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Publicado en Opinión

Un gobierno lleno de improvisaciones

Miércoles, 10 Julio 2019 00:10 Escrito por 
Un gobierno lleno de improvisaciones Lo bueno, lo malo y lo serio

A escasos siete meses del inicio de un gobierno que colocó la vara demasiado alta, los desatinos, la mala o nula planeación, la prisa, el actuar con ocurrencias, con un presidente que dice tomar decisiones inspirado en un supuesto sentido común, pero en especial, con un rencor profundo, lleno de revanchismo, ha tomado a la improvisación como base del quehacer político y social de México, lo que lleva a la autollamada Cuarta Transformación en una Transformación de Cuarta.

Lo barato puede salir caro, es un dicho de los abuelitos que tanta razón encierra, para el caso, se ajusta como anillo al dedo a lo que estamos viviendo en la administración federal, la soberbia del titular del ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador, al señalar que gobernar no es ninguna ciencia, lo pinta de cuerpo entero y explica perfectamente las condiciones en las que considera debe gobernarse.

Una de sus primeras indicaciones al tomar el cargo y reducir su salario, fue que nadie podría ganar más que el presidente, por arriba de los 108 mil pesos, lo que provocó serias diferencias entre instituciones, y los otros poderes del Estado, legislativo y judicial, aún hay amparos que impiden tal reducción para muchos de ellos. El presidente y los demás funcionarios de su equipo salen baratos para los mexicanos, pero con sus torpezas, han resultado demasiado caros, ¿habrá valido la pena?

Pero eso es lo menos, no hay por donde empezar para siquiera intentar entender el porqué de las desastrosas decisiones que afectan y seguirán afectando a la sociedad, a las instituciones, al estado de derecho y a la soberanía nacional. Lo que sí es seguro, es que para reconstruir al país, después de la intentona de un pretendido cambio de régimen, se necesitarán muchos, muchos años.

En principio, la Constitución y las leyes que de ella emanan, son instrumentos legales que rigen la convivencia de los ciudadanos, siendo el titular del ejecutivo el primer obligado en dar el ejemplo para su observación, garantizando con ello un estricto respeto al estado de derecho, ya que al tomar protesta se comprometió a cumplir y hacer cumplir el marco legal, pero ¿qué ha sucedido durante el tiempo de su gobierno? Todo lo contrario, pretende elegir qué obedecer y qué no.

Esto nos lleva a un desorden, pero ¿qué tal cuando alguien más, que no sea él o alguno de sus incondicionales intenta hacerlo?, irremediablemente es señalado, acusado y sentenciado, sin derecho a la réplica, porque, lo ha dejado claro el presidente, es el dueño de ésta, ¿cómo no hacer uso de su derecho? López Obrador no entiende que el mundo es diferente a como lo concibe, se quedó anclado en un pasado que ya no existe y que intenta revivir, ese que fue de los López Portillo, de Echeverría Álvarez. No es con sentido común como se debe gobernar a un país de la importancia del nuestro, sí debe haber preparación, sí hay ciencia.

La apuración por sacar la ley a vapor que le daría vida a la Guardia Nacional dejó muchos cabos sueltos, Alfonso Durazo Montaño, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana ha demostrado que paciente, no lo es, se irrita fácilmente, pero nunca tuvo la delicadeza de planchar lo que se avecinaba para los cambios que se requerían en el funcionamiento de elementos del ejercito, militares y navales y policía civil como la Policía Federal, a los que siempre se ignoró, nadie se les acercó o explicó las condiciones en las que quedarían dentro del nuevo cuerpo.

El compromiso de la construcción de ambiciosas obras reflejan esa falta de planeación, esa prisa loca para empezarlas a construir a pesar de no contar con lo más elemental para cumplir con los requerimientos previamente establecidos, indican por sí mismos el menosprecio que López Obrador le da a la norma. A pesar de no contar con estudios y proyectos, simplemente el estudio de impacto ambiental le parece una imposición que no quiere aceptar, arrecia contra quienes imponen amparos, porque no quiere respetar la ley, además, como muestra de su autoritarismo ha dicho que exhibirá los nombres de los jueces relacionados y que han ordenado la suspensión de sus obras, llamando al hecho como sabotaje legal.

Por cada tropiezo, busca a quien culpar acusándolo de corrupto, su palabra favorita, porque con eso acusa y juzga en forma mediática para arrinconar a sus adversarios, y si por alguna casualidad, alguien, que puede ser incluso personal de la administración federal, se atreve a criticar lo que está mal, le deja caer el peso de las instituciones a su mando para perseguir al “infractor”.

La sociedad aún está en espera de que empiece a realizar su trabajo, al que cada vez le da más tiempo, mientras tanto, seguirá culpando a los anteriores gobiernos, aún por torpezas propias. Nos dejaron un cochinero, todo estaba mal, lo mismo que repite su gabinete y los gobernantes emanados de su movimiento, como canción de moda.

Respecto de la sentida queja de que las obras del aeropuerto de Santa Lucía no inician porque los corruptos iniciaron unos amparos para detenerla. Caben las preguntas, ¿pues no que todo estaba bien?, ¿no que ya había estudios?, ¿no que todos los pueblos aledaños ya estaban conformes?. El caso es que no había planeación alguna, esos cien mil millones de pesos que dijo se ahorrarían con la construcción de ese aeropuerto nunca ha dicho de dónde le resultó el número, lo que si es verdad, es que los usuarios seguirán pagando por mucho tiempo un aeropuerto que ya no será construido.

¿Capricho?, ¿desquite?, ¿rencor?, ¿qué mueve al presidente? lo que sea, arrastra con sus decisiones a todo una nación, la que en un momento decidió cambiar a un gobierno acusado de corrupción, pero en el que parecía que había más dinero, más recursos, que con un supuesto gobierno austero, lleno de improvisados que no saben qué es lo que tienen que hacer, y con recortes hechos con hacha al personal capacitado, lo que deja a las instituciones en pobreza intelectual, con ineptos controlando los hilos de éstas, y que las vuelven infuncionales, sólo porque aparentemente son honestos, ¿y qué, el desconocimiento de sus atribuciones no es una forma de corrupción?.

¿En verdad era esto lo que esperaban los millones de mexicanos que votaron por un cambio?

Finalmente, las renuncias continúan, los funcionarios con experiencia y capacitados no aguantan, no el ritmo, sino las indicaciones fuera de contexto, fuera del alcance, tomadas sin medir consecuencias, y para que en un futuro no se vean implicados en tales desaseos. Hoy tocó el turno al que fuera titular de Hacienda, Carlos Urzúa, y sólo basta con ver la cara de angustia que lo dice todo, de su sustituto Arturo Herrera, para darse cuenta de que fácil, no será.

 

 

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Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio