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Publicado en Opinión

Asimetrías en el amor

Miércoles, 10 Julio 2019 09:13 Escrito por 
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Hace un par de años, me tocó ver cómo una pareja se salía de la sala del cine porque no pudo con la temática de “La Chica Danesa”. En otro momento me tocó abrir un espacio cultural de mi ciudad para que la obra “Un Corazón Normal” pudiera cerrar su temporada, ya que el sitio donde tenían prevista la puesta en escena fue cancelado sin explicación alguna. Años antes, incluso, presencié la forma en que algunos conocidos avanzaban en sus tocacintas la canción “Mujer contra Mujer”, de Mecano.

Pienso que soy una afortunada, pues gracias a mi cercanía con el cine, la música, el teatro, la danza, el arte en general, he tenido oportunidad de abrir los sentidos, de ser respetuosa para con las diversas expresiones humanas y, ante todo, de buscar comprender sus razones, motivaciones y formas de expresar la diferencia.

Hoy tengo claro que los derechos de las personas –cualquiera que sea el grupo al que pertenecen– no son conquistados solamente por quienes participan abiertamente en la lucha, sino por la suma de personas que consideran que un mundo sin exclusión es posible. Porque no tienes que ser la causa, para defender la causa. Porque todos somos un poco diferentes al resto, y porque todos tenemos derecho a expresarnos de la forma en que consdieremos pertinente.

Y, curiosamente, pese a tener todo eso claro, nunca había tenido oportunidad de asisitr a la marcha del orgullo gay. Pero este año no, este año fue distinto. Este año me sumé al contingente como quien asiste a una cita pendiente. Decidí estar ahí para hacerle saber a personas queridas, y también a miles de desconocidos, que comparto su lucha, que celebro su valentía y que cuentan conmigo para abrir brecha, y para estar a su lado en los tiempos buenos pero, sobre todo, en los tiempos malos.

Fue un día lleno de color, música, danza. Un día que se prolonga hasta la noche –y quizá hasta la madrugada. Un día en el que la comprensión se respira únicamente ahí, en esas calles delimitadas para que marchen con total libertad, para que se expresen, para que sean ellos mismos; aun cuando todos sabemos que el resto del año los prejuicios imperantes en la sociedad hacen que sean señalados, estigmatizados y hasta violentados.

Junio se ha convertido en el mes del orgullo de la comunidad LGBTTTIQ+. Homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, transgénero, travestis, intersexuales, queers, asexuales y más, todos juntos, marchan en diferentes partes del mundo para pedir algo muy simple: tener los mismos derechos que los heterosexuales, empezando por el derecho a amarse libremente, sin temor a ser acosados, golpeados o asesinados.

La marcha por el orgullo gay tiene su origen en 1969, en Stonewall, un barrio bohemio de Manhattan en Estados Unidos. Fue Martha Shelley cansada del hostigamiento policial, quien instó a un grupo de homosexuales a salir a la calle en plena luz del día para marchar por el orgullo de ser ellos mismos, exigiendo respeto y rechazando cualquier tipo represión social o policial. México tardó casi una década en sumarse a esta marcha, hacia 1978.

La lucha ha sido ardua, pesada, imposible, agónica. Cuando se parece dar un paso hacia adelante, se das varios hacia atrás. Han sido muchos años de manifestarse para visibilizar la violencia cotidiana de la que son objeto las personas que, en el imaginario colectivo, salen de la lógica de la “normalidad”. Son muchos años en los que no se ha logrado garantizar plenamente sus derechos en la Constitución. Hoy, en la mayoría de los países siguen sin tener plenas sus garantías laborales, sin tener la posibilidad de un matrimonio igualitario, y mucho menos posibilidades de adopción.

Los riesgos de expresarse cariño en las calles son muy altos, lo ocurrido en el metro de Londres hace unos días o en las calles de Barcelona, son una muestra de que aún en los países en donde se ha avanzado un poco más, falta desterrar la violencia en las prácticas cotidianas, en la sutileza del día a día, en la cabeza de cada uno de los que se ofenden cuando alguien se atreve a ser diferente.

Hoy sigue siendo normal decir “puto” para referir a una persona que tiene miedo, o indicar una posible debilidad. Chistes homófobos siguen siendo el pan de todos los días, formas de hostigamiento a personas que no se ciñen a una personalidad binaria.

¿Qué es lo que asusta a la sociedad cuando mira a una persona que se atreve a hacer pública su diferencia? ¿Por qué a algunos les molestan las plumas o la diamantina? ¿Por qué algunos se ofenden con formas de amor no heteronormativas?

El amor es amor ¿por qué sigue costando tanto trabajo entenderlo? ¿por qué murmuramos lo que es natural? ¿por qué tirarles la primera piedra?

Hago votos porque algún día, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos sean capaces de decidir sin ataduras qué y cómo quieren ser. En un mundo donde la identidad sexual no se defina de una forma binaria y excluyente y donde, puedan ser por fin, libres de ser.

Un lugar donde, como dice la canción de Mecano: “si les hallamos labio a labio en el salón, no nos atrevamos ni siquiera a toser”.

 

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Ivett Tinoco García

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