Pero sigue siendo el rey

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Publicado en Opinión

Pero sigue siendo el rey

Viernes, 03 Diciembre 2021 00:55 Escrito por 
Noemí Muñoz Noemí Muñoz Ganando espacios

Verbena popular en el Zócalo para celebrar la toma de protesta de la democracia. Muñecos, galletas, pósters del caudillo de la Cuarta Transformación.

El mariachi de la Defensa Nacional cantando "México, México, te llevo en el corazón", mientras el próximo grupo se prepara para mostrar su talento en el festejo.

Cómo en película de Disney, AMLO, sale a refrendar, con una sarta de falacias clásicas que en México todo ha cambiado, todo. No hay corrupción, no hay robo, los pobres no son el último eslabón de la cadena, ahora son los pudientes los que sufren.

Salpicando saliva y un sincero "que se vayan al Carajo" (la pobreza y los corruptos, por supuesto) dejó al pueblo mudo, que después de un breve silencio lo vitoreó como en aquellas épocas dónde los acarreados hacían vibrar con sus aplausos.

Después, como un rey, junto a su consorte, abandonó el podium y dejó a sus vasallos, digo a sus seguidores disfrutando de la verbena popular que dejó apenado al 15 de septiembre, porque no se escatimó en gastos, música, comida y sobre todo gente.

Los sindicatos deben estar estudiando el evento para saber cómo reunir a tanta gente.

Todo ello sería digno de reseñarse como la más grande fiesta de la estupidez.

No es cuestión de ideologías políticas, ni siquiera es por criticar que AMLO le saca jugo a su efigie y que está dando cátedra del populismo contemporáneo. Eso es otro tema.

Lo preocupante es que para López Obrador todo es más importante que cuidar las necesidades de los mexicanos.

Mientras Israel, Japón, Marruecos, ya cerraron sus fronteras ante posible contagio por la variante Ómicron. En Europa ya se tomaron restricciones, al igual que en América, donde Estados Unidos, Canadá, Brasil, Argentina y Guatemala no están aceptando vuelos provenientes de África.

El mundo se prepara para la cuarta ola, el Ómicron y AMLO convoca a la fiesta nacional. 160 mil personas reunidas, amontonadas, sin sana distancia, convocados por el presidente en un solo lugar.

Los médicos y científicos del mundo han pedido que las medidas preventivas no se dejen de lado. Que se evite acudir a eventos masivos realizados en sitios cerrados y sin cubrebocas.

Lo del 1 de diciembre atenta con la salud de todos. Como hemos visto a lo largo de estos casi dos años, basta únicamente una persona para que muchas personas se contagien de inmediato.

Nos queda claro que nada más le interesa vociferar contra sus adversarios, los corruptos, los que están en su contra, los que lo critican a tomarse en serio la pandemia.

A él no le preocupa enfermarse porque tiene los servicios médicos a su disposición, con las vacunas necesarias y el dinero para gastar diez mil pesos en un día en medicación. Un mexicano normal no puede costear esta enfermedad; no puede visitar neumólogos que cobren entre 1000 o 1,500 pesos. Ni hablar de comprar un tanque de oxígeno o pagar un mes de hospitalización.

Con dinero y sin dinero, hace siempre lo que quiere y su palabra es la ley. El problema es que 160 mil personas lo siguieron y quizá sean la cepa que comenzará la cuarta ola en nuestro país. Por mucho que presuma que el 80% de la población ha recibido la primera dosis, se sabe que solo hay un 58.5 por ciento. Y de esquema completo un 49.6 por ciento.

 En la presidencia, López Obrador seguirá peleando con molinos de viento y nosotros mirando.


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Noemí Muñoz

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