del hombre lo dice: “Todos los hombres nacen iguales y tienen derecho a la libertad, la fraternidad y la búsqueda de la felicidad.” Tanto como me rechoca la palabrita, la “Felicidad” esa inalcanzable partícula de paraíso a la que todos aspiramos y que ninguna de esas 3,650 familias logrará acariciar mientras la espada de Damocles siga pendiendo sobre nuestras cabezas.

Las mujeres que no regresan son hermanas, hijas, tías, primas, amigas, conocidas, esposas, novias, amantes, simplemente son y dejan de serlo, son extirpadas, destrozadas y luego desechadas como si no fueran seres humanos. Me duelen todas y cada una de ellas.

¿A quién deben voltear a ver los niños que son amputados de sus madres, los que se quedan a medias, sin una caricia, sin una palabra de cariño, sin un beso antes de ir dormir? ¿Quién les contará cuentos? ¿Quién les mostrará el orden, los principios, los valores, las rutinas? ¿A quién le importará si hicieron las tareas? ¿Quién los mandará a lavarse los dientes? ¿De quién aprenderán la ternura?

Pienso todo esto mientras escucho que Andrés “N” ha sido trasladado de un penal a otro, no importa cual, da lo mismo “para salvaguardar su integridad…”

¿Es acaso una locura que no lo entienda? Evidentemente no deseo ojo por ojo, -no alcanzarían los ojos, - para equiparar la vida de al menos 30 mujeres.

Concluyo:

         Existe una tremenda predisposición a la negación de las cosas.

         Existe una terrible urgencia por voltear la cara ante lo que no nos gusta.

         Existe una inmensa cobardía cuando corresponde hacerse cargo de los resultados de lo que hemos generado. Existe un terror absoluto por aceptar que nuestras acciones han sido capaces de generar seres que pueden destrozarnos desde dentro. Dejemos de llamarlo “monstruo” y hagámonos cargo de la realidad: Andrés “N” es resultado de nuestra sociedad, esa que permite que haya quiénes destrozan la vida de alguien, mutilan sus sueños y viven impunemente y sin castigo.

Hagamos lo necesario para erradicar estos hechos de manera contundente.

¡Ya estuvo bueno!

¿Ustedes qué opinan?

“…No sé cómo terminará mi historia, pero en ninguna parte de ella leerán que me rendí…” Muniba Mazari

@PalomaCuevasR

Paloma Cuevas R. Condecorada en 2020 con la Medalla y el Pergamino Leona Vicario. Mujer y madre. Femenina cuando le da la gana. Amante declarada de México, el mezcal, el buen café y la verdad sin anestesia. Es humanista, sapiosexual, docente durante más de 22 años, filósofa, columnista, escritora y locutora en temas de Cultura, Política y Erotismo. Fundadora de #ProyectoÍtaca plataforma política y cultural. Locutora titular de #ProyectoÍtaca en Cadena Radio Mx. Promotora y gestora cultural incansable. Coordinadora de Comunicación y Relaciones Públicas del World Poetry Fest, integrante del Mapa Nacional de Escritoras Mexicanas Contemporáneas.


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