Ser Mujer

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Publicado en Opinión

Ser Mujer

Lunes, 06 Septiembre 2021 02:15 Escrito por 
Gilda Montaño Gilda Montaño Con singular alegría

Dentro del Consejo Estatal de Población del Estado de México que yo manejé durante cuatro años, --y que dejé como el mejor de la República Mexicana, gracias a todos quienes allí estábamos--, existían nueve subprogramas. Dentro de los más importantes estaban: el Programa de la Mujer, el Programa de los Indígenas y el Programa de Planificación Familiar, entre otros. También dejé el Programa de Población del Estado más poblado del país. Bajamos la tasa de natalidad de 2.9 a 2.2. Se dice muy rápido, pero trabajamos muchísimo. Esto que escribo abajo, es parte de lo investigado dentro de este Consejo Estatal.

Sé que nadie cruza nuestro camino por casualidad. El hecho de que en este momento estemos reunidas muchos grupos de mujeres, y con la gente que queremos y nos quiere, es simplemente una nueva aventura de nuestro vivir. Cosas van y cosas llegan de sopetón y sin previo aviso. El hecho de enfrentarlas, abordarlas, solucionarlas, de resistirlas: mirar para frente y nunca para atrás, ni para tomar vuelo: nos hace diferentes. No cabe duda de que somos seres extraordinarios.

Esto nos provoca tomar este tiempo de vida, una actitud responsable, comprometida, solidaria, arropadora, transigente, comprensiva, complaciente, deliberada, de saber que al estar juntas con alguien que nos necesita, estamos más que unidas. Porque somos mucho más que dos…

Juntas comprendemos que los problemas de la mujer en México son muy complejos puesto que en ellos intervienen una variedad de factores económicos, fisiológicos, psicológicos, generacionales, culturales, políticos y sociales en los que es necesario profundizar. Estos factores pueden entrecruzarse, converger en un momento dado, o aparecer, aparentemente separados algunas veces.

Para comprender este espectro de factores, es forzoso partir del origen de la subordinación y opresión femenina. Con la instauración de la familia monogámica se da una primera división social-sexual del trabajo y no natural, como valoración y jerarquización diferente y específica.

Es en esta familia monogámica donde la expropiación del cuerpo de la mujer y la definición de ella como propiedad privada del hombre, determinarán el lugar que la mujer va a ocupar en la sociedad. Así la mujer juega un papel fundamental en la reproducción del sistema: no sólo reproduce a través de la maternidad la fuerza de trabajo que la sociedad necesita para funcionar, sino que, por medio del trabajo doméstico específicamente, reproduce y repone cotidianamente la capacidad de la fuerza de trabajo.

Es en este continuo proceso histórico, donde la mujer desarrolla un rol determinante en la reproducción; se fomenta la adaptación de hombres y mujeres al sistema por medio del desempeño de papeles sexuales, definidos socialmente de acuerdo a un sistema de valores adquiridos, transmitidos por conducto de la familia, de la escuela, la iglesia, entre otros.

La ideología, al pertenecer a los intereses de la clase dominante, determina dentro de la estructura familiar la vida de la mujer en función de los hijos y del marido, aislándola del mundo exterior, hasta un poco antes de iniciarse la actual crisis económica.

De múltiples maneras se ha afirmado que la primera gran división “natural” del trabajo se dio porque existían condiciones naturales como la menstruación, el quedar encinta, parir y amamantar; es decir, que todas las fases de la historia evolutiva de la mujer pasan por modificaciones y alteraciones de su cuerpo que la sujetan sólidamente a su naturaleza.

De esta manera, la sociedad y la cultura han inferido que lo concerniente a la mujer, es exclusivamente lo relacionado con la naturaleza, justificándose así la opresión y la inhibición del desarrollo de la mujer en otros ámbitos que no sean el familiar. La condición femenina se presenta como una limitante, donde las características biológicas de la mujer se destinan como funciones propias, que históricamente la sociedad ha considerado útiles, desvalorizando otros roles y actividades.

Asimismo, desde el nacimiento se emite un mensaje social que se recibe de la siguiente manera: el papel que se desempeñará en la sociedad, es el de esposa, madre, ama de casa; y sus actitudes y conductas consecuentes como son la sumisión, pasividad, dependencia, debilidad, emotividad, entre otros.

Dentro de este patrón de conducta, la sexualidad de la mujer se reprime en función de la reproducción y surge una imposición más: el “instinto maternal”. Para esto, se ha construido un discurso ideológico que mantiene a la mujer alejada de su propio cuerpo, de su conocimiento, de su placer, es decir, del libre y consciente ejercicio de su sexualidad.

(Continuará)

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Gilda Montaño

Con singular alegría