No fue un arrebato, fue un feminicidio anunciado
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No fue un arrebato, fue un feminicidio anunciado

Martes, 20 Enero 2026 00:05 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

La violencia de género no empieza con un golpe. Empieza con una frase que incomoda, con un “¿por qué te pones eso?”, con un mensaje revisado sin permiso, con el silencio castigador, con el chantaje disfrazado de amor. Empieza cuando nos convencen de que los celos son prueba de cariño, de que la intensidad es pasión, de que el control es cuidado. Y cuando no se atiende, cuando se minimiza, cuando se normaliza, termina —muchas veces— en feminicidio.

Esa historia ya la sabemos. La vemos repetirse en las noticias, en las estadísticas, en los nombres que se vuelven hashtag y luego silencio. Los datos son claros: una proporción alarmantemente alta de los feminicidios es cometida por parejas o exparejas. No es el extraño en la calle; es quien decía amarte, quien prometía cuidarte, quien conocía tus rutinas, tus miedos, tus sueños.

El feminicidio íntimo es la consecuencia extrema de una violencia que llevaba tiempo instalada. ¿Por qué no vimos las banderas rojas? Porque nos enseñaron a ignorarlas. Porque ser “tóxico” se volvió una broma, porque el “intenso” se romantizó, porque el amor se confundió con posesión. Porque nos educaron para aguantar, para justificar, para creer que con paciencia todo cambia. Porque el miedo a estar solas pesa más que la certeza de estar en peligro.

Las banderas estaban ahí: los celos que escalan en redes sociales, la exigencia de contraseñas, la revisión del teléfono, el “¿con quién hablas?”, el aislamiento de amigas y familia. Los jaloneos “sin importancia”. Las groserías, las ofensas que suben de tono. El control del dinero. Las disculpas después del daño. La promesa de que “no volverá a pasar”. Y luego, cuando ocurre lo irreparable, revisamos la historia y encontramos una cadena infinita de señales ignoradas.

En muchos casos, la violencia ya existía: psicológica, emocional, física, económica. Y aun así, el sistema falló. Falló la atención temprana, falló la protección, falló la justicia. La impunidad sigue siendo un mensaje peligroso: que agredir puede salir gratis. Que matar puede no tener consecuencias. Que la vida de las mujeres vale menos.

No es amor si te controla. No es amor si te humilla. No es amor si te da miedo. No es amor si te obliga a demostrar dónde estás, con quién estás, por qué respiras. El amor no duele, no amenaza, no encierra.

Hablar de esto no es exagerar; es prevenir. Nombrar la violencia no rompe familias, las salva. Irse a tiempo no es fracaso, es valentía. Pedir ayuda no es debilidad, es supervivencia. Y como sociedad, dejar de romantizar la violencia es urgente: porque cada “así son los hombres”, cada “seguro exagera”, cada “algo habrá hecho” es una puerta abierta al siguiente nombre en la lista.

Que esta columna con la que iniciamos el año sea un espejo incómodo y una alarma necesaria. Si te reconoces en estas líneas, no estás sola. Las banderas rojas no son decorativas: son advertencias. Escucharlas a tiempo puede salvar una vida. La tuya.

 
 
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Lupita Escobar

Voz de mujer