México se está acostumbrando a la violencia
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México se está acostumbrando a la violencia

Martes, 27 Enero 2026 00:10 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

Más allá de cifras y titulares, la violencia ya está tocando puertas que pensábamos seguras: nuestras calles, las plazas deportivas, las casas y hasta el tejido social. Y detrás de ello, no solo hay delincuencia: hay una profunda falta de tolerancia y empatía que está transformando relaciones y comunidades.

El pasado 25 de enero de 2026, un hecho estremeció a México: un comando armado irrumpió en un campo de fútbol en Salamanca, Guanajuato, y abrió fuego, dejando al menos 11 personas asesinadas y 12 heridas, entre ellas mujeres y menores de edad. Fue una escena que retrató con crudeza cómo la violencia ya se normaliza incluso en espacios de convivencia familiar y deportiva.

Esta tragedia se enmarca en una tendencia más amplia. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) de 2025 reflejó que más de seis de cada diez mexicanos adultos —el 63.2 %— se sienten inseguros en su propia ciudad, una percepción que ha ido en aumento en los últimos años y que habla de una sociedad que ya no confía en su entorno ni en la capacidad del Estado para protegerla.

Mientras tanto, los datos históricos son igual de alarmantes: México ha experimentado un incremento sostenido en sus índices de homicidio en la última década, con un incremento de más de 50 % en homicidios desde 2015 y un crecimiento del 71 % en delitos cometidos con armas de fuego en ese mismo periodo.

Pero estos números no solo representan hechos delictivos aislados: reflejan la erosión de vínculos humanos básicos. La violencia —física, verbal, estructural— es un síntoma de una sociedad que ha perdido, en muchos espacios, la cultura del diálogo, la paciencia y la empatía. La intolerancia se expresa en formas variadas: desde la violencia intrafamiliar hasta las agresiones en espacios públicos, pasando por la estigmatización de grupos vulnerables y la negación de derechos y dignidades.

Las consecuencias de esta crisis no son solo estadísticas frías. Cuando una comunidad normaliza la violencia, se fragmentan los lazos de confianza social necesarios para el desarrollo humano. Se deterioran las relaciones familiares, se rompen los acuerdos cívicos y se alimenta un ciclo donde la violencia genera miedo, y el miedo alimenta más violencia.

Combatir esta realidad es tan urgente como complejo. No basta con invertir en mayor presencia policial o en tecnología de seguridad si no se trabaja, desde la infancia, en educar sobre la tolerancia, la resolución pacífica de conflictos y la solidaridad humana. Porque mientras más normalicemos la violencia —en el discurso, en la broma, en la indiferencia—, más difícil será reconstruir ese tejido social tan dañado.

No son solo cifras: son vidas, familias, sueños que se rompen. La intolerancia, la falta de empatía y la violencia no son inevitables. Pero su eliminación exige compromiso, educación, diálogo y políticas públicas que recuperen la confianza entre personas y en las instituciones. Solo así podremos aspirar a una sociedad más justa, segura y humana.

 
 
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Lupita Escobar

Voz de mujer