Serrat: la obligación de ser feliz. Despedida de los escenarios

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Serrat: la obligación de ser feliz. Despedida de los escenarios

Miércoles, 18 Mayo 2022 04:04 Escrito por 
Jorge Olvera García Jorge Olvera García Inventario

Nació en el barrio Poble Sec, Barcelona; un día, después de mucho reflexionar, llegó a la conclusión de que la primera obligación del ser humano es ser feliz. Varios años después de mirar de cerca la vida, de sufrir la represión del Franquismo o las injusticias de los golpes militares en América, después de escuchar la música, las consejas y las historias de su tierra, y de amar el olor a tomillo y a cocina de su madre, Joan Manuel Serrat fue feliz para siempre y nos enseñó, como dijo Benedetti, que teníamos que defender la alegría porque “Serrat transita con calidez y llaneza, logrando siempre que el humor lo salve de la retórica y la naturalidad lo defienda de lo frívolo.”

Profundizar en su historia es hablar de “Mediterráneo”, escrita hace 50 años como una oda al lugar de nacimiento del catalán, y que ha sido considerada como el mejor poema hecho en esa región geográfica. Uno experimenta el disco que la contiene como se adentra al mar, con curiosidad y misterio. Esa musa de Serrat le hace lograr una obra a la altura de las más grandes, monumental y preciosa, que protege y acompaña a quien la escucha, igual que el mismo Joan Manuel lo ha hecho en sus años más turbulentos y a lo largo de su existencia.

Inició su vida artística en 1965 y el gran atributo que lo distinguió como un patriota fue el negarse a cantar en español “La, la, la” en el festival Eurovisión de 1969 y que a la postre ganó Massiel, cantante española. Con este gesto, Serrat defendía su lengua paterna, pero al mismo tiempo reivindicaba la materna. Su convicción era tan fuerte que por sus ideas liberales, demócratas y progresistas, tuvo que exiliarse en México, donde encontró el espacio ideal para recrear a los grandes poetas: Miguel Hernández, León Felipe, Manuel y Antonio Machado, entre otros.

El que esto escribe tuvo la enorme dicha de encontrar en la gloriosa Secundaria No. 7 de Toluca, a la profesora Guadalupe -solo he logrado recordar su nombre de pila- quien con tocadiscos portátil en mano nos hizo conocer a los grandes poetas españoles a través de la voz del llamado “Nano” -que significa niño, en catalán-; creo que esto sucedió en medio de un indudable y feliz fenómeno: la generación de los años 60 y 70 se formó en la prosapia y la cultura de quien escribió canciones como “Penélope” y compuso la música ya universal del poema “Cantares”, de Antonio Machado.

Joan Manuel Serrat fue el iniciador de un movimiento musical de alta línea cultural, luchador incansable, poeta y actor que ha sido reconocido por las más importantes universidades del mundo; entre ellas, la Autónoma del Estado de México, que en un acto histórico, le otorgó el Doctorado Honoris Causa en 2015.

En esa ocasión, el nacido en Barcelona a orillas del Mediterráneo no pudo ocultar su emoción al recordar que Toluca lo recibió desde 1971 en su exilio obligado. Por su mente crítica y espíritu creativo, seguro estoy, será acreedor al Premio Cervantes de Literatura y, por supuesto, al Premio Nobel de la misma especialidad.

En el marco de su gira de despedida, cultivemos y abracemos la filosofía del hombre que salió del campo para tocar una guitarra y que nos ha enseñado a amar y a llorar con la demolición del Roxy; él es ese hombre con el que hemos aprendido a cantar sin tiempo y sin distancia.

Tengamos presente al maestro que ha dejado una profunda huella en la cultura hispanoamericana y en las generaciones de jóvenes y no tan jóvenes que, gracias a su música y sus letras, siguen rebosantes de juventud viviendo la virtud de hermosos poemas y grandes ideas; sigamos al maestro que por fortuna sigue cantando, escribiendo, componiendo historias e inventando maneras de defender el buen humor y la alegría.

No alcanzan las palabras para describir a quien ha descifrado las cosas por sus causas: susurrándolas, gritándolas, cantándolas para compartirlas con todo mundo en todos los tonos, en todos los ritmos, llamándonos también a tomar parte de su alegría y entregarla a los demás.

Por eso, a manera a de homenaje, finalizo este comentario de hoy con las palabras que entonces acompañaron el reconocimiento honorario de Doctor otorgado a “El noi del Poble-sec”: avui ser per dia grandeniu planteja així aprovitar que paz depèn en part de tu on el dia a dia dura de l'experiència començar per guanyar i elevar com si fora festa de guardar avui per ser un gran dia i a més també pàtria ciència i treball.


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