Gobernar si tiene ciencia

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Publicado en Opinión

Gobernar si tiene ciencia

Domingo, 25 Septiembre 2022 02:33 Escrito por 
Alfredo Albiter González Alfredo Albiter González Lo bueno, lo malo y lo serio

Para variar, en su aparición mañanera, el presidente Andrés López Obrador atajó a las preguntas que le formuló el periodista Jorge Ramos cuando éste afirmó que su gobierno ya es el más violento en la historia moderna de México. La respuesta para nadie puede ser sorpresa: “no coincido contigo”.

Sin embargo, los números son fríos, es fiel testigo el dato contundente que evidencia una clara ausencia de estrategia en el tema de la seguridad pública, las propias cifras oficiales acusan que en lo que va del sexenio se han registrado más de 125 mil víctimas por homicidio doloso.

Se le ha insistido al mandatario que su administración ya rebasó en el número de víctimas por este concepto -que es uno de los que clarifica las condiciones en las que se vive en el país-, a los gobiernos de los expresidentes Felipe Calderón y Enrique Peña, reportados en su momento como los más mortíferos.

No obstante lo anterior, hemos sido testigos cómo el tabasqueño defiende una y otra vez eso que llama “estrategia” de “abrazos y no balazos”, negando una realidad que no se puede ocultar, por mucho que diga: “nada más es cosa de cómo lo presentas tú y cómo consideramos nosotros deben darse a conocer”.

Ofrece una lucha intensa con la única a la que no puede vencer, ni engañar, como lo hace con sus huestes, la terca “realidad”, porque como se vea, de la forma como lo diga o como pretenda que se entienda; los muertos, los desaparecidos, los cobros de piso, el control que tiene el crimen de grandes zonas del territorio nacional, no se pueden ocultar, dígase como se diga.

Todo esto enfrenta a la terquedad que; como otras que lo caracterizan, insiste en darle al ejército el control de la seguridad del país, a través de una reforma anticonstitucional presentada por parte de quien aseguraba hace no mucho, eran sus adversarios, fifís, conservadores, etcétera, del PRI, ahora, toma de la mano al presidente nacional de ese partido y busca “convencer” a como dé lugar, a los senadores que aún no permiten que pase el tan anhelado cambio.

Es, por cierto, un verdadero circo lo que se ha presentado en la cámara alta del Congreso para defender lo que la gran mayoría rechazaba en otros gobiernos, particularmente en los de Calderón y Peña Nieto; se “desgarraban las vestiduras” llamando a no “militarizar” a México, y ¿ahora?

 ¿Por qué el cambio repentino para morenistas y priistas que defienden la permanencia de los castrenses en las calles? No se puede llamar a sorpresa lo que ha determinado el presidente para tal efecto, al decir: “cambié de opinión”, ¿en serio? ¿cambió de opinión?

A decir verdad, es muy inocente creerle tal declaración a quien ha demostrado que eso de cambiar de opinión o que pudiera aceptar, de una o de alguna otra forma que se ha equivocado en algo, y que sea cierto, no parece que haya sido así, al menos, por lo que se le conoce en su larga trayectoria como político. Más bien, obedece a lo que ya traía en mente llevar a cabo.

Los tiempos han dado la pauta para que despliegue su comportamiento ya planeado con mucha anticipación, todo está acomodado de cierta forma para que se vayan dando las cosas como quiere que se den, no puede ser casualidad la conquista de instituciones y órganos independientes, como tampoco, el desarrollo de sus obras emblemáticas. Lo que sí puede ser posible, es que no había medido el gasto excesivo que le iban a representar.

Por lo que es imposible aceptar sin cuestionar que de pronto López “cambió de opinión” y que ahora, está de acuerdo con que el verde olivo circule por todas las calles de la República, más claro queda que ese fue el objetivo desde un principio. Es por lo mismo que muchas cosas que ejecuta, primero mide el humor del pueblo, para después hacerlo realidad.

El pretexto que utilizan morenistas, petistas, priistas y demás colados, es que, dada la inseguridad, que no acepta López Obrador que hay, es indispensable contar con el ejército haciendo labores de seguridad pública. Un propósito para el que no están adiestrados, pero que, además, los resultados si así se les puede llamar, lo dicen, son pésimos. Ya ni hablar de los datos oficiales que así lo evidencian, pues no sabríamos elegir la forma de decirlo, cuando es el mandatario quien se queja de esa supuesta manera indebida de hacerlo, como se lo reclamó a Ramos.

¿No será, más bien, que en el ánimo del presidente se encuentra la intención de soportar con el ejército el apoyo a su “transformación” del país?, y en su momento, las fuerzas castrenses ¿serán acaso el punto decisivo para cuando el humor del pueblo ya no lo tenga de su lado?

La promesa de fortalecer a las policías locales; estatales y municipales se ha desvanecido al no recibir adiestramiento, equipo, prestaciones y todo lo que requieren para poder recuperar de a poco la defensa de las familias mexicanas como primeros respondientes y en su lugar, materialmente, han sido arrojados a los brazos de la delincuencia para sobrevivir.

El caos se avecina, la permanencia del ejército se apruebe o no la reforma mencionada, no parece ser la respuesta para un tema tan complicado como es el de la seguridad pública, sobre todo, al carecer de una estrategia seria, no la hay, no se ve y no parece cercano el día que se ofrezca.

Parece que, finalmente; gobernar, siempre sí tiene ciencia.


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Alfredo Albíter González

Lo bueno, lo malo y lo serio