Matices... Lucho, luego existo

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Matices... Lucho, luego existo

Miércoles, 15 Noviembre 2017 00:14 Escrito por 

“Respetable público ¡lucharan a dos de tres caídas sin límite de tiempo! En esta esquina El Santo y El Cavernario y en esta otra, Blue Demon y El Bulldog”…

Así empieza una de las canciones más populares que hace referencia a La Lucha Libre Mexicana, una de las expresiones más tradicionales y con mayor valor simbólico que tiene nuestro país.

La Lucha Libre es un espectáculo que combina el deporte y la teatralidad, por eso, sus mejores seguidores son los niños o quienes de alguna manera no han perdido ese espíritu. En cada encuentro se enfrentan simbólicamente El Bien y El Mal representados, los unos por Los Técnicos y, los otros, por Los Rudos. En cada encuentro ponen en juego la máscara contra la cabellera, el ring se llena de acrobacias y de folclore, hasta provocar un espacio de catarsis colectiva. A las luchas la gente se va divertir, o como dice la canción: “a volverse loco de la emoción”.

“Las Luchas” –como coloquialmente se les refiere– han sido objeto también de análisis sociológicos. De hecho, por ejemplo, a decir de Nelson Arteaga se trata de la teatralización de la vida humana cotidiana, donde se ponen en escena matices sociales como la pasión el valor, la fatuidad, el miedo, el odio, el egocentrismo, la inmoralidad, la crueldad refinada y, también la no refinada. Es un espectáculo donde los asistentes exigen la manifestación de estas formas, quieren verse reflejados en los luchadores y desean reafirmarse como vencedores [Nelson Arteaga (1991), Socialidad y vida cotidiana en la ciudad de Toluca, Ayuntamiento de Toluca, 95].

La vida –¡qué duda cabe!– es como en “Las Luchas”: hay rudos, hay técnicos, y aunque no siempre lo veamos claramente, hay referee. El escenario está definido, las reglas están escritas, la cartelera está publicada, aunque no siempre uno define de qué bando lucha, en esta decisión entran en juego los conocimientos, las habilidades, las competencias, tanto como los intereses particulares y también los de grupo.

Nuestros conocimientos, habilidades y competencias no siempre definen si estamos en el cartel, lo que sí es inevitable es que una vez que se está allí, la confianza en uno mismo, así como la lealtad, la constancia y la disciplina se vuelven indispensables para permanecer, sin importar el bando en el que se juegue.

Luchamos para estar, para sobrevivir, para trascender. Luchamos para ser. Cada quien define su lucha y enfrenta sus circunstancias. Luchamos para reafirmarnos, y a veces luchamos contra nuestros propios fantasmas; a veces luchamos acompañados y otras veces lo hacemos solos. Alguna vez hemos perdido la máscara, pero en otras ocasiones hemos visto cortar la cabellera del contrincante. Y en el fondo todos lo sabemos, lo importante, es estar ahí arriba y vivir la vida luchando desde el ring, sea cual sea el resultado.

¿Y tú? ¿Tú eres Rudo o Técnico?

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Ivett Tinoco García

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