Cerramos el año con el descarrilamiento del Tren Interoceánico, el 28 de diciembre de 2025, en Oaxaca, con un saldo de 14 fallecidos y casi un centenar de lesionados. Un accidente trágico de origen antropogénico que pudo haberse evitado con planeación, estrategias de prevención y mejor supervisión de sus condiciones de operación. Cinco días después, el 2 de enero de 2026, a las 8 de la mañana, un fuerte sismo de 6.5 grados, con epicentro en San Marcos, Guerrero, dio la bienvenida al año nuevo con un gran susto, el mejoramiento de los sistemas de alertamiento y saldo blanco, afortunadamente.
Y hace tres días, una explosión por acumulación de gas LP en un departamento de la colonia Paseos de Taxqueña, en la CDMX, dejó cinco personas lesionadas, severos daños en siete edificios habitacionales y 2,500 personas desalojadas. Así, inédito y extraordinario, el incidente. Reflexionar lo sucedido durante el año que se fue y las expectativas del que apenas comienza nos invita a aprender de lo vivido y salir fortalecidos.
Asimilar y comprender las condiciones que antecedieron a las emergencias y desastres de 2025 nos obliga a analizar y corregir para no repetir los errores y descuidos cometidos; aceptar lo irremediable y nuestras vulnerabilidades. Escenas terribles como las explosiones del Puente de la Concordia, en la CDMX; el incendio de la tienda Waldo’s, en Chihuahua; y el avionazo ocurrido en el Estado de México, son severas lecciones que estamos obligados como sociedad a no olvidar, para no repetir. Identificar las capacidades y fortalezas con las que se cuenta son el insumo básico el día de hoy para la prevención de desastres. Trabajar en equipo y autorregularse a cada momento son reglas básicas para toda organización.
Para la prevención de riesgos y la protección civil, la resiliencia es el fruto esperado, la consecuencia anhelada detrás de los esfuerzos realizados durante todo el año. Es la evidencia de que lo implementado funcionó, es decir, los cambios generados dentro de nuestra ciudad, en la comunidad, organización, empresa, oficina, escuela o negocio; son las acciones tangibles, la participación de cada vez más personas en actividades preventivas; cada vez más voluntarios; la asignación de recursos para el cuidado y salvaguarda de la gente; entre muchas otras formas de percibir que estamos cambiando mentes, actitudes y comportamientos.
¿Qué es resiliencia? Es el paso adelante; la lección aprendida; el resultado de las buenas prácticas y de la experiencia adquirida al trascender y superar múltiples dificultades; la corrección de los errores cometidos. Técnicamente hay muchas definiciones. La que establece la Ley de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México, en su Artículo 2, Fracción LI, la define como: “La capacidad de un individuo, familia, comunidad, sociedad y/o sistema potencialmente expuestos a un peligro o riesgo para resistir, asimilar, adaptarse y recuperarse del impacto y efectos de un fenómeno perturbador en un corto plazo de manera eficiente, a través de la preservación y restauración de sus estructuras básicas y funcionales, logrando una mejor protección futura, mejorando las medidas de reducción de riesgos y saliendo fortalecidos del evento”.
Resiliencia es también emprender, poner a prueba las capacidades adquiridas y empujar nuevos proyectos que nos hagan mejores, abiertos y accesibles al cambio. Este 2026 es una invitación a mejorar y aprovechar cada oportunidad para prevenir emergencias y desastres. Implementar innovaciones, nuevas formas de procesar los objetivos y las metas que se tienen para el periodo que se inicia. ¡Hay que atreverse! No hay más. En tanto, no se olvide que el espacio más seguro lo construimos todos. ¡Que su semana sea de éxito!
Hugo Antonio Espinosa
Funcionario, académico y asesor en Gestión de Riesgos de Desastre
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