La vida es cambio

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Publicado en Opinión

La vida es cambio

Lunes, 10 Junio 2024 00:04 Escrito por 
Hugo Antonio Espinosa Hugo Antonio Espinosa Sin riesgos

Efectivamente, los cambios se imponen; algunos se ven venir y otros surgen de pronto. Cuando alguien pierde la salud a través de una enfermedad crónico-degenerativa se es testigo, poco a poco, de los cambios que le han de conducir a dicha pérdida progresiva. Quien la pierde súbitamente, después de un accidente, por ejemplo, se entera que su vida ya es otra y debe adaptarse, le guste o no. Así son los cambios, anunciados o repentinos. Se tienen que vivir.

Quien acepta y se dispone a adaptarse a su nueva realidad, implementa una actitud propositiva y emprende acciones para enfrentar de la mejor forma su recién adquirida condición de enfermo; pronto encontrará alternativas para prolongar, mejorar y hacer más agradable su vida, ya adaptada al cambio. Estas reflexiones parecen simples si las enfocamos a la integridad física de una persona, pues se suele pensar que la salud física y mental de un individuo es un asunto privado, estrictamente individual; una responsabilidad cuyas consecuencias atañen sólo a quien las padece y a sus allegados.

¿Qué pasa cuando los cambios que obligan a vivir de una forma diferente provienen del exterior de las personas, es decir del medio que les rodea? ¿Qué pasa cuando el enfermo es el planeta? ¿Se acuerda de la COVID-19? El aire que respiramos, el agua que bebemos, las temperaturas, los vientos, las lluvias, entre otras expresiones de la naturaleza que condicionan la vida. En tal situación, las consecuencias que se viven ya no son de índole individual, sino colectiva.

Reconocer que la radiación solar afecta a todos por igual; que los estragos que provoca un huracán son tan democráticos como el agua sucia que compartimos todos en la CDMX y que la contaminación atmosférica en el Valle de México ya acumuló más contingencias ambientales en un solo mes –mayo de 2024– que los dos años anteriores juntos, son signos y síntomas inocultables del cuerpo maltrecho de un planeta enfermo.

Así como hay especies vegetales y animales con declaratoria de riesgo de extinción, la del ser humano no estará tan lejos si continuamos así, indiferentes, pasivos y ciegos. ¿Qué estamos dispuestos a hacer para que ese momento no llegue o, por lo menos, se retrase un poco más? Qué hacer no es difícil, sólo debemos hacerlo ya, desde casa, en el ámbito personal y familiar, para luego escalar a la comunidad.

Olvídese de que su político o líder en turno sea quien le proponga qué hacer. Hágalo por cuenta propia, por simple autodiagnóstico. No espere a que sean políticas públicas, desde arriba, las que le vengan a decir qué hacer; mejor, desde abajo, haga pequeños cambios, acciones simples y cotidianas que se conviertan en hábitos. Seguro conoce muchas, sólo hágalas.

La propuesta es pasar del antropocentrismo de los últimos cien años, a un biocentrismo urgente, es decir poner de una vez por todas en el centro del quehacer humano la conservación del medio ambiente. Que todo lo que hagamos sea considerando el impacto que genera en el ambiente y, en función de ello, decidir si lo hacemos o no. De nada ha servido la creación, por parte del Estado mexicano, de múltiples instituciones y organismos dedicados a regular y conservar el medio ambiente, si los ciudadanos no son partícipes de sus iniciativas, ni depositarios de sus proyectos, ni son tangibles sus políticas. Entes burocráticos sin vinculación social, ni resultados que justifiquen con contundencia su existencia.

¿Ha escuchado hablar de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad; la Comisión Nacional de Zonas Áridas; de la Comisión Nacional Forestal; la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente; la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas; el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, entre muchos otros entes federales, estatales y municipales? ¡Verdad que no! Mucho menos conocer alguna de sus propuestas o acciones relevantes que den cuenta de que hacen algo tangible, medible y evaluable al alcance de la ciudadanía y que abone realmente al mejoramiento de esta enfermedad que padece nuestro planeta. Por eso el cambio es desde casa y en nuestros hábitos diarios. Esto es también protección civil. ¡Que su semana sea de éxito!

Hugo Antonio Espinosa Ramírez

Funcionario, Académico y Asesor en Gestión de Riesgos de Desastre

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