¿Autoridad perdida en centros educativos?
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Publicado en Opinión

¿Autoridad perdida en centros educativos?

Lunes, 22 Junio 2026 00:05 Escrito por 
Sin Titubeos Sin Titubeos Diana Mancilla Álvarez

Terminé de ver la reciente serie surcoreana “Así aprenderás” (True Education), basada en el popular webtoon (cómic para celulares y tabletas) Get Schooled. Muestra una realidad que, de no atenderse, puede crecer a niveles insospechados en México. En este espacio abordé un problema de cómo el alumnado no respeta la autoridad de maestras y maestros ante la parálisis institucional que se hace de lado para castigar a quienes rebasan los límites en las aulas. ¿Hasta dónde terminan los derechos del estudiantado cuando, de manera constante, se atenta contra los derechos de las y los profesores?

La historia presenta a una ficticia Oficina de Protección de los Derechos Educativos (OPDE), cuyos agentes intervienen de manera contundente en centros escolares afectados por el acoso, la violencia y la indisciplina. Aunque es evidente que todo es ficción, los problemas que aborda son preocupantemente reales y cada vez más frecuentes en el mundo, incluido México.

La serie plantea una crisis en la que la escuela deja de ser un espacio seguro para impartir la educación escolarizada. El bullying, el consumo de drogas (hay que añadir el alcohol) entre las y los estudiantes, las agresiones físicas y verbales, así como la normalización de conductas violentas, afectan la convivencia escolar. El tema es que no se trata de casos aislados (apenas el caso del Colegio de Bachilleres 07 de Capultitlán). También las peleas afuera de las escuelas, el acoso a los más débiles, sin contar el ciberbullying. Las estadísticas y los testimonios de docentes, alumnado y madres y padres reflejan una realidad preocupante que requiere atención urgente.

La violencia no debe ser la solución

Pero la respuesta que propone la historia “Así aprenderás” no puede ser el camino. La OPDE actúa mediante la intimidación, la fuerza y, en ocasiones, la violencia física contra los estudiantes agresores. En ninguna sociedad se pueden justificar esos métodos disciplinarios. Combatir la violencia con más violencia solo hace que el problema crezca y envía un mensaje equivocado a las nuevas generaciones.

Sin embargo, esto no representa ignorar otra realidad que también crece y hace que se pierda el amor por la docencia, y es la vulnerabilidad que enfrentan profesoras y profesores. ¿Qué área de las instituciones educativas los defiende? Por años, el discurso público se ha centrado exclusivamente en los derechos de los estudiantes, lo cual es adecuado y necesario, pero se ha olvidado que los maestros también tienen derechos. Hoy existen casos documentados de profesores insultados, amenazados, acosados en redes sociales e incluso agredidos físicamente y en sus propiedades (vehículos) por alumnas y alumnos o familiares. La autoridad se ha debilitado al punto de que temen ejercer disciplina por miedo a denuncias o represalias.

Se debe proteger a las y los estudiantes, pero también a sus maestras y maestros para que no se debilite el sistema educativo. No son enemigos del estudiante ni solo proveedores de contenidos académicos; son una figura formadora cuya tarea exige respeto institucional y respaldo social. Recuperar su autoridad no significa establecer prácticas autoritarias; se trata de reconocer su papel esencial dentro del proceso educativo. Las y los docentes son autoridad dentro de las aulas.

Atención especial al bullying

El fenómeno del bullying requiere atención especial. Durante mucho tiempo se minimizó como si se tratara de simples bromas o conflictos propios de la edad. Las consecuencias pueden ser devastadoras: depresión, ansiedad, abandono escolar e incluso suicidio. Las víctimas requieren protección efectiva y mecanismos de denuncia confiables, mientras que los agresores necesitan intervenciones tempranas que corrijan conductas antes de que se conviertan en formas más graves de violencia.

A ello se suma la presencia de drogas, armas y bandas de influencia negativa dentro de las escuelas. Pero la participación de madres y padres, así como el desarrollo en el entorno familiar, es fundamental para evitar la violencia, las adicciones o la delincuencia. Se requiere también el respaldo de las autoridades y de la sociedad en general. Y es un hecho: la formación académica debe complementarse con educación cívica, emocional y con el fortalecimiento de valores.

La serie surcoreana enciende la discusión, pero se equivoca al sugerir que la fuerza es la solución. Lo que las escuelas necesitan no son grupos de fuerza. La defensa de las y los estudiantes y de las y los maestros no se contrapone. Son la misma responsabilidad para garantizar que los planteles educativos sean espacios de respeto, aprendizaje y una esperanza real para las siguientes generaciones.

 
 
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