Mientras degusta su tradicional café mexicano sin azúcar, Brenda, su siempre amable waitress de esa histórica cafetería, se sienta al lado del periodista: “¿No crees que ‘estaba loca’ la suegra de Carolina Flores, la ex reina de belleza? ¿O cómo así matarla por resentimientos?”… Sí, algo está mal —le respondo—. No solo en la mujer que sentía celos porque suponía que le quitaron a su hijo, sino en la mente perturbada de miles más, como la de Julio César Jasso, el asesino de Teotihuacán, quien era un fanático de ideologías extremistas y planeó una matanza desde la Pirámide de la Luna, precisamente el 20 de abril, fecha en que se conmemora el nacimiento de Hitler en 1889 o el día en que Eric Harris y Dylan Klebold mataron en 1999 a 13 estudiantes y profesores en algo conocido como la masacre de Columbine.
Pero no es locura. Es todo un contexto ideológico que adquieren los niños y niñas en páginas libres, peligrosas, con contenidos adictivos a la violencia. En España, por ejemplo, una nación históricamente sacudida por el terrorismo, en 2025 detectaron 3 mil 208 páginas digitales con materiales extremistas. Es mediante ese tipo de contenidos que grupos anarquistas intentan reclutar a ese sector infantil, y no precisamente como miembros, sino como ejecutores de su ideología, como fueron Julio César Jasso, Eric Harris, Dylan Klebold o cientos más. Francisco Coria, del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado español, señala que: “los gobiernos usan las plataformas digitales para espiar a enemigos de su causa, pero no para detectar a potenciales terroristas. Por eso crece el narcoterror”.
El amanuense sorbe su café mientras recuerda que Stephen Hawking, en una entrevista realizada en 2015 a The Independent, identificó la agresividad como “el rasgo humano que más desearía poder corregir”. Explicaba que “si bien ese instinto pudo tener ventajas de supervivencia en tiempos de las cavernas, en la actualidad amenaza con destruirnos a todos”.
El turno es de los papás
Lo más triste es ver que esto sigue, y sigue, y nada… No hay medicamento contra la ignorancia, o quizá sí, pero o no lo queremos tomar, o nos están dando paliativos cubanos.
Si adaptamos la premisa de Francisco Coria al contexto nacional —¡ojo!, es solo un “supongando”, nada más—, y la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, creada en 2024, más que enfocarse en una política de servicio público se convierte en un oscuro mecanismo de vigilancia y espionaje de enemigos políticos del gobierno, entonces no hemos entendido nada.
Primero, se debería desarrollar una estrategia inteligente de rastreo algorítmico para detectar páginas terroristas, extremistas o violentas, para darlas de baja e investigarlas. Es un primer paso porque, aunque siempre existen “formas” de evasión, también hay opciones. Otra sería crear, desde las escuelas, una materia sobre el uso inteligente de redes sociales o salud mental, e involucrar a los papás y mamás en esta táctica porque nos toca.
Es turno de escuchar, de apoyar, de estar con ellos, de entenderlos, de pelear juntos sus batallas y dejar en la basura esas aberrantes frases: “tus problemas no son nada comparados con los míos”, “no necesito escucharte, yo sé lo que es mejor para ti”, “eso que sientes ya se te pasará”…
Tampoco creo que la solución sea quitarles a los niños los celulares; es simplista eso. Más bien, aprender a usarlos con ellos. Los padres de familia, los docentes, muchos somos ignorantes al respecto, aunque crean que no es así… No vemos desde otro sótano. Mi X: @raulmandujano

