Debanhi, que nombrarte traiga paz y vida digna para todas las mujeres

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Publicado en Opinión

Debanhi, que nombrarte traiga paz y vida digna para todas las mujeres

Miércoles, 27 Abril 2022 02:35 Escrito por 
Jorge Olvera García Jorge Olvera García Inventario

Con profundo respeto a los miles de mujeres a quienes las garras de la violencia, la crueldad y el desprecio han arrebatado la vida; con todo respeto a las que no han sido encontradas y permanecen desaparecidas sin nombre ni registro alguno de su paradero y siguen transitando en el anonimato quizá con la ilusión de ser halladas; con mi absoluto respeto hacia quienes han perdido a una hija, a una madre o a una amiga y, con el permiso de todas las mujeres de este país que a diario salen a las calles con miedo y la incertidumbre de si podrán llegar a salvo a casa, debo decir que estamos tristes, devastados, apenados y furiosos porque la muerte de Debanhi Escobar es punto de quiebre para la sociedad mexicana.

Su muerte duele y la impunidad indigna, una vez más. De terror es saber que en su búsqueda fueron encontrados cinco cuerpos más de mujeres que hasta habían permanecido como desaparecidas. Quien se ausenta a través del silencio está siendo injusto consigo mismo y con la sociedad de la que forma parte. En qué momento nos convertimos en esto, en qué instante dejamos de ser humanos, en qué segundo nos insensibilizamos tanto como para ver en estos casos solo uno más.

El valor de la vida queda en cuestión cuando esta es arrebatada de forma tan artera y sin consecuencias para el ejecutor. Hoy, el negro se vuelve más oscuro, su profundidad es tan dolorosa, que avizoramos en el color morado un sinónimo de esperanza ante la indiferencia.

Este lamentable acontecimiento, insisto, debe ser un motivo de indignación que anime a la sociedad a tomar cartas en el asunto, a castigar y erradicar de una vez por todas este flagelo a través de la instrucción y la cultura, de la educación pues, como lo dijo Napoleón Bonaparte, “la educación de un niño comienza veinte años antes de su nacimiento, con la educación de sus padres”, del entorno donde nace, crece y se desarrolla.

Lamentablemente, el cruel suceso ocurrido en Nuevo León no es un hecho aislado; en el Estado de México historias cruentas se han dado con el caso de Camila, en Valle de Chalco, o con el feminicida de Santín en el que, además, se transgredieron e incumplieron protocolos internacionales.

Es responsabilidad de todos cuidarnos, protegernos y edificar una cultura que ponga en el epicentro de todo a la educación como forma primaria de comenzar a señalar y corregir las cosas que son comunes y hasta cierto punto aceptadas, pero que de ninguna manera deben seguir siendo parte de nuestra realidad.

Es tiempo de educar, de culturizar y actuar no solo mediante los códigos represivos. El feminicida de hoy fue el infante de ayer que fue violentado, que no fue educado ni protegido; el amor se enseña con amor, eso nos vuelve humanos y por lo tanto mejores personas.

Que el caso de Debanhi nos ayude a comprender la importancia de la acción amplia y oportuna ante este fenómeno, porque bastaron unos minutos para que ella perdiera la vida; concienciar sobre la importancia de cuidar a las mujeres nunca antes había tenido tanto sentido.

Como decía John F. Kennedy, “es mucho lo que podemos hacer si estamos unidos, pero poco si estamos divididos. No podemos afrontar un poderoso desafío si estamos distanciados y divididos…”. Nada de esto terminará si seguimos haciendo lo mismo; hay que reestructurar la dinámica con la cual hemos enfrentado esta problemática desde las instituciones y la sociedad, avancemos en lo que nos une sin detenernos en lo que nos separa.

Las sentencias condenatorias no van a solucionar las cosas, sólo maquillan el verdadero origen del problema. Muchas veces lo he dicho, el feminicidio tiene que ser combatido con el trabajo inter, multi y transdisciplinario de todas y todos; es una labor compleja que no solo atañe al persecutor o sancionador de los delitos sino a la sociedad toda. Tenemos que prevenir, planear, instruir, profesionalizar, esto no terminará de forma inmediata como quisiéramos, pero hay que comenzar, nunca es tarde.

La impunidad habla de corrupción, de omisión; es corrupción no protegerlas, no buscarlas, no encontrarlas, no detener ni castigar a nadie; es corrupción ser indolente, tener inconsistencias en las investigaciones o dar carpetazo para no hablar más del tema, lo son tanto como la indiferencia y la insensibilidad ante el dolor, la orfandad y todo el daño que sufre una familia tras un feminicidio. En suma, no hacer lo que corresponde en el momento que corresponde sigue siendo uno de los factores predisponentes de la violencia contra las mujeres.

De acuerdo con la onomástica -la ciencia que estudia el origen de los nombres, Debanhi significa “Dios eterno bendice a nuestra hija”; que su muerte no quede impune y que donde esté su nombre sea una invocación a la vida, a la dignidad y al derecho de las niñas y las mujeres a ser protegidas, a vivir libres y en igualdad. Que su nombre borre el miedo y traiga la paz.

En estos momentos, acompañar es una palabra tan poderosa que llega a salvar vidas. En el acompañamiento se encuentra refugio y esperanza de justicia. ¡Ni un caso más! ¡Es hasta aquí y es ahora!


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