Todas somos Olga Sánchez Cordero

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Publicado en Opinión

Todas somos Olga Sánchez Cordero

Viernes, 03 Septiembre 2021 00:20 Escrito por 
Noemí Muñoz Noemí Muñoz Ganando espacios

La Secretaría de Gobernación no la obtiene cualquiera, es el cargo más importante después de la presidencia. Llegar ahí significa que el Presidente confía plenamente en la persona que tomará tal investidura. Cuando Olga Sánchez Cordero fue nominada por López Obrador en su candidatura, se esperaba que salieran trapitos oscuros de la ministra, pero no fue así.

Su nombre es sinónimo de trabajo, honestidad y resiliencia ante un cargo tan intrincado. Tener una reputación de ese tamaño es difícil en el mundo de la política, sobre todo cuando los que han estado al frente de la Secretaría de Gobernación han sido artífices de represiones, censura, fraudes electorales y toda clase de acciones que taparan la suciedad presidencial.

Sánchez Cordero llegó para reflejar ese sentido humanista que tanto enarbola López Obrador. Era la promesa cumplida de terminar con la corrupción, de buscar el bienestar de los demás y respetar los derechos humanos.

Su trabajo no sólo fue limpiar la Segob, sino solucionar muchos de los conflictos que parecen no tener solución, como la situación de los desaparecidos, los levantamientos en varios puntos del país, la mediación entre el Presidente y su ríspida relación con los diputados de diferentes bancadas. Su relación con los gobernadores fue inigualable y no era la mujer detrás de López Obrador, era una evidente mano derecha.

Entre sus logros están la separación de Segob con la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la consolidación de la Comisión Nacional de Búsqueda, encabezada por Karla Quintana. 

La dama de los tres poderes, como la llaman por haber ocupado un cargo en el Ejecutivo, en el Legislativo y en el Judicial, ha reconocido que hizo mucho mientras estuvo en el cargo. A pesar de que al principio se le quiso mostrar como alguien que escondía sus bienes siempre mostró que no le tenía miedo a ser transparente.

Sus percepciones monetarias son mayores incluso que las de Marcelo Ebrard. Y obtiene por asesorías personales casi 400 mil pesos. Lo cual es extraño en un país donde la desigualdad salarial sigue en el mismo estatus: en espera.

Por un momento parecía que el techo de cristal no existía, que las mujeres podíamos presumir que por primera vez una mujer estaba en el puesto más importante.  Lo estaba haciendo de manera heroica y estoica

De pronto, como en todo cuento de hadas mexicano, un hombre, amigo, compadre, paisano del Presidente llegó a cubrir su puesto. El techo no solo es de cristal, también nos dimos cuenta que en la política de la cuarta transformación se empiezan a fraguar lealtades rumbo a la otra mitad del sexenio, con un objetivo aún desconocido, pero preocupante.

Por otro lado, Sánchez Cordero parece que está contenta con ser la presidenta de la Mesa Directiva del Senado de la República, pero ante tanto movimiento otras mujeres se quedaron fuera de la elección.

No sólo en el amor se nos prometen cosas, también en la política hay un idilio y la terrible verdad: todo fue parte el enamoramiento y el encanto se acabó. No importa cuán inteligente, capaz, poderosa y eficaz seas, el camino para obtener un puesto de poder en esta política mexicana es un espejismo.


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Noemí Muñoz

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