¿Dónde están? El grito que retumba desde Ixtlahuaca hasta Mazatlán
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¿Dónde están? El grito que retumba desde Ixtlahuaca hasta Mazatlán

Martes, 10 Febrero 2026 00:10 Escrito por 
Voz de Mujer Voz de Mujer Lupita Escobar

La noche del 3 de febrero de 2026, lo que prometía ser una escapada familiar a las playas de Mazatlán, en Sinaloa, se convirtió en una pesadilla para seis personas originarias de la comunidad de Santa Ana, en el municipio de Ixtlahuaca, al norte del Estado de México.

Mientras disfrutaban de un paseo en cuatrimotos por la zona de Cerritos, fueron interceptados por sujetos armados. Montserrat, de 28 años, y su hija Dana, de 9, fueron localizadas con vida al día siguiente en El Habal; sin embargo, los hermanos Omar Alexis (30), Javier (25), Gregorio (19) Ramírez Sabino y su amigo Óscar García Hernández (30) continúan desaparecidos.

Desde entonces, sus familias han emprendido una incansable búsqueda, organizando marchas pacíficas desde Ixtlahuaca hasta la Ciudad de México y exigiendo a las autoridades que intensifiquen los esfuerzos para localizar a sus seres queridos. La comunidad se ha unido en solidaridad, compartiendo fichas de búsqueda y manteniendo viva la esperanza de un pronto reencuentro.

Este caso no es aislado. Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, hasta diciembre de 2025 se contabilizaban más de 130 mil personas desaparecidas o no localizadas en México. El Estado de México, de donde son originarios los jóvenes desaparecidos, es una de las entidades con mayor número de casos.

La desaparición de personas en México es una crisis que afecta a miles de familias. Cada caso representa una vida truncada y un círculo familiar devastado. Es imperativo que las autoridades actúen con celeridad y transparencia, y que la sociedad en su conjunto no permita que estos casos caigan en el olvido.

Hoy, el grito de “¿Dónde están?” resuena no solo en Ixtlahuaca, sino en todo el país. Es un llamado a la acción, a la empatía y a la justicia. Porque mientras haya una madre buscando a su hijo, una hermana esperando noticias o una niña preguntando por su padre, no podemos quedarnos en silencio.

Este caso no es aislado: es parte de una herida abierta que atraviesa México. Cada desaparición deja un rastro de madres que no duermen, padres que envejecen de golpe e hijas e hijos que crecen con preguntas sin respuesta. La sociedad no puede normalizar el horror. Compartir fichas, visibilizar, exigir resultados y acompañar a las familias también es una forma de búsqueda.

Porque mientras falte uno, nos faltan todos.

Y al final del camino están ellas: las madres buscadoras. Mujeres que cambiaron el miedo por la pala, el silencio por la voz y el dolor por resistencia. Madres que caminan kilómetros, que remueven la tierra con las manos temblorosas y que enfrentan amenazas y burocracia con la misma fuerza con la que abrazan la esperanza. No deberían tener que hacerlo, pero lo hacen por amor.

Ellas sostienen la memoria de los ausentes y la dignidad de un país que aún les debe respuestas. Que su lucha no sea en vano: que sus hijos regresen, que la verdad aparezca y que nunca más una madre tenga que buscar en la tierra lo que debería estar a su lado.

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Lupita Escobar

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