Óscar Chávez: el valor de la cultura en México

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Óscar Chávez: el valor de la cultura en México

Miércoles, 04 Mayo 2022 01:25 Escrito por 
Jorge Olvera García Jorge Olvera García Inventario

“No se trata de dar definiciones ni conceptos, solamente expresarse… / Vivir intensamente, vivir intensamente es conseguir una impresión del vivir”. Esta es la reflexión inicial de la película Los Caifanes y fue mi punto de partida con la personalidad del gran Óscar Chávez Fernández.

Descifrar al primerísimo exponente de la canción popular y de la nueva trova mexicana supone interpretar al compositor y cantante, al prolijo difusor de ese canto que es latido, sentir, impulso y esperanza. Voz de la epopeya mexicana, impresión absoluta del vivir.

Siempre he pensado que reconocer nos reconoce, que honrar nos honra y que recordarlo en su segundo aniversario luctuoso implica homenajear al poeta y al gran amigo con quien tuve la oportunidad de coincidir y entregarle el más alto honor que nuestra Casa Verde y Oro otorga solo a los espíritus grandes y educados, a los que se recuerda con cariño y nostalgia, a aquellos que, como el “Caifán Mayor”, con ideas, garganta y guitarra disidente, se convirtió en el paladín del libre pensamiento y de la crítica social.

Su existencia fue una oda a lo místico, a lo irrepetible y genial: cual Quijote alucinado, fue acucioso y pertinente, fuerte, reflexivo, practicante de la parodia y la protesta, nunca dudó en emitir su opinión y su figura plena de sonoridad se mantuvo coherente a lo largo de su vida. Ese fue mi amigo Óscar Chávez. Con él compartí requinto y poesía, tango, soneto, palabra y verso corto. En su voz encontré la sensibilidad de Chabuca Granda, la nostalgia de los Hermanos Gil y la añoranza dulce de Manuel Esperón o el “Lamento borincano” de Rafael Hernández.

Su voz fue para mí como la poesía de José Martí que, henchida de pasión, sentimiento y nostalgia, me ha acompañado siempre en mis tardes de bohemia: “Quiero, a la sombra de un ala, contar este cuento en flor: la niña de Guatemala, la que se murió de amor”, escribió el poeta.

“Hay que pensar el sentimiento y sentir el pensamiento” sentenciaba Miguel de Unamuno en su frase humanizada con gran clarividencia; así, la precisión acostumbrada del Caifán cuyo arte nos entregó una forma de expresar el amor en una muy educada voz, puntual en su ritmo, tonada y acento. Su pensamiento se convertía en pluma y su técnica nacía desde el alma: “Por ti yo dejé de pensar en el mar / por ti yo dejé de fijarme en el cielo / por ti me ha dado por llorar como el mar / me he puesto a sollozar como el cielo / me ha dado por llorar”.

Óscar Chávez Fernández fue pasión, letra, sentimiento, emoción, sueños, canto; fue sonoridad, contraste, colorido y silencio que, como epifanía, se reveló para convertirse en aforismo, casi sentencia. Y es que el aforismo es lo que se dice cuando se sabe callar y lo que se calla cuando se sabe lo que se dice. Eso fue el Caifán Mayor: el valor de la cultura en México.


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